- Martes 4, bienvenida al Padre
- Miércoles 5, encuentro con sacerdotes
- Jueves 6, Visita a la UNIS y primer encuentro con jóvenes
- Viernes 7, segundo encuentro con jóvenes
- Sábado 8, Santa Misa en Cayalá y visita a la Patrona de Guatemala
- Domingo 9, encuentro con familias
Lee la crónica del viaje del Padre a Honduras y a El Salvador en este artículo.
Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, se encuentra en un viaje pastoral por Centroamérica que comenzó el 4 de agosto en Ciudad de Guatemala y se prolongará hasta el 22 de agosto por cuatro ciudades: Ciudad de Guatemala, San Pedro Sula y Tegucigalpa (Honduras), y San Salvador (El Salvador).
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Domingo 9, encuentro con familias: «El amor a Dios da unidad a todo»
En un ambiente familiar y festivo, matrimonios, jóvenes y estudiantes se reunieron en la Ciudad de Guatemala para encontrarse con el Padre antes de continuar hacia Honduras y El Salvador.
En sus palabras iniciales, hizo referencia al Evangelio del día, en el que san Pedro se lanza al agua y pide ayuda al Señor ante el miedo. Animó a pedir ante las dificultades y contrariedades «¡Señor, auméntame la fe!».
Invitó a pedir a Dios que aumente la fe en el amor que nos tiene compartiendo una jaculatoria que a veces decía San Josemaría: «Señor, no te entiendo», para añadir enseguida: «No tengo por qué entenderte». Aunque no comprendamos ese amor, subrayó, tenemos la certeza de que no estamos solos.
Mynor, médico pediatra, contó que lleva 30 años de matrimonio y tiene tres hijos. Recordó la admiración que varios colegas sentían por el doctor Ernesto Cofiño, no solo por su formación profesional, sino también por su trato con los pacientes y su preocupación por ayudar a estudiantes y promover distintos proyectos. Preguntó cómo alcanzar esa unidad de vida que permita llevar a Dios a la familia, al trabajo y a los amigos.

El Padre comentó que la vida tiene muchos aspectos y, en ocasiones, puede ser complicada, con elementos incluso contrastantes. «Lo único que puede dar unidad a todo es el amor», porque podemos amar siempre, en cualquier circunstancia y a cualquier persona. «El único amor que es capaz de dar unidad absolutamente a todo es el amor a Dios».
Recordó el sufrimiento de los últimos años de vida de san Josemaría por su debilidad física y por la situación de la Iglesia. Amaba tanto a Dios y a la Iglesia que sufría muchísimo. «Pero lo veíamos feliz».
La familia Guzmán, venezolana y residente en Guatemala desde hace diez años, compartió su experiencia como padres. Y pidió consejo sobre cómo priorizar entre las muchas responsabilidades de la vida diaria el amor entre los esposos.
El Padre recordó una expresión de san Josemaría: «Las cosas urgentes pueden esperar y las muy urgentes deben esperar». Y a esto ayuda tener una personal jerarquía de valores y procurar ser flexibles, sabiendo que hay un elemento que da orden a todo: el amor.

Carlos contó que, buscando palabras de esperanza para su suegra durante una enfermedad, encontró textos de san Josemaría que supusieron para él un camino de fe que cambió su vida. Preguntó sobre cómo transmitir la fe a los hijos con naturalidad.
«Poco a poco, con paciencia», respondió el Padre. Los hijos se fijan mucho en sus padres, por lo que lo fundamental es transmitir la fe con el ejemplo: «Que vea que os queréis. Que vea que la queréis a ella, y que vea que todo lo que hacéis tiene relación con la oración, con la fe».
Karen contó que ella y su esposo soñaban desde el noviazgo con una familia grande, pero que Dios tenía otros planes: fueron bendecidos con su hijo Juan Pablo y con dos hijos que están en el cielo.
«Una familia numerosa es estupenda, pero un solo hijo también es una cosa estupenda», siempre que sea la voluntad de Dios, explicó el Padre. Les invitó a tener fe en la voluntad de Dios, que es siempre la mejor.
En esas circunstancias, «se abre un campo enorme de posibilidades» para ampliar el trabajo y el influjo positivo en el entorno. No tener hijos o tener pocos, también es una llamada especial de Dios. No es un fracaso, es un modo para que os dediquéis a más gente y así el matrimonio sea también fecundo».

