La devoción a San José según el arquitecto Antoni Gaudí

Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926) fue un arquitecto funcionalista: como hace la Naturaleza, cada edificio suyo es un organismo diseñado para desarrollar su función. Según él, la función de un gran templo es doble: en el interior, el culto; y en el exterior, en la calle, la catequesis. Realizando esta idea, los muros y fachadas de la Sagrada Familia son una explicación completa del mensaje de la Iglesia católica a los hombres y mujeres de nuestro mundo, del cual forma parte la devoción a San José.

Opus Dei - La devoción a San José según el arquitecto Antoni GaudíUna de les torres de la Sagrada Família. Foto JMT

Josep Maria Tarragona y Clarasó (Barcelona, 1957), autor del artículo, es un historiador, escritor e ingeniero industrial catalán. Ingeniero Industrial por la UPC y licenciado en Periodismo por la UAB, ha escrito varios artículos, estudios y libros sobre Antoni Gaudí y Cornet, entre ellos la biografía para su beatificación.


En este artículo describimos la propuesta de devoción a San José que Gaudí hizo con la Sagrada Familia, obra que sobrepasó un encargo profesional cumplido con la máxima satisfacción del cliente. Antoni Gaudí se implicó tanto que se convirtió en El Arquitecto de la Sagrada Familia. Se puede afirmar que una y otro, la basílica y el arquitecto, son cuerpo y alma, forman un mismo ser. La obra es la exteriorización del alma de Gaudí.

El Patrocinio de san José: Bocabella, Manyanet, Pío IX

En la solemnidad de la Inmaculada, 8 de diciembre de 1870, el beato Pío IX declaró Patrono de la Iglesia católica a San José. Hacía menos de tres meses, el 20 de septiembre, que se había rendido a Italia, evitando un derramamiento de sangre en Roma, defendida por su ejército.

La caída de Roma había puesto fin por la fuerza a más de once siglos de historia de los Estados Pontificios, ya que la Santa Sede carecía de medios de subsistencia y posibilidades de actuación. Pío IX fue al Vaticano e izó una bandera blanca. Se negó, sin embargo, a reconocer el nuevo estado -de haberlo hecho, él hubiera pasado a ser un súbdito italiano más- y permaneció en el Vaticano en calidad de prisionero de guerra.

Muchas fuerzas sociales y políticas, singularmente influenciadas por la masonería, pensaban que Pío IX sería el último Papa y que tras su muerte ya no se elegiría a ningún sucesor. “Atacada por todas partes la Iglesia por sus enemigos y oprimida por tan graves calamidades, parecía que los impíos creían que prevalecerían sobre ella las puertas del infierno” (1).

Europa se desangraba en la guerra franco-prusiana y la Primera Internacional -fundada por Marx, Engels y Bakunin- animaba a las masas populares, incubándose la Comuna de París (1871). En España, había triunfado la Revolución Gloriosa (1868) -con gran entusiasmo de un jovencito Antoni Gaudí- la cual instauró como rey a Amadeo I, tercer hijo de Víctor Manuel II, el usurpador de los Estados Pontificios. En Cataluña, pronto empezaría una nueva guerra civil, la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), más cruel y larga que las anteriores.

San José Manyanet, adelantándose un año y medio al Romano Pontífice, había concebido en junio de 1869 un gran templo expiatorio dedicado a San José, que se construiría con la ayuda de las limosnas.

También hacía cuatro años que el librero Josep Maria Bocabella había acudido a San José para socorrer a la Santa Sede. Había fundado en Barcelona en 1866 la Asociación de devotos de San José, con el fin de recoger dinero y enviárselo al Papa.

