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«¿Cómo hubiéramos actuado si pudiéramos haber elegido a nuestra propia madre?», pregunta san Josemaría al comienzo de esta homilía. Él mismo responde: «Estoy seguro de que hubiéramos elegido a la que tenemos, adornándola con todas las gracias posibles». 

Y eso, dice él, es exactamente lo que Cristo hizo por nosotros, por amor, en medio de su propia agonía en la cruz. 

En la fiesta de la Asunción de María al Cielo, lo que más llama la atención en esta homilía es la cantidad de páginas dedicadas a los martes ordinarios. María pasó la mayor parte de su vida inadvertida, haciendo cosas pequeñas con fidelidad. Nuestras vidas también son así: la mayoría de los días no vienen acompañados de visiones ni de grandes momentos de claridad... solo ropa por lavar, personas que nos sacan de quicio y horas que se confunden unas con otras. ¿Dónde está Dios en todo eso? 

Los subrayados y las notas al margen de esta homilía anotada están pensados para ayudarte a leerla despacio y reflexionar sobre las preguntas a las que san Josemaría vuelve una y otra vez: ¿estás dispuesto a seguir a María adonde ella conduce? ¿Cómo puedes imitar su «sí» hoy?

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