Fabiola y su esposo tardaron varios años en tener un hijo, tiempo en que la oración jugó un papel importante para llevar esa impaciencia de la mano de Dios. Contaron con alegría que ahora ese hijo era numerario. El Padre comentó que la vocación es un don y que lo importante es facilitar y no poner obstáculos a aquello que una persona piensa que Dios le pide. También recordó que un hijo y su vocación son un don para los padres.
La música también tuvo lugar durante el encuentro. Eduardo, exalumno de Kinal, contó cómo conoció allí el Opus Dei. Actualmente estudia la licenciatura en Música en la Universidad Panamericana, en México, y explicó que, en medio de la música, se encontró con Jesucristo y descubrió que Él también quiere hacerse presente en los escenarios y ha entendido que esa es su misión como creyente.
Luego, cantó un bolero, acompañado por Ricardo en el piano. Interpretaron «Solamente una vez», una canción que gustaba a san Josemaría.
José, procedente de Santa Apolonia Chimaltenango, contó que desde pequeño aprendió el valor de la fe, el trabajo y la generosidad. Al llegar a la Ciudad de Guatemala conoció el mensaje del Opus Dei y descubrió su vocación como agregado. Preguntó cómo crecer en la libertad interior para responder con más alegría y fidelidad a la voluntad de Dios en la vida cotidiana.
El Padre explicó que crecer en libertad y crecer en amor «vienen a coincidir». Aunque hay obligaciones auténticas, especialmente en la familia, «no es libertad para no cumplirlas». Lo importante es hacer libremente aquello que es obligatorio. «Cuando las cosas se hacen por amor, se hacen libremente», señaló.
Karina, de Totonicapán, contó su experiencia como psicóloga acompañando a mujeres que no han tenido oportunidad de completar sus estudios. Ha podido contemplar cómo, mediante distintas capacitaciones, descubren la dignidad del trabajo y se sienten capaces de transformar su realidad. A partir de unas palabras de san Josemaría, preguntó cómo vivir la petición: «Que vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma».
El Padre la invitó a fijarse en lo que le inspira el Señor especialmente en la oración, y le aconsejó a ver a las personas «con cariño, con un amor inmenso», como las ve Cristo.
«Que vea con tus ojos» significa, en definitiva, «que vea a la gente con cariño, con amor». Las expresiones del amor pueden ser distintas según las circunstancias, pero la sustancia es la misma: el deseo del bien de la otra persona.

Joshua, de Nicaragua, actualmente vive en Guatemala. Después de vivir la Semana Santa en Roma, preguntó a distintas personas sobre cómo habían discernido su vocación, y se sorprendió al escuchar que ninguno de ellos había estado cien por ciento seguro al tomar la decisión. Más adelante, este grado de incertidumbre formó parte de su propia experiencia. Por eso, preguntó al Padre sobre cómo ayudar a los amigos en esos momentos.
Dios quiere que tengamos cierto margen, no de inseguridad, sino de libertad. Si mostrara su voluntad con absoluta claridad, seríamos poco libres, explicó el Padre. De este modo, podremos responder porque queremos, no simplemente porque tenemos evidencia.
El Padre concluyó el encuentro pidiendo nuevamente oraciones por el papa y por las autoridades civiles. Recordó que rezar por las autoridades es algo muy cristiano.
Finalmente, impartió su bendición a los más de 5000 asistentes.

8 de agosto. Misa en Santa María Reina de la Familia: «La de Dios es una llamada de alegría»
Casi un millar de fieles se dieron cita en la iglesia Santa María Reina de la Familia en Cayalá, para participar en la santa Eucaristía que mons. Fernando Ocáriz concelebró, acompañado del vicario regional de América Central, P. Carlos Young, y de varios sacerdotes de la Prelatura. Las actvidades pastorales de esta iglesia están confiadas a sacerdotes del Opus Dei.
En la iglesia Santa María Reina de la Familia, de la Ciudad de Guatemala, el sábado 8 de agosto el prelado del Opus Dei presidió la concelebración de la Santa Misa,
La homilía giró en torno a tres temas: la coherencia cristiana, el centenario del Opus Dei y el sí de la Virgen María.
«Cristo da sentido a la existencia nuestra y nos muestra el camino a la verdadera felicidad en lo ordinario (…), porque el Señor no nos pide aislarnos del mundo, sino que le encontremos y le sigamos cada día de nuestra vida, sabiendo que seguirle supone un modo de vivir que nace del Evangelio, de la confianza y la fe del amor de Dios por nosotros», afirmó el Padre, quien recalcó que, muchas veces, ese estilo de vida puede resultar llamativo: «La honradez, la fidelidad, la pureza de corazón, la alegría del sacrificio, la esperanza ante las dificultades, todo esto habla un lenguaje que muchas personas agradecen y que muchas otras no comprenden».