La Sagrada Família. Detalle de la columna palmera de San José. Foto JMT

De San José en la Sagrada Familia

Afectada de lleno por la Tercera Guerra Carlista la diócesis de Urgell, de donde procedía el padre Manyanet, le era imposible acometer las obras del templo expiatorio de san José. Fue Josep Maria Bocabella quien llevó a la práctica la idea. El mismo padre Manyanet -canonizado en 2004 por san Juan Pablo II, como “verdadero apóstol de la familia”-, amplió la dedicación del futuro templo a la Sagrada Familia. José, de hecho, es el esposo de María y cabeza de la familia de Jesús, quien con su obediencia a ambos (2) santificó las virtudes domésticas.

En abril de 1874, a mitad de la guerra civil, Bocabella planteó “erigir un templo dedicado a la Sagrada Familia, a imitación de lo que están haciendo los católicos franceses en honor del Sagrado Corazón en Montmartre y los católicos romanos han prometido también en honor del Sagrado corazón, una vez se alcance el triunfo de la Iglesia”.

La primera piedra del templo expiatorio que la Galia poenitents et devota et gratia dedicaba al Corazón de Jesús se puso el 16 de junio de 1875, tres años después de la idea inicial. La de la Sagrada Familia se puso el 19 de marzo de 1882, trece años después de la inspiración de Manyanet y ocho años después del anuncio de Bocabella. Las obras del Sacré Coeur duraron cuarenta y cuatro años; la Sagrada Familia está en construcción y el templo expiatorio de los católicos italianos no salió del papel.

Los tres primeros sucesores del beato Pío IX -León XII, San Pío X y Benedicto XV- permanecieron cerrados de por vida en el Vaticano, sin ningún reconocimiento jurídico. El cuarto, Pío XI, el 11 de febrero de 1929, cincuenta y nueve años después de la ocupación militar de Roma, reconoció a Italia como estado soberano y logró que Italia hiciera lo mismo con la Ciudad del Vaticano, minúsculo estado independiente que se creó entonces y que aún hoy permanece bajo jurisdicción pontificia.

Capilla de San José de la cripta (1885)

Gaudí se hizo cargo de las obras de la Sagrada Familia, comenzadas por el arquitecto Francisco de Paula del Villar, el 28 de marzo de 1884. En poco menos de un año, el 18 de marzo de 1885, inauguró la capilla de san José, dentro del estilo neogótico de la cripta. Tiempo después, en 1916, el baldaquín, de estilo modernista: siete lirios del Nilo, de hierro forjado, entrecruzan las hojas formando el dosel de la imagen. Los tallos se doblan y florecen. Son siete lirios en honor de los siete dolores y gozos de San José. Las siete luces se encendían las fiestas del santo patriarca y también cuando los devotos daban a tal fin una limosna de cuarenta y nueve reales (siete veces siete). Gaudí, una vez terminada la cripta, abandonó el proyecto neogótico de Del Villar y empezó el suyo, con estilo propio. Enseguida, recibió el apoyo del padre Jacint Verdaguer, quien en la primavera de 1886 escribió en su diario: "La Trinidad de la tierra tendrá, dentro pocos años, el templo más grande y más hermoso que tiene en el mundo". (3)

Fachada del Nacimiento: el feliz y frutal matrimonio de María y José, fundamento de la Iglesia católica

Gaudí construía por franjas verticales. Terminada la pared del ábside, inició la Fachada del Nacimiento, orientada al suburbio obrero, y dejó para más tarde la Fachada de la Pasión, que mira a los barrios ricos. Esta elección, poner por delante a los pobres, no le sería perdonada en vida: siempre se lo reprocharían, sobre todo durante los largos años que no recibía donativos, y las obras languidecían hasta el punto que tuvo que emplear la vida sin lograr acometer las partes principales de la basílica.

Como siempre hacía, se documentó exhaustivamente con la Sagrada Escritura, la Liturgia y L'Année Liturgique de dom Guéranger; además de las enseñanzas y ejemplos de varios amigos que nutrieron su concepción de la devoción a San José: el poeta Jacint Verdaguer, autor de Jesús niño; su maestro, el arquitecto Joan Martorell; el cliente, Josep Maria Bocabella; san José Manyanet, apóstol de la familia; su director espiritual, el padre Lluís Maria de Valls; su cliente san Enrique de Ossó, gran conocedor y devoto de Santa Teresa de Ávila; el venerable obispo Josep Torras i Bages, pastor de la Renaixença cristiana; el cardenal de la paz, Francisco de Asís Vidal y Barraquer; y la beata Petra de San José, fundadora de San José de la Montaña.

