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Puede que la libertad no sea lo primero que te venga a la cabeza cuando piensas en la Cuaresma, pero fíjate en los tres pilares tradicionales de este tiempo:

La penitencia y la purificación nos liberan del pecado y de todo lo que nos ata. La oración profundiza nuestra relación con Dios y nos ayuda a cultivar todos sus dones, también el don de la libertad.

La limosna, o el servicio, significa darse a uno mismo, y es la expresión más plena de la libertad.

Por eso te invitamos a un viaje hacia una vida con color: la vida que Cristo ha ganado para nosotros. Cada pocos días publicaremos un testimonio personal, un audio para la oración, una infografía sobre el sentido profundo de la libertad o un artículo con consejos prácticos para crecer en libertad en situaciones concretas.

Arranquemos la Cuaresma con un test rápido. ¿Cuál de estas descripciones conecta más contigo hoy?

"Me siento atrapado en hábitos que no consigo romper"

Hacer scroll cuando deberías dormir, cotillear cuando tu amigo necesita que le escuches, compararte con otros en redes sociales, comer por ansiedad, procrastinar… Has tirado de fuerza de voluntad y te has propuesto mil veces cambiar, pero no basta, y estás cansado de ser esclavo de hábitos que te hacen menos libre y menos tú.

La libertad que Jesús nos ha ganado incluye la libertad de esas cadenas.

"Vivo tenso por el esfuerzo constante de ser perfecto"

Reescribes los mensajes una y otra vez antes de enviarlos. Le das vueltas a las conversaciones pensando qué deberías haber dicho. Te apuntas a todo porque decir que no te parece un fracaso. Estás siempre pendiente de lo que los demás piensan de ti y de si das la talla.

La libertad nace de experimentar y fiarte del amor incondicional de Dios. Él te quiere como eres, no como crees que deberías ser.

"No sé qué hacer con mi vida"

Parece que todo el mundo tiene un plan y una pasión, pero tú no tienes claro si seguir con la carrera que empezaste, no encuentras trabajo de lo tuyo o tienes la vaga sensación de que Dios te pide algo más y no sabes qué. ¡A todos nos ha pasado!

Lo que sí es seguro es que el plan de Dios para ti es un plan de amor, y el amor es libre.

"No me siento cerca de Dios"

Rezar se te hace cuesta arriba, como hablarle a una pared, y en misa vas por inercia. Quizá antes sentías algo y ahora se ha enfriado. O quizá nunca has sentido de verdad la presencia de Dios y empiezas a pensar que hay algo mal en ti. Todos parecen tener una relación viva con Él, pero para ti resulta lejana, teórica, vacía.

La libertad es un regalo, no un premio. La relación con Dios se construye poco a poco, y no tienes que demostrar nada.

"Estoy demasiado centrado en mí y en mis problemas"

Ves personas que lo pasan mal y te sientes mal por no preocuparte más. Sabes que deberías ser más generoso y estar más pendiente de los demás, y quieres hacerlo, pero estás tan metido en tus propias preocupaciones y ambiciones que parece que no queda espacio para nada más.

El servicio nos saca de la cárcel de nuestro «pequeño mundo» y nos introduce en la aventura del mundo de Dios.