Seguidamente aprovechó para recordar al venerable Ernesto Cofiño, un pediatra guatemalteco y supernumerario del Opus Dei en proceso de beatificación. Sus restos reposan desde hace unas semanas en esta iglesia: «fue un gran médico que buscó la santidad en medio de su trabajo profesional y vida familiar, atendiendo con competencia y cariño a miles de niños y familias». Y continuó: «La de Dios es una llamada de alegría, una prueba de que confía en nuestra libertad para que llevemos su amor a muchas otras personas».
Además el Padre aprovechó para recordar el Centenario del Opus Dei, que se conmemorará del 2 de octubre de 2028 al 14 de febrero de 2030: «esas fechas no son un simple aniversario, sino una ocasión para agradecer tantos dones recibidos del Espíritu Santo y para renovar el deseo de servir mejor a la Iglesia». «San Josemaría soñaba con un mundo lleno de hombres y mujeres que buscaran la santidad en medio de las cuestiones ordinarias; ¡ese mundo sigue siendo actual! La Iglesia necesita cristianos que con sencillez lleven el evangelio a la ciudad, al campo, a las empresas, a los pobres, a la cultura, a través de un vida coherente llena de la caridad de Cristo».

El Padre también recordó la Anunciación de la Santísima Virgen Maria:«El sí de la Virgen sigue iluminando la vida de la Iglesia y, por lo tanto, la vida de cada persona, porque Dios continúa llamándonos a cada uno por nuestro nombre: esos son sus planes de amor (...). Ella al principio no conocía el camino cuando respondió al Ángel, pero le bastaba saber que Dios estaba con ella; así hemos de aprender que Dios está con nosotros».
Concluyó su homilía encomendando a los fieles a la Madre de Dios: «Que Santa María Reina de la Familia nos enseñe a decir cada día con confianza ‘hágase en mí según tu palabra’».
La celebración concluyó al son de las campanadas de la iglesia y de la Salve Regina.
Por la tarde, el Padre se acercó a rezar ante la patrona de Guatemala, la Virgen del Rosario, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en la Ciudad de Guatemala. Ante ella puso las actividades apostólicas que las personas del Opus Dei realizan en el país y en el resto de América Central. Pidió especialmente por quienes forman parte de la Obra y por cuantos se acercan a ella en estos países.
7 de agosto. El Padre a los jóvenes en Guatemala: ¿qué puedo aportar personalmente a la Obra?
Durante una hora, cientos de jóvenes que reciben formación en centros del Opus Dei en Guatemala conversaron con mons. Fernando Ocáriz en un ambiente de confianza, alegría y espontaneidad.
El Padre comenzó hablando de algo que todos buscamos: la felicidad. Para explicarlo, se detuvo en el punto 795 de Surco: «Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado». Cuando uno ama de verdad, explicó, los sacrificios adquieren otro sentido: ese amor nace del amor a Dios y lleva a preocuparse por los demás, a servir y a ayudar a otras personas a encontrarse con el Señor, que es quien verdaderamente nos hace felices.
Aarón, del Club Gurkhas, fue uno de los primeros en tomar el micrófono, con una inquietud que muchos comparten: cómo distinguir la voz de Dios entre tantas otras voces —las redes sociales, las opiniones y las distracciones— que llenan hoy su vida y la de tantos otros como él.
La voz de Dios, resumió el Padre, se escucha especialmente en el Evangelio, en la oración y en la Eucaristía. Y también en el acompañamiento espiritual, confiando en la fuerza de Dios más que en las propias fuerzas.

Poco después, Nicolás, del Club Universitario Balanyá, quien desde pequeño frecuenta los medios de formación, quería saber cómo discernir su vocación. La respuesta fue sencilla: «Todos tenemos una vocación; la cuestión no es si la tenemos, sino cuál es», le dijo Mons. Ocáriz, que añadió que descubrir la propia vocación no significa esperar señales extraordinarias, pues Dios da las luces necesarias para que cada uno pueda decidir libremente. Por eso, aconsejó vivir ese proceso con sinceridad, acompañamiento espiritual y un deseo constante de mejorar.
En otro momento Williams, del Club Jaguar, interesado por la historia personal del Padre, le preguntó cómo había conocido el Opus Dei. El Padre contó que conoció la Obra gracias a sus hermanos y que, poco a poco, fue acercándose y descubriendo su vocación.
La conversación continuó entre preguntas, risas y música. Arber, del Club Nabajal, interpretó una obra de Bach y preguntó cómo encontrar a Dios a través de la música. El Padre explicó que toda belleza refleja a Dios y que la música tiene una capacidad especial para elevar el alma.

