Sembradoras de futuro (I): Seis décadas de mujeres que abrieron camino en el Perú

Son numerosas las iniciativas en el Perú que, a lo largo de más de 60 años, mujeres del Opus Dei han realizado para ampliar las oportunidades educativas y laborales en un contexto de brechas de acceso, y que comparten el impulso original de servir a Dios y a nuestros hermanos en el lugar en que cada una se encuentre.

La mujer como motor de desarrollo rural y social

Los comienzos de Condoray en Cañete

La insospechada proyección de una iniciativa social

Apoyo a las mujeres migrantes del campo a la ciudad

Un momento conmovedor: la visita del fundador del Opus Dei a Cañete

Un giro hacia la educación superior

El centro de formación empresarial para la Mujer (CEFEM) de Condoray

La Escuela Ribalera en Chosica

El aporte de la cooperación internacional

Condoray: un punto de encuentro entre culturas


La mujer como motor de desarrollo rural y social

En este primer capítulo de la Serie “Sembradoras de futuro”, se presentan algunas iniciativas promovidas por mujeres del Opus Dei, cooperadoras y amigas, que nacen y evolucionan como respuesta a las necesidades de la sociedad peruana del momento.

El propósito de impulsar el desarrollo humano y cristiano de la mujer ha sido dotarla de herramientas que le ayuden a descubrir y desplegar sus talentos y así generar un impacto concreto en su desarrollo personal, en sus familias y en sus entornos profesionales.

En ese sentido, vale la pena recordar la invitación de san Juan Pablo II, durante el inicio de su viaje apostólico, el 1 de febrero de 1985, quien invitaba a los peruanos a una conversión de las mentalidades y de los corazones: “En este momento histórico, es necesaria una creciente solidaridad entre todos vosotros y un nuevo descubrimiento de vuestras raíces humanas y religiosas; para crear nuevas fuerzas de justicia a todos los niveles, para superar las funestas tentaciones de los materialismos, para dar a cada peruano una dignidad renovada que lo haga libre en su interior y bien consciente de su destino ante Dios, ante sí mismo y ante la sociedad”.

Estas iniciativas se han llevado a cabo en diferentes ciudades del Perú, la más conocida es el Centro de formación para la mujer Condoray en San Vicente de Cañete (1); y la Escuela Ribalera en Chaclacayo, a las afueras de la ciudad de Lima.

Los comienzos de Condoray en Cañete

A mediados de los años 70, se hace más fluida la transición demográfica de la sierra a la costa en el Perú. Hasta entonces, según el censo de 1961, la población urbana en el Perú representaba el 47,4%, mientras que la población rural era del 52,6% del total nacional.

Conforme a la misma medición, la tasa de analfabetismo ascendía a un 38,9% en la población mayor a 15 años, reflejando una gran desigualdad educativa y social. Estas cifras eran más perjudiciales para las mujeres que representaban, un 51,7% de la población. También había un fuerte desequilibrio entre zonas rurales y urbanas, ya que en las primeras el analfabetismo llegaba al 59,4% de la población y, en cambio, en las ciudades solo al 17,7%.

Es en este contexto cuando, a finales de mayo de 1963, un grupo de mujeres del Opus Dei, entre quienes se encontraban Blanca Ramos, Carmela Aspíllaga y Rosalía Valera, decidieron emprender —desde su formación profesional— el desafío de abrir oportunidades a la mujer campesina.

Con esta idea, fueron pioneras en la implementación de programas sociales y de desarrollo integral en las áreas de alfabetización, educación para la salud, educación familiar, habilidades productivas, nutrición, higiene y saneamiento, liderazgo y desarrollo comunal, entre otros. Para ello, empezaron la aventura de Condoray, una escuela-hogar en San Vicente de Cañete.

Labor de alfabetización, de la cual Condoray ha sido un importante actor en el Perú.

“Condoray” es una palabra quechua que significa “mujer fuerte”, y describe la valía de la mujer peruana —que sus fundadoras quisieron resaltar– para sacar adelante a su familia y el progreso social.

Esta iniciativa, que también ofrecía formación religiosa y espiritual a las asistentes, fue una primera siembra en el campo peruano, que tuvo buena acogida y ha dado múltiples frutos a lo largo de las décadas y en otras comunidades rurales del valle y sus alrededores.

