“Siempre juntos, para siempre”: Compartir la belleza del amor matrimonial

Eduardo y Karina llevan más de tres décadas juntos. El próximo 13 de junio cumplirán un nuevo aniversario de bodas. A lo largo de los años, acumularon una experiencia en su vida matrimonial que procuran compartirla con gente joven a fin de ayudarlos a descubrir la belleza de emprender la vida matrimonial.

Opus Dei - “Siempre juntos, para siempre”: Compartir la belleza del amor matrimonial

El 13 de junio es nuestro aniversario, Karina y yo cumpliremos veintitrés años de matrimonio y si le sumamos los ocho años previos de enamoramiento y noviazgo, llevamos más de 30 años juntos. Los años han facilitado una relación muy fluida y natural, casi no nos damos cuenta cómo pasa el tiempo y muchas veces, esos hitos de nuestra vida debemos recordarlos para que no pasen inadvertidos a ambos.

Somos un matrimonio muy centrado en nosotros y en los cuatro hijos que tenemos: Micaela, Mariana, Marisol e Ignacio. Pero a la vez nos gusta ser muy sociales y nos encanta compartir nuestra vida con muchos amigos, nacidos de los lazos que uno va forjando en el trabajo, en el colegio de nuestros hijos y en otros ámbitos de nuestras vidas.

Nos encanta invitar gente a casa y pasarla bien, aunque la pandemia del COVID-19, ha ocasionado que esas interacciones se reduzcan temporalmente.

Ayudar a prevenir rupturas matrimoniales: un desafío de hoy

A consecuencia de compartir tantos momentos, nos entristece apreciar que cada vez hay más matrimonios rotos, familias separadas y siempre nos preguntamos cómo se pudo llegar a ese punto sin retorno, para ayudar a prevenirlo y poder curar las heridas a tiempo en la vida matrimonial.

Ser una especie de “bomberos” que acuden en ayuda de otras familias amigas, con espíritu de servicio, a fin de evitar “incendios” y apagarlos a fin de que el amor en los matrimonios pueda renacer siempre de las cenizas.

Por otro lado, por razones profesionales, paso mucho tiempo con jóvenes. En mi entorno, veo cómo muchos de ellos se enfrentan a muchos miedos para establecer relaciones estables y duraderas; al asumir un compromiso sentimental mayor, se preguntan muchos temas y dudan; casi con miedo de enfrentarse a una aventura a la vida en común con otra persona, hecho que lleva a retrasar la decisión de contraer matrimonio.

Creo que nuestra fe en Dios es la base para aprender en la vida, pero también una manera de ayudar a los demás es el testimonio y el buen ejemplo, cuando ves -a través de otros- que esa aspiración es posible vivirla realmente.

Aunque no me considero ejemplo de nada, es a través de las vivencias que podemos aprovechar para transmitir a los demás la belleza del amor como esposos y esa es la invitación que nos hace el Papa Francisco en este “Año dedicado a la Familia”, sobre todo en este mes de junio, en que el Santo Padre dedica su intención de oración a la belleza del matrimonio, un viaje comprometido de toda la vida en el que “la esposa y el esposo no están solos; los acompaña Jesús”.

Compartir la experiencia de la vida matrimonial: un decálogo

Antes que ponernos a decir a la gente cómo tiene que vivir su vida, conversé con mi esposa Karina, para ver de qué manera podríamos comprometernos a ayudar a algunos amigos, pero no desde una única perspectiva del “deber ser” como algunos interpretan la vida espiritual, sino desde un enfoque práctico, real, cotidiano, desde nuestra experiencia, buena o mala, pero nuestra, al fin y al cabo.

El tiempo ha sido el mejor aliado. Inicialmente compartí con una persona de mi trabajo mis reflexiones sobre mi vida matrimonial; es decir, lo que a Karina y a mí nos ha ayudado estas tres décadas en nuestra aventura matrimonial. Terminada la conversación y después de algunas preguntas, esta persona me dijo que debería escribir un decálogo y organizar charlas para gente joven sobre cómo forjar vínculos familiares duraderos.

Con mi esposa, nunca se nos ocurrió que esas reflexiones podrían ser útiles a otros matrimonios. Fue un auténtico descubrimiento saber que nuestra experiencia podría ayudar a otros. Y así fue como empezamos a poner esas ideas “en limpio”. A mí me gusta ser muy visual para expresar lo que pienso; así que preparé un Power Point con la idea de forjar relaciones perdurables y amorosas en la vida matrimonial.