La Fachada es un gran salmo de la alegría del Universo por la llegada de su salvación, mediante el nacimiento de Dios dentro de él, en el espacio y el tiempo. Es un organismo único, que crece de la tierra al cielo, en una sucesión lógica, escalada y rítmica de formas con un simbolismo trascendente.

La Sagrada Familia. San José pilota la nave de la Iglesia. Foto JMT

El artista explicaba sobre la fachada del Nacimiento: “Se encuentra, desarrollado, simbólicamente, el Patrocinio de San José sobre la Iglesia católica”. Así, María actúa sin la compañía de su esposo sólo en la Anunciación y la Visitación y Jesús aparece siempre protegido y amado paternalmente por José.

El 7 de noviembre de 1982, San Juan Pablo II dijo durante el rezó del Ángelus: “Este templo de la Sagrada Familia (...) recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la familia cristiana. (...) Que la familia sea siempre entre vosotros auténtica "Iglesia doméstica", lugar consagrado al diálogo con Dios Padre, escuela de seguimiento a Cristo por los caminos indicados en el Evangelio, fermento de convivencia y de virtudes sociales en comunión estrecha con el Espíritu que habita sus almas”.

En efecto, Gaudí visualiza la Iglesia como fundamentada en las tres personas de la Sagrada Familia, como si fuera una ampliación de la misma. Las columnas, tradicionalmente representativas de San Pedro y San Pablo, las dedica a Santa María y San José. Sus nombres -entre flores, como canta la liturgia-, ponen de manifiesto que la Iglesia y el Universo -el conjunto de la fachada del Nacimiento, compendio de todas las criaturas materiales y espirituales, en el inicio de su salvación- se fundamenta en María y José.

La liturgia canta Caelitum, Ioseph, decus, atque nostrae cierta spes vitae, columenque mundi (4), honra de los habitantes del cielo, esperanza de nuestra vida aquí abajo y columna del Universo. Comenta Guéranger que José es verdaderamente una columna que sostiene el mundo para que Dios, en vista de sus méritos y por deferencia con su oración, lo sufra y lo conserve a pesar de las iniquidades que lo manchan. Y la Iglesia le suplica que no abandone esta empresa de Protector universal (5).

Los capiteles son palmeras: la de María, de Palestina, y la de José, de Egipto. Ambas al mismo nivel, rebosantes de dátiles, un símbolo antiquísimo, anterior al judaísmo, de la fertilidad y del amor matrimonial, aplicado posteriormente también en la Iglesia católica a los frutos de santidad. Son esposos felices en la donación mutua, que crecen como justos en los atrios de Dios.

El parteluz es la pequeña palmera de Jesús, situada entre José y María. Está completa la iconografía de la Trinidad de la tierra: María y José muestran a Jesús en el mundo a las puertas de la Iglesia, e invitan a entrar a la humanidad.

Nueve representaciones de San José en tres portales y tres niveles

Sobre los brotes de la palmera de Jesús está el grupo del Nacimiento(6), donde José comienza a ejercer el Patrocinio: ofrece el capazo de las herramientas para que María envuelva al Bebé.

A la izquierda, en el Portal de la Esperanza, José salva a la futura Iglesia -formada sólo por el Pequeño en el regazo de María-, de la primera gran persecución de los hombres, partiendo al exilio en una simpática acémila. Todo es paz en la casa que construye en Heliópolis. Mantiene a María y al Niño con su trabajo. Descansa un momento para conversar tiernamente con Jesús, que se abraza a él.

A la derecha, el Portal de la Fe glosa el retorno a Palestina. El adolescente Jesús manifiesta su divinidad en el Templo de Jerusalén y José y María, confundidos, lo encuentran. A ellos también les pide que crean en su divinidad.