Uno de los momentos más significativos de la tarde llegó con Carlos, de 21 años, de Jutiapa, en el oriente de Guatemala. Creció en una familia evangélica y, después de terminar el colegio, se trasladó a Ciudad de Guatemala para estudiar Ingeniería Civil. Allí comenzó a vivir en la Residencia Universitaria Ciudad Vieja, donde fue conociendo la fe católica de la mano de otros jóvenes y del acompañamiento de miembros del Opus Dei. Contó al Padre que al principio su relación con Dios era fría y distante, pero poco a poco, esa amistad lo fue acercando, hasta recibir catequesis y, hace un año, recibir el bautismo.
Le pidió que rezara por él para que, si Dios quería, algún día pudiera llamarlo «Padre» con toda propiedad y ser un buen hijo suyo.
Pero Carlos había preparado algo más. Quería que el Padre llevara consigo un recuerdo de Jutiapa, así que le entregó un sombrero típico de su tierra. El gesto arrancó sonrisas y aplausos, y el Padre, ante la insistencia de todos, terminó poniéndoselo.

La tarde continuó con otra historia personal. Antes de interpretar una pieza al piano, Julián, numerario desde hacía poco tiempo, quiso compartir que tenía unas coincidencias con el Padre porque era el menor de sus hermanos y le gustaba el tenis. El Padre volvió entonces sobre una idea que había aparecido antes: la santidad no consiste en no tener defectos, sino en amar y recomenzar continuamente.
Antes de terminar, Alessandro preguntó qué esperaba el Padre de los jóvenes de San Rafael de cara al centenario del Opus Dei. Mons. Ocáriz los animó a preguntarse qué quiere Dios de cada uno y qué pueden aportar personalmente a la Obra. Prepararse para el Centenario, explicó, significa crecer en santidad, amistad, apostolado, trabajo bien hecho y fidelidad en las cosas pequeñas.
Al final, los jóvenes le regalaron al Padre una raqueta de tenis con colores de las banderas de los países de Centroamérica, para que cada vez que juegue, se acuerde de rezar por la labor de San Rafael.
El encuentro terminó como había empezado: con aplausos y sonrisas fruto de sentirse en familia y de comprobar una vez más que, para ser feliz no hace falta una vida cómoda, sino un corazón enamorado.

6 de agosto, encuentro con jóvenes: «estudiar también es un acto de fe»
En un ambiente de familia el Padre dialogó sobre temas muy diversos, desde la libertad y la fidelidad hasta cómo trabajar con alegría en momentos difíciles.
«Para aprender a quererte» de Morat fue la canción que dio la bienvenida al Padre. En el salón, entre listones al aire, las asistentes lo recibieron con una sonrisa al son de la música.

Uno de los primeros momentos de la tertulia fue enseñarle palabras guatemaltecas. «Qué chilero que el Padre esté hoy con nosotras», dijo con emoción Cris. Chilero es una expresión para decir que algo es bonito, excelente o alegre.
Dominique, estudiante de Arquitectura en la Universidad del Istmo (UNIS), abrió la conversación preguntando cómo vivir el servicio en la vida cotidiana. El Padre explicó que el servicio consiste, en el fondo, en vivir como Jesucristo, que se entregó en la cruz y permanece en la Eucaristía, y que a eso ayuda la formación que se da en los centros de la Obra.

Emma, Xoxo y Fer, del centro Caranday, compartieron su experiencia en distintas actividades y le preguntaron cómo amar la libertad durante la adolescencia. El Padre recordó que san Josemaría era un enamorado de la libertad y explicó que la verdadera libertad no consiste solo en elegir, sino en amar a Dios. «¡Que os sintáis muy libres haciendo lo que cuesta! Vale la pena amar el bien».
Camila, salvadoreña y residente de la Residencia Universitaria Verapaz, contó que antes de llegar a Guatemala su felicidad dependía de la imagen que proyectaba, mientras que ahora la encontraba en Dios. Le pidió un consejo sobre cómo ser siempre fiel a lo que Dios ha ido haciendo en su vida, sin dejar de querer y estar cerca de las personas que viven de otra manera. El Padre reflexionó que la fuerza humana no basta y que es necesario aprender a comprender a los demás. Recordó unas palabras de san Josemaría: «la caridad, más que en dar, está en comprender». También invitó a querer a todas las personas como hijas de Dios, sin juzgarlas, porque solo Dios conoce el corazón.

