Una inquietud en el alma

En un encuento con jóvenes, Linda, una chica de Kenia, preguntó a Mons. Javier Echevarría sobre cómo resolver una inquietud que tenía en el alma: ¿cómo saber lo que Dios espera de mí y tener fuerzas para decirle que sí?

- Saludos, Padre, ¡qué alegría verle de nuevo aquí en la JMJ! La última vez que le vi en Kenya hace cinco años. Padre, ¿cuándo va a volver?

- I hope very soon, I don’t know when.

- Me llamo Linda, soy médico y trabajo en Nairobi Kenya. Conocí el Opus Dei hace seis años y desde entonces he crecido en el espíritu de la Obra porque regularmente recibo los medios de formación. 

A pesar de que inicialmente mis padres no entendían mi ilusión por la Obra, a través de la oración y la intercesión de nuestro Padre, sus corazones se han abierto y son más receptivos y agradecidos de cómo la Obra me ha cambiado a lo largo de los años. Rezo por todos aquellos que aún no entienden. 

- Yes!

- Con toda la formación que he recibido, he llegado al punto de que, cómo usted ha mencionado en la Carta de este mes, tengo que saber exactamente qué es lo que Dios pide de mí. Padre, ¿cómo puedo obtener la sabiduría, la fuerza y el coraje de decir sí a mi vocación y la fe hasta el final?

- El Señor pone una inquietud en el alma de las personas y quiere que lo resolvamos de una parte, acudiendo a su gracia ¿qué quieres Señor de mí? es lo que dijo también San Pablo: ¿qué quieres Señor de mí? es lo que dijo nuestro Padre, lo que dijo san Josemaría. 

Tardó tiempo el Señor en hacerse notar, pero desde el primer momento en que sintió esa inquietud, se puso ya a la disposición de Dios, a hacer lo que pensaba que Dios quería de su persona, por eso se hizo sacerdote; y al cabo del tiempo, viendo el Señor su fe, su constancia, que ya llevaba cinco años, pues viendo esa constancia de oración, le hizo ver lo que quería. 

No penséis que va a bajar -lo decía muchas veces nuestro Padre- no va a bajar un ángel del Cielo y se va a arrancar una pluma del ala, porque no tienen alas ni plumas, ¿eh? y van a poner: ¡Fulanita, que el Señor te llama! Nos lo hace ver a veces con un poquito de miedo, porque no os decidís, porque os cuesta, porque veis que tenéis que cortar aquello... y esas son las maneras con que Dios habla para pedirnos que le sigamos. 

Junto a esto, está el consejo desinteresado de las amigas que os tratan, que no tienen más interés que vuestro bien. En el Opus Dei no podemos coaccionar a nadie, porque sería coaccionar la Voluntad de Dios; la respetamos, pero sí intentamos que la gente no se quede corta en la generosidad con Dios. 

Hay una canción que a nuestro Padre le removía mucho: "corazones partidos yo no los quiero". Si no sabemos amar a Dios con el corazón entero, tampoco sabremos amar aquí en la tierra. Hay que amarle del todo, y sabiendo que ese amar del todo puede ser pedirnos ese todo que tenemos, que es muy poquito en comparación con su grandeza; y a la vez, tener la seguridad más absoluta de que una vez que nos ha llamado no nos deja nunca de la mano.

Sí, se podrán encontrar dificultades, momentos de lucha... como nos ha contado esta amiga vuestra, esta amiga nuestra, que tiene dificultades en la facultad porque no entienden. Pueden presentarse dificultades también en la vida personal, pero siempre está el Señor tendiéndonos la mano, diciendo: ¡agárrate a esa mano que te va a llevar a la fortaleza en el camino. Pues pídele al Señor ¡que vea! Pero que quieres ver con sinceridad, que no te agarres, que no nos agarremos ninguno -yo también, eh?- a la comodidad, a querer hacer lo que a mí me gusta, ¡no! Hay que querer hacer lo que Dios os va pidiendo, sabiendo que eso, aunque nos cueste, es lo mejor. 

Mirad, San Josemaría estuvo enfermo, enfermo grave, enfermo que luchaba para tener la salud y para servir al Señor con la enfermedad. En una ocasión, a las 9 de la mañana me decía: “estoy rezando ahora porque sé que voy a llegar a la tarde y no voy a poder decir ni una palabra, por eso, ahora le estoy ofreciendo lo mejor de mi vida, en el día de hoy, para que por la tarde, cuando no esté en condiciones de hablar siquiera, le diga: Señor, lo que esta mañana te he dado, te lo quiero dar por entero ahora, en esta circunstancia.”

Dificultades vamos a tener, pero esas dificultades son para que le digamos al Señor: aún así, te amo con locura. Yo rezo por ti para que veas, y para que todas las que estáis en esas circunstancias no tengáis miedo ¡ a ver ! Dios os ama a cada una como sois, como es, y a cada una os pide que no le pongáis trabas, que le dejéis entrar plenamente en vuestra alma, en vuestra vida, y os sentiréis dichosísimas de poder seguir a Dios.