Al decálogo ya elaborado, se sumaron cuatro ideas más, que nacieron del intercambio de ideas con Karina y de añadir sus agudos puntos de vista.

La primera intención era ayudar a quienes sólo quieren casarse, seducidos únicamente por el aspecto externo del matrimonio. Fuimos puliendo más ese decálogo. A los pocos meses, invitamos a una pareja a casa; queríamos que sea una conversación íntima, cercana y de confianza.Y así fue. La disfrutamos mucho, gracias a unas copas de vino también. Recibimos feedback y la versión 2.0 de nuestro decálogo quedó lista.

En nuestro matrimonio, siguió la necesidad de seguir compartiendo, pero el trabajo, la rutina y algunos temores humanos, nos retrasaron. Pero la inquietud seguía ahí.

El efecto post-pandemia: aprovechar las nuevas tecnologías

La pandemia y las posibilidades de estar juntos en casa para compartir estas ideas se hacían cada vez más difíciles. Pero ahí donde surge un problema, surge una oportunidad. Gracias a otro amigo, conocedor de nuestra iniciativa, consiguió que diéramos nuestra primera charla virtual, llegamos a más de 38 personas de Lima y a parejas de Italia, Australia, España y Estados Unidos, además de otras ciudades del Perú.

Esto es una muestra de como la tecnología potencia las posibilidades de llegar a más gente. ¡Nunca nos imaginamos llegar a tanta gente y de destinos tan remotos! Fue una reunión animadísima y estuvimos juntos cerca de dos horas con muchas preguntas y agradecimientos al final. Y no ha sido la primera ni única vez en la que hemos aprovechado un espacio virtual para compartir nuestro decálogo de la vida matrimonial, el cual hemos ido enriqueciendo con aportes y preguntas que han ido saliendo de los diferentes diálogos donde participamos.

El matrimonio: una aventura apasionante

Cuando conocí a mi esposa Karina, siempre tuvimos claro que nuestro matrimonio era para siempre y que, con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios podíamos conseguirlo. No sé si veíamos tan clara nuestra vocación al matrimonio, pero sí estábamos muy seguros que queríamos ofrecer a nuestros hijos un espacio seguro, lleno de amor, confianza, seguridad y fe en Dios.

Con el favor de Dios, cada uno de nuestros hijos escogerá su camino, pero la plenitud que venimos viviendo en nuestro matrimonio, queremos que ellos la vivan también y sean tan felices como nosotros, porque creemos firmemente en la fortaleza de la familia como espacio natural para formar a las personas como buenos ciudadanos y seres humanos. Y para salir adelante, junto con la ayuda de Dios, está la voluntad, como dice mi cuñada, “de echarle ganas” para que todo salga bien, aunque en el camino nos caigamos o retrocedamos.

no basta la inspiración o tener las cosas claras, se trata de trabajar todos los días, para que las cosas funcionen. Esta es nuestra manera de buscar la santidad en nuestra casa

En nuestro hogar, hemos aprendido que no basta la inspiración o tener las cosas claras, se trata de trabajar todos los días, para que las cosas funcionen. Esta es nuestra manera de buscar la santidad en nuestra casa, en nuestra familia, en medio de nuestro entorno.

Un apostolado urgente: hablar de la belleza del amor matrimonial

No pocas veces he meditado estas preguntas: ¿Cómo podía hacer apostolado? ¿Qué podía hacer por los demás? Y con mi esposa, hemos encontrado un camino para ayudar a los demás a descubrir su vocación matrimonial.Soy supernumerario del Opus Dei, procuro vivir mi vocación matrimonial junto con mi esposa, ese es nuestro camino, para nosotros, nuestros hijos y que procuramos a los demás que ese camino les haga sentido.

Entre nosotros nos decimos muy a menudo: siempre juntos, para siempre. No somos perfectos, como pareja o como personas, pero sí tenemos claro que estamos acá para siempre, sí se puede amar para siempre. Es una invitación “a quemar todas las naves” para hacer feliz al otro y ayudar a otros –en primer lugar, a mis hijos- a tener una visión positiva del amor matrimonial y de construir algo que Dios ha bendecido.

Creemos que así aportamos con un pequeño granito de arena para ayudar a redescubrir la belleza del amor conyugal, de la fidelidad matrimonial y del calor de hogar que irradia “un hogar luminoso y alegre”, tal como nos enseñó san Josemaría.