Tiempo para los demás

"La laboriosidad era una virtud que caracterizaba a Dora", recuerda Ma. Carmen Cominges, "aprovechaba el tiempo al máximo. Y era fácil oírle: como me quedan unos minutos, voy a aprovechar para hacer tal o cual cosa".

Opus Dei - Tiempo para los demás

Mª Carmen Cominges conoció a Dora en Roma en junio de 1957. A continuación comparte algunos recuerdos sobre Dora del Hoyo, con quien trabajó durante más de treinta años.

Si hay una virtud que caracteriza especialmente a Dora es la laboriosidad. Aprovechaba el tiempo al máximo. Y era fácil oírle: como me quedan unos minutos, voy a aprovechar para hacer tal o cual cosa. Fue heroica hasta el final. Siempre pedía que se le diese más trabajo, y cuando fue perdiendo facultades físicas –vista, por ejemplo-, se aplicaba a otros más sencillos, como repasar calcetines o la atención del teléfono.

Quería a las personas humana y sobrenaturalmente. Les daba su tiempo: formando y enseñando profesionalmente; y dando todas sus experiencias. En algunas ocasiones se enfadaba y reñía: solía suceder cuando había descuidos o dejadeces en los trabajos. Pero los enfados le duraban poco, y las personas no se quedaban dolidas con ella. Nunca aprecié que estuviera ofendida con nadie, ni que guardara ningún rencor.

Quería mucho al Papa -el que fuese- y rezaba por él y por los Obispos. Recuerdo con qué ilusión asistió a la Santa Misa que celebró Juan Pablo II, pudiendo recibir la comunión de sus manos en diciembre de 1978.

Procuraba no llamar la atención y pasar inadvertida, en una ocasión nos lo hizo notar San Josemaría. Era el 24 de marzo de 1974. Había venido por primera vez el Fundador a Albarosa -un centro del Opus Dei que se acababa de abrir en Grottarossa, cerca de Roma- desde que nos trasladamos a vivir allí. Estábamos todas las que vivíamos en Albarosa reunidas con él, en cierto momento echó en falta a Dora, y nos preguntó: ¿dónde está esa hija mía que siempre quiere pasar oculta? Se había ausentado un momento, y el fundador del Opus Dei aprovechó para alabarla en su ausencia, con muchísimo cariño.