En esta primera edición, la iniciativa nació como una invitación a detenerse, pensar y conversar sobre algunas de las enseñanzas de San Josemaría Escrivá, en el camino de preparación hacia el centenario de la fundación del Opus Dei (2 de octubre de 2028).
Pero, a medida que avanzaba la mañana del 22 de setiembre, quedó claro que para muchos de los alumnos participantes aquellas ideas no eran simplemente contenidos que estaban repasando para preparar una exposición y ganar un premio. Eran principios que conocían, comprendían y, sobre todo, eran capaces de relacionar con su propia vida.
Organizados en equipos integrados por alumnos de los cuatro colegios, los jóvenes recibieron el desafío de profundizar en diferentes aspectos del mensaje de San Josemaría. Para preparar sus intervenciones, como aspecto a evaluar por parte del jurado, debían recurrir a la sección Youth de la página web del Opus Dei.

Fue especialmente significativo comprobar la familiaridad con la que muchos de ellos se desenvolvían entre las enseñanzas de San Josemaría y obras como “Camino”.
Fue especialmente significativo comprobar la familiaridad con la que muchos de ellos se desenvolvían entre las enseñanzas de San Josemaría y obras como “Camino”. No se limitaron a repetir ideas o recordar algunas frases. Supieron interpretarlas, explicarlas con sus propias palabras y llevarlas a situaciones muy concretas de la vida de un adolescente: el estudio, la amistad, el esfuerzo, las relaciones familiares, el servicio a los demás o la manera de afrontar las dificultades de cada día. Incluso, acudieron a ellas para contestar las preguntas que, luego de cada exposición, los participantes de otros grupos les hicieron.
Un mensaje que nunca perderá actualidad
Los cinco temas propuestos recogían aspectos muy presentes en el mensaje del fundador del Opus Dei: “Santificar lo ordinario: encontrar grandeza en lo cotidiano”, “Trabajo bien hecho: camino hacia la excelencia personal”, “Servir a los demás: liderazgo desde la humildad”, “Unidad de vida: coherencia entre lo que pienso, digo y hago” y “Amistad verdadera: construir relaciones con sentido”.
A través de sus presentaciones, los estudiantes mostraron que son capaces de hacerse preguntas profundas y encontrar respuestas que conectan la fe con las circunstancias cotidianas de su vida.
¿Cómo se puede santificar una tarde de estudio? ¿Qué significa hacer bien un trabajo cuando nadie nos está mirando? ¿Cómo se vive una amistad auténtica?
¿Cómo se puede santificar una tarde de estudio? ¿Qué significa hacer bien un trabajo cuando nadie nos está mirando? ¿Cómo se vive una amistad auténtica? ¿Es posible ser la misma persona en el colegio, en casa, con los amigos y en las redes sociales?
Las respuestas surgieron con naturalidad, creatividad y, en muchos casos, con una profundidad que sorprendió a los asistentes. Además, demostraron que el mensaje del “santo de lo ordinario” sigue muy actual y, casi cien años después, es capaz de calar hondo en el corazón de cualquier generación.

En sus propias palabras y con su propia voz
El jurado estuvo integrado por Sara Vásquez, de la Oficina de Comunicación del Opus Dei en el Perú; Cinthya Consiglieri, docente de la Universidad de Piura; y Luis Montoya, jefe de Medición de la Calidad de Prodec.
Durante las exposiciones evaluaron la capacidad de reflexión, la aplicación de las ideas a la vida cotidiana, la creatividad y el trabajo en equipo.
La deliberación no fue sencilla. Los distintos equipos habían logrado abordar sus temas desde perspectivas propias, utilizando ejemplos, testimonios y recursos que mostraban no solo preparación, sino una notable capacidad para comunicar con seguridad y soltura aquello sobre lo que habían reflexionado.

Finalmente, el primer puesto fue otorgado al equipo integrado por María Sofía Riojas y Clara García, de Montealto; Juan Pablo Rodríguez y Cedric Callupe, de Los Álamos; Thiago Sandoval y Matías Atoche, de Humtec; y Milena Usñahua y Sumy Granados, de Miravalles.
lo más valioso de la jornada fue la oportunidad de contemplar con alegría e ilusión a adolescentes conversando y haciendo propio el sentido del trabajo, la amistad, la coherencia, el servicio y la posibilidad de encontrar a Dios en las cosas pequeñas de cada día
Más allá del reconocimiento, quizás lo más valioso de la jornada fue la oportunidad de contemplar con alegría e ilusión a adolescentes conversando y haciendo propio el sentido del trabajo, la amistad, la coherencia, el servicio y la posibilidad de encontrar a Dios en las cosas pequeñas de cada día, así como el llamado a la santidad en medio del mundo.

