Para Aristóteles “el alma es en cierto modo todos los entes”. El intelecto humano puede aprehender la forma de todas las cosas a nuestro alcance. Conocemos no solo aquello que nos rodea, sino todo lo que, gracias a las comunicaciones actuales, llega a nuestro alcance. El acceso a la cultura e información es para Aristóteles “más expedito que nunca. Los secretos de la materia subatómica, los planetas más recónditos, las incontables formas de la arquitectura de todas las épocas, o el misterio del límite entre la mente humana y la neurociencia. Nuestras posibilidades de aprender son prácticamente ilimitadas.
Este panorama se puede ver frustrado por otros contenidos más “atrayentes” pero no tan provechosos. La cultura y los libros pueden ser tediosos en comparación con videojuegos, reels o videos. Quiero mostrarte que puedes realmente disfrutar con el estudio y el aprendizaje de cosas nuevas. Tener el hábito de la gente estudiosa con seguridad te abrirá interesantes oportunidades en lo académico o laboral. Pero te ayudará también a desarrollar múltiples intereses, tus relaciones humanas, con Dios y en los innumerables desafíos de la vida.
El hábito de disfrutar estudiando
Muchas actividades humanas son tediosas en un inicio, pero una vez que las dominamos, disfrutamos más. Por ejemplo, practicar un deporte o tocar un instrumento. Con el estudio ocurre algo similar. Por eso Santo Tomás de Aquino habla de la estudiosidad como parte de la virtud de la templanza. El hábito de la estudiosidad se adquiere con la práctica.
Aunque el alma desea conocer verdades profundas, nuestro cuerpo tiende a escapar del esfuerzo y quiere quedarse en la zona de confort. Sin el hábito de la estudiosidad, no podrás aplicarte a a comprender contenidos complejos o profundos. Luego, solo podrá adquirir conocimientos de fuentes poco desafiantes. Esa persona será la presa perfecta de contenidos de bajo nivel intelectual, material adictivo y nocivamente estimulante, como la pornografía o ingenuas teorías conspirativas; contenidos que, por lo demás, abundan en Internet en nuestros días.
Luego de una votación abierta, en 2024, el Oxford English Dictionary proclamó como palabra del año “brain rot”. Traducida se define como “podredumbre cerebral”. Significa “la sensible pérdida de inteligencia o de habilidades de pensamiento crítico atribuida el sobreconsumo de contenido poco desafiante o carente de significado”3. Los contenidos de baja calidad pueden atrofiar nuestro “músculo” intelectual para esforzarnos en entender materias más profundas. Tener el hábito de la estudiosidad nos ayuda a evitar esto y a buscar, en cambio, lecturas o conversaciones que nos hagan crecer.
¿Por dónde comenzar?
Para comenzar piensa en algo atrayente. Supongamos que eres fanático del tenis. Comienza leyendo una biografía de tu jugador favorito. Ahí puedes aprender mucho de cómo llegó a estar entre los mejores, o los sacrificios que conllevó el éxito. Esa experiencia de lectura te puede llevar a adquirir nuevos conocimientos sobre la vida real de un deportista profesional y a reflexionar sobre cómo enfrentan los otros desafíos de sus vidas.
Ser deportista de elite requiere más que un esfuerzo físico. Los mejores jugadores se preparan también mentalmente. Si haces una búsqueda en Google Scholar encontrarás mucha investigación sobre psicología del deporte y cómo se preparan los profesionales para lograr sus objetivos. En suma, tu interés espontáneo por el tenis te llevó a la psicología; una materia que quizás no te resultaba atrayente que insospechadamente se volvió interesante.
Piensa también en las materias del colegio o la universidad que más te interesan. Así vas a desarrollar el músculo intelectual que necesitas para otras materias. Se trata de recorrer el camino partiendo por donde te resulte más cómodo. Mientras más estudies, más cosas te resultarán interesantes; el aprendizaje será cada día algo más gozoso.
El hábito lector es fundamental para ser una persona estudiosa. En la película “La última cruzada”, donde Harrison Ford encarna al famoso arqueólogo aventurero Indiana Jones, nos dice el protagonista: “el 70% de toda la arqueología se hace en la biblioteca; investigando; leyendo”. Solo con nuestra experiencia nos quedaríamos cortos. Leyendo es como aprendemos de la experiencia y reflexiones de muchas otras personas.
Estudiar priorizando
En su inolvidable novela Los Novios, Alessandro Manzoni nos presenta a don Ferrante, de un noble erudito e intelectual. En su copiosa biblioteca aparecen obras relevantes, como los escritos de Aristóteles o los tratados políticos de Jean Bodin; pero abundan también las obras sobre astrología, magia y brujería, costumbres sobre los duelos y tratados sobre “las formas y costumbres de las sirenas y del ave fénix” o “cómo las gotas de rocío se convierten en perlas en el seno de las conchas”.
Piensa en tu historial de internet. Quizás hay búsquedas relevantes, pero también otras completamente inútiles. Todos podemos ser don Ferrante. No todo conocimiento es provechoso. Distinta es la estudiosidad de su exceso: la curiosidad. No se refiere a la buena curiosidad intelectual, sino a la dispersión, el querer saber lo que no aprovecha o lo que nos distrae de nuestros deberes con los demás y con Dios.
Una buena idea es pedir consejo a alguien experimentado para aprender a priorizar. Y priorizar también es saber detenerse. Cómo olvidar a quien pasó tanto tiempo leyendo novelas de caballería que “del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”. El estudio es más efectivo cuando se mantiene un ritmo equilibrado de trabajo, descanso y tiempo con otras personas. Estar despejado te ayudará a que la inteligencia siga desplegando todo su potencial.
La mayor motivación
Existen muchas razones para estudiar. Ganar un premio, ser el primero de la generación. Obtener un buen trabajo bien remunerado. ¿Son malos estos motivos? No necesariamente, pero hacen que el aprender pase a un segundo plano. Una motivación mayor es servir a los demás y a la sociedad.
San Josemaría dedica un capítulo entero de su libro Camino al tema. Ahí dice: “El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros” y “Si has de servir a Dios con tu inteligencia, para ti estudiar es una obligación grave”. Tener una buena preparación es fundamental para servir.
Mientras más grande sea tu sueño, mayor tu motivación para estudiar. “Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo”. ¿Qué motivos? Las intenciones del Papa, las almas alejadas del Señor, nuestros familiares y amigos. Aquí no hay atajos: solo poner lo mejor de sí. Y sacarás el mejor partido a tus talentos, porque “Al que pueda ser sabio no le perdonamos que no lo sea".


