Una Aventura de solidaridad en Yauyos

Desde hace más de siete años consecutivos, estudiantes de secundaria de EE.UU. se organizan para venir al Perú con el propósito de aprender de nuestro país y colaborar en la refacción de Iglesias en la Prelatura de Yauyos.

Iniciativas
Opus Dei - Una Aventura de solidaridad en Yauyos El grupo con el Padre Pedro Pablo al acabar el proyecto de Huancachi

“¡Este ha sido el viaje de mi vida!” me dijo entusiasmado Michael cuando estábamos a punto de partir hacia Washington D.C. después de tres semanas en la región de Yauyos. Pero me adelanto…

Todo había empezado cuando Michael me dijo que quería participar en el Service Project que organiza Tenley Study Center con Youth Service International entre mediados de Junio a principios de Julio de cada año en el territorio de la Prelatura de Yauyos, en el Perú.

Misa en el pueblo abandonado de Huaquis (cerca del pueblo de Miraflores).

La idea ha sido siempre ayudar al sacerdote de la parroquia de las poblaciones de Alis y de Tomas en la reparación y mantenimiento de pequeñas iglesias que existen en su territorio pastoral. A través de varios años sucesivos, hemos arreglado y pintado las iglesias de los pueblos de Vitis, Hunacaya, Laraos, Hunatán, Carania y Vilca, entre otros.

Este año nos encargamos de arreglar y pintar la iglesia de Huancachi y la casa parroquial de Tomas. Además, coincidiendo con el cumpleaños del Padre Pedro Pablo, el párroco de la zona, hicimos una visita relámpago a la iglesia de Piños para prepararla para la fiesta de San Pedro y San Pablo, que celebramos el 29 de junio. Ahí pintamos la fachada y limpiamos la Iglesia por dentro.

Realmente ha sido una experiencia inolvidable.

Los estudiantes han vuelto impactados, no sólo por el trabajo completado pero, sobre todo, por lo que han aprendido de la gente del Perú. En todos los pueblos donde trabajamos, la población nos ha recibido con mucho interés y con detalles como festejos y comida. Con especial cariño, los muchachos recuerdan las “cachangas” (panes) de Piños.

Michael con uno de los niños de Huancachi.

Subiéndonos ya al avión, Michael me preguntó: ¿Puedo volver el año que viene?