Después intervino María Inés, quien fue numeraria del Opus Dei durante seis años y desde hace un año y medio optó por otro camino. Compartió que, aunque había vivido momentos de soledad, la cercanía de muchas personas le había hecho sentir que la Obra seguía siendo su familia. También comentó que en ese proceso había descubierto el valor que tenía simplemente porque Dios la quería. El Padre le recordó que la oración es una gran ayuda y la animó a sentirse siempre muy cerca de la Obra.
Victoria, del Club Kayac, compartió su alegría por trabajar con niñas de primaria y sus familias. El Padre la animó a pensar que, en cada una de ellas, estaba tratando al mismo Jesucristo cuando era niño.

6 de agosto, en la Universidad del Istmo: la identidad cristiana depende de las personas
Durante un encuentro académico en la Universidad del Istmo (UNIS), el Padre reflexionó sobre la misión de una universidad de inspiración cristiana y animó a fortalecer la unidad entre la fe y la razón, poniendo siempre a la persona en el centro de la vida institucional.
Al comenzar su intervención, el Padre explicó que la identidad cristiana de una universidad no depende únicamente de sus estatutos o de sus principios fundacionales, sino, sobre todo, de la vida de las personas que la integran.
Invitó a mantener siempre viva «la conexión entre la fe y la razón», recordando que «el propósito de la universidad es el desarrollo de la razón, de la ciencia teórica y aplicada, y la fe es una luz que puede iluminar toda la realidad humana».
Explicó que esta identidad no constituye un elemento añadido, sino que debe reflejarse en la manera concreta de trabajar, investigar, enseñar y convivir. Por eso recordó que «la identidad cristiana pide una excelencia humana», y añadió que esta aspiración encuentra su modelo en Jesucristo, «perfecto Dios y perfecto hombre».
Uno de los temas que desarrolló con mayor amplitud fue la primacía de la persona.

Recordó que una característica esencial del cristianismo es reconocer que «la persona es más importante que la institución». Esta última existe para servir a las personas y no al revés, por lo que invitó a preguntarse constantemente si el trabajo cotidiano ayuda verdaderamente a poner a las personas por delante de las estructuras o de los resultados.
El Padre dedicó otra parte de su intervención a la libertad, señalando que toda universidad necesita normas, y a la vez un auténtico ambiente de libertad.
Animó a respetar la libertad de investigación y la libertad de las conciencias, recordando una enseñanza muy frecuente de san Josemaría.
A continuación, se refirió al ejercicio de la autoridad, invitando a comprenderla siempre como un servicio. La autoridad, señaló, «es para pensar en el bien de las personas», y no para aferrarse al cargo o imponer criterios donde no corresponde.
Como aplicación práctica, propuso a los asistentes una reflexión personal: «¿Cómo podemos conseguir que mi actividad dé primacía a las personas sobre las cosas?,«Hoy, ¿qué significa para mí que las personas son más importantes?».
Reconoció que son cuestiones amplias y exigentes, pero precisamente por eso invitó a meditarlas con profundidad.
El Padre recordó que ejercer bien la autoridad implica también saber transmitir la propia experiencia, formar sucesores y estar dispuesto a dejar paso a otros cuando llegue el momento.
En este contexto habló también del gobierno colegiado, tan presente en el espíritu del Opus Dei. Explicó que tiene un fundamento profundamente humano: «una persona ve menos; más personas pueden ver más cosas». El gobierno de las instituciones requiere prudencia y el ejercicio constante de virtudes, en primer lugar, la caridad, aprendiendo a querer a las personas, tratarlas con respeto y buscar siempre su bien; y también, la justicia: dar a la gente, al menos lo justo, incluso más si se puede. «Si no hay justicia no hay paz».
Tras la exposición tuvo lugar un coloquio con varios asistentes, en el que Monseñor Víctor Hugo Palma, arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango-Totonicapán, agradeció las enseñanzas recibidas y preguntó cómo conservar diariamente la identidad cristiana. El Padre respondió que esa identidad nace de seguir personalmente a Jesucristo y de acudir constantemente a las fuentes de la gracia de Dios. No se trata simplemente de buscar una perfección humana, sino de vivir una auténtica identificación con Cristo.
Por último, ante una consulta de Ana, catedrática de la Facultad de Salud, el Padre aconsejó transmitir la belleza de la austeridad, también a través del ejemplo. Explicó que tanto las personas como las instituciones están llamadas a poner los bienes al servicio de los demás.
«Saber para servir»
Al finalizar el encuentro, el Padre recibió dos obsequios de la Universidad: su nombramiento como presidente honorario de la Universidad del Istmo —distinción que agradeció señalando que sería «ocasión para tenerlos más presentes en la oración»— y una palia bordada.
En nombre del Consejo de Fiduciarios, su presidente, Álvaro Castillo Monge, expresó el agradecimiento de toda la comunidad universitaria. Afirmó que la visita «nos anima y nos confirma como universidad en un camino que empezamos a recorrer hace 28 años y nos recuerda profundamente nuestra misión: saber para servir».
5 de agosto, encuentro con sacerdotes: «ningún trabajo es inútil»
En el Centro Universitario Balanyá, en Ciudad de Guatemala, el Prelado del Opus Dei mantuvo un encuentro con más de cien sacerdotes, entre ellos mons. Tulio Pérez, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Santiago de Guatemala.
Don Fernando Ocáriz habló sobre cómo la vida cristiana nos lleva a afrontar las cosas con alegría, fruto de saber que no estamos solos nunca:«San Josemaría repetía constantemente las palabras de san Pablo: ‘Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?’», explicó el Padre, insistiendo en que Cristo está en las galaxias, pero también «tan cerca como en nuestros corazones».
También ha recordado la importancia de estar siempre muy unidos al Papa y del trabajo ofrecido a Cristo. Ha recordado que «ningún trabajo es inútil» y que no hay que desanimarse cuando los frutos pastorales parecieran no llegar, o llegar tarde. «¡Vale la pena!», les animó.