Lo que se pretendía iba en la línea de lo planteado en 1985 por san Juan Pablo II en Ayacucho, ciudad afectada por el terrorismo, donde hizo una exhortación a trabajar desde la doctrina social de la Iglesia: “Hace falta que cristianos convencidos, peritos a la vez en los distintos saberes y conocedores por propia experiencia de los ámbitos políticos, económicos y sociales, reflexionen a fondo sobre los problemas de la sociedad contemporánea, para iluminarnos con la luz del Evangelio”.

La insospechada proyección de una iniciativa social

En 1965, Condoray dio un salto cualitativo al iniciar su actividad de educación formal adoptando el modelo de Academia Técnica Artesanal, lo que le permitía ofrecer carreras técnicas con reconocimiento oficial.

Pero su aporte más innovador no fue solo impartir esta formación, sino diseñar —ya desde entonces— una red de formación de formadoras, lo que hoy denominaríamos una metodología de capacitación en cascada.

Las primeras egresadas no solo adquirieron diferentes habilidades, sino que se convirtieron en “promotoras rurales” encargadas de replicar esos conocimientos en sus comunidades.

Cada mujer formada se convertía así en un factor multiplicador más allá de las aulas de Condoray, generando un efecto de transformación cultural y desarrollo humano que ninguna intervención puntual habría logrado por sí sola. Más que transmitir conocimientos útiles para mejorar la vida de esas mujeres, se les capacitó para ser verdaderas agentes de cambio: mujeres capaces de impulsar, por su propia cuenta, el progreso en sus familias y en su entorno.

En la localidad de Boca del Río, las promotoras Zela Moquillaza y Luisa Calagua, acompañadas por Janina Ghiglino (Condoray) en una clase de cocina, luego de una campaña de saneamiento

A medida que las exigencias de capacitación del mercado iban cambiando, Condoray ajustaba sus planes de formación a las demandas de empleo, con el fin de apoyar la contribución de las mujeres al desarrollo comunitario y colaborar en el proceso de reducción de la pobreza en sus localidades.

Junto a esto, las asistentes fortalecían su autoestima, siendo a su vez impulsoras de cambios positivos en su lugar de trabajo. Ese desarrollo personal y profesional se proyectaba también hacia sus familias: como modelo de educación y virtudes para sus hijos y hábitos saludables en su entorno social.

Promotoras atienden a niños de la localidad de San Benito en la chocolatada navideña.

Al calor de esta labor de desarrollo humano y cristiano, surgió también la conciencia del amor de Dios por todas las personas y de la posibilidad de un trato cercano —como de un hijo con su Padre— que permitía encontrarle en las situaciones más cotidianas de sus vidas.

Así, algunas como Victoria Candela Cuscano y Dominga Muñoz de Sánchez, siendo promotoras rurales, descubrieron también su misión evangelizadora en medio del mundo como supernumerarias del Opus Dei.

Victoria Candela Cuscano, promotora rural de Condoray.
Dominga Muñoz de Sánchez, promotora rural en Condoray, junto a su familia.

Apoyo a las mujeres migrantes del campo a la ciudad

Como ya se mencionó, a inicios de la década de los 70, el fuerte movimiento migratorio del campo a la ciudad llevó a Condoray a ampliar su radio de acción para, apoyar a las mujeres que migraban a la ciudad de Cañete y, al mismo tiempo, reforzar el trabajo con las campesinas que optaban por permanecer en sus lugares de origen.

En esta línea, en 1972 se creó el Departamento de Desarrollo y Promoción Rural, que llevó el modelo de formación de formadoras a un siguiente nivel: investigó la situación de 40 comunidades rurales de los alrededores de San Vicente de Cañete para conocer las necesidades y características de las comunidades así como la situación de las familias y, a partir de ese diagnóstico, diseñó actividades de capacitación ajustadas a las necesidades de cada zona.

Alumnas en una clase de corte y confección

Fueron 80 las promotoras rurales que trabajaron en 18 pueblos de la zona de Cañete entre los años 2016 y 2017. El promedio de niños que se atendió anualmente fue de 1.500 niños, número que se triplicaba cuando las promotoras rurales llegaban con apoyo de parte de las voluntarias, debido al entusiasmo de las señoras y los niños.

Se puede decir que las promotoras rurales dieron asistencia, a lo largo de una década, a unas 10.000 mujeres que participaron en diferentes actividades y atendieron a unos 15.000 niños en diez años.