Más arriba, en el Portal de la Caridad, la Anunciación. A izquierda y derecha, las implicaciones para José: la boda y la presentación del Niño en el Templo.

Jesús quiso encarnarse en una mujer casada y el Espíritu Santo eligió el mejor de los esposos. Cumpliendo esta voluntad de Dios, José se convirtió en san José. El Espíritu Santo lo guió para que aceptara el Hijo de María, lo legalizara, circuncidara, lo presentara como su primogénito y lo amara. La misión de José consistió también en salvarle la vida en los peligros, protegerlo, educarlo junto con María, enseñarle a practicar la religión y la ciudadanía, salir a buscarlo cuando se perdiera, asociarlo a su trabajo y dejarle en herencia la tienda para que se ganara la vida y sostuviera a su madre viuda.

En el Templo de Jerusalén -la vivienda de Dios en la religión antigua-, José ofrece a su primogénito legal, que es el verdadero Cordero. El Padre manifiesta la aceptación despertando el profetismo de Israel.

La Fachada del Nacimiento continúa subiendo al cielo y, en el tercer nivel, la Santísima Trinidad corona a María. Su esposo participa en la fiesta.

El antecedente es la Inmaculada Concepción. Culmina el Portal de la Fe con el monograma de José, rebosante de simbolismo. En una parra llena de frutos, símbolo del hogar, se abre un heptágono: es el Espíritu Santo, que nos muestra el ramo de lirios que según la tradición apócrifa floreció de la vara de José, que se transformó así en el ramo de novia de María.

Y el corolario, en la cima del Portal de la Esperanza, es José llevando el timón de la nave de la Iglesia en medio de la borrasca, orientándose con el monograma de María: la Estrella del Mar.

Escudo de armas de la basílica de la Sagrada Familia. Foto JMT

San José protege las obras de la basílica. La Semana Trágica, 1909

Todos aquellos que aman la basílica de la Sagrada Familia encomiendan a San José la finalización de la obra, que tantas veces parece superada por innumerables dificultades. Con la perspectiva de la ancianidad, Gaudí lo veía todo providencial, incluso su entrada como arquitecto, pues decía que la dimisión de su antecesor, Del Villar, había sido un milagro de san José- y exclamaba repetidamente: “Este templo lo acabará san José!”.

Uno de los episodios que puso de manifiesto la protección de san José fue la Semana Trágica (25 de julio a 2 de agosto de 1909). Los anticlericales, dueños de la calle, incendiaron la tercera parte de los templos y edificios religiosos de Barcelona, la mayoría de los cuales estaban situados en barrios obreros. La Sagrada Familia era el epicentro de uno de los suburbios más infestados de la propaganda de los enemigos de la Iglesia; sufrió varios intentos, que fueron abandonadas antes de causar el mínimo daño, sin que ninguna fuerza humana se opusiera.

Todo el mundo creyó que sólo se había podido librar de las llamas por una protección especialísima de san José y el 15 de agosto se celebró una función religiosa de acción de gracias a San José por la salvación del templo.

La Sagrada Familia, la Catedral de los Pobres, al igual que los antiguos monasterios medievales -Ripoll, Poblet- es también un castillo. Y el escudo de armas diseñado por Gaudí, inspirado en el de Montserrat, es la sierra de José, donde una viruta forma la inicial de María y el junquillo de tensar la gaza es la cruz de Jesús.

Josep Maria Tarragona y Clarasó


[1] Pío IX: Quemadmodum Deus, 8-XII-1870, decreto nombrando san José Patrón de la Iglesia

[2] Lc 2, 51

[3] Verdaguer: Dietari d’un pelegrí a Terra Santa,1889

[4] Breviario Romano, Laudes de san José

[5] Guéranger: L’Année Liturgique

[6] Realizado por el escultor Jaume Busquets (1903-1968) tras la muerte de Gaudí