Uno de los momentos que marcaron el encuentro fue cuando el P. Luis Felipe, de una parroquia ubicada en una zona de crecimiento de la capital con muchas familias jóvenes, contó que en algunas ocasiones, los niños pequeños, al verlo, le gritaban: «¡Amén!», provocando las risas en todo el auditorio. En la misma línea, el P. Elio, párroco del municipio de San Juan La Laguna en el departamento de Sololá, en el Occidente de Guatemala, relató su labor apostólica con cientos de niños indígenas e invitó al Padre a «conocer el lago más bonito del mundo, el lago de Atitlán».
El P. Edgar Iván, del departamento de Chimaltenango, pidió a mons. Ocáriz un consejo sobre la fidelidad y el acompañamiento a los seminaristas. «La fidelidad es consecuencia del amor; ahí está todo», ha recordado el Padre, anotando que Jesucristo quiere que «la unidad entre nosotros (sacerdotes) sea como la unidad de la Trinidad (...). Hemos de buscar esa unidad, esa fraternidad, a pesar de tener ideas distintas, caracteres diversos. Hemos de estar abiertos a todo el mundo, pero en primer lugar a quienes están aquí, más cerca de nosotros».
Con ocasión de la fiesta de Santa María de las Nieves, el Padre les animó a encomendarse a ella a través del rezo diario del Rosario. «Es nuestra Madre, es nuestro auxilio», explicó.
El P. Julio, de 86 años, le dio las gracias al Prelado por su visita. «Gracias por esta tradición maravillosa, que inició san Josemaría» y le pidió que les hablara del sacerdocio del fundador. «Del sacerdocio de san Josemaría se podrían decir muchísimas cosas: el cariño, el amor a la gente, pero sobre todo la centralidad de la Eucaristía».
Casi una hora después, el Padre finalizó haciendo énfasis en ser fieles, obedientes, dóciles y colaboradores. «Somos libres. Y por eso, si queréis ser fieles, entonces, seréis fieles, porque la gracia de Dios basta y la gracia de Dios nunca falta».
4 de agosto: inicio del viaje en Ciudad de Guatemala
El Padre llegó esta tarde a Ciudad de Guatemala, dando inicio a su visita pastoral por cuatro ciudades de América Central.
En el aeropuerto coincidió con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, que se despedía de Guatemala tras una visita a estas tierras, a quien saludó cordialmente.
Más tarde se trasladó al Centro Universitario Balanyá, donde fue recibido con gran cariño por miembros de la Obra. La familia de Rodrigo y Tita le dieron la bienvenida con entusiasmo en nombre de muchas familias guatemaltecas.