Entre las acciones desarrolladas por las promotoras rurales se pueden destacar:

  1. Programas para atención de los niños: child to child “niño a niño”, además de refrigerios infantiles.
  2. Talleres de desarrollo personal y de liderazgo, educación y autogestión de proyectos de desarrollo comunal para las mujeres de la zona.
  3. Mejoramiento de la vivienda, prevención de accidentes, campañas de saneamiento y fumigación.
  4. Talleres de desarrollo de actividades productivas, concursos y premiaciones; participación en actividades comunales y locales.
Promotoras en una conferencia realizada en Condoray

Un momento conmovedor: la visita del fundador del Opus Dei a Cañete

Cuando san Josemaría estuvo en el Perú en 1974 pudo conocer la labor formativa y evangelizadora que impulsaba Condoray. En Cañete tuvo un encuentro con las familias de las alumnas en el auditorio del Instituto Valle Grande. Allí escuchó sus inquietudes y respondió a sus preguntas.

Una intervención que le emocionó especialmente fue la de una mujer campesina, que en ese momento acudía a las actividades de Condoray. Con un castellano que aún estaba aprendiendo, le contó que sus amigas se reían de ella porque vivía su fe cristiana acudiendo a Misa. El fundador del Opus Dei la animó a seguir frecuentando los sacramentos y a no tener temor de vivir su fe con coherencia, a pesar de algunas incomprensiones que no faltan en la vida diaria.

Un giro hacia la educación superior

En 1981 Condoray se convierte en un Centro de Educación Ocupacional y en la década de los 90, se consolidó como Instituto de Educación Superior Privado, ofreciendo carreras técnicas de tres años de duración, como Administración de servicios de Hostelería y restaurantes, Contabilidad y secretariado.

Con ocasión de los 50 años del viaje de san Josemaría al Perú, en julio de 2024, se recogió el testimonio de María Elena Páucar, egresada de Condoray, quien menciona cómo su paso por sus aulas, la llevó a trabajar en Costa Rica específicamente, como gerente en una cadena internacional de hoteles. María Elena cuenta también cómo el mensaje de san Josemaría ha marcado el enfoque que ha dado a su trayectoria profesional y familiar.

El centro de formación empresarial para la Mujer (CEFEM) de Condoray

A inicios del siglo XXI, el Instituto Condoray crea el Centro de Formación Empresarial para la mujer (CEFEM), con el objetivo de generar empleo, identificar nuevas oportunidades de negocios, fortalecer las empresas familiares para lograr que las mujeres obtengan mayores niveles de ingresos y mejoren sus condiciones de vida.

A raíz del inicio del CEFEM una nota del diario “El Comercio” mencionaba que: “ofrecerá servicios integrales de desarrollo empresarial: asesoría especializada, acceso a créditos y capacitación técnica, aplicando metodologías innovadoras para microempresas”. El artículo también mencionaba: “El principal logro de esta institución es haber conseguido que la mujer sea autónoma y protagonista de su propio desarrollo: ha formado promotoras rurales que asumen funciones de liderazgo e impulsan a las demás mujeres a conseguir mejoras educativas, familiares y sociales”.

Es importante resaltar, según cifras del ministerio de la Producción, el 99.2% del tejido empresarial peruano es impulsado por micro y pequeños empresarios, quienes aportan el 20.6% del PBI y más del 50% de las nuevas empresas son creadas o lideradas por mujeres.

El Centro de Formación Empresarial para la mujer (CEFEM) de Condoray se implementó con la ayuda de Limmat Stiftung, una fundación benéfica de alcance internacional, creada por Toni Zweifel, un fiel del Opus Dei, cuya causa de beatificación está en proceso, quien, al fundarla, se inspiró en el espíritu emprendedor y en la profesionalidad humanitaria que había respirado en su casa y en su familia, así como en las enseñanzas del fundador del Opus Dei en torno a la virtud de la magnanimidad permitiendo ayudar a innumerables personas a vivir una vida mejor y más digna en Cañete.

El CEFEM funcionó entre los años 2005 y 2012 con un promedio de 5.000 participantes que obtuvieron créditos para diferentes emprendimientos en la zona de san Vicente de Cañete, como bodegas, juguerias, restaurantes, etc. Con el impulso recibido, lograron autonomía y empoderamiento, así como capacidad de comunicación de sus propuestas empresariales.

Entre los programas y actividades que se ofrecieron en Condoray desde el CEFEM, se pueden mencionar: capacitación técnica y gestión empresarial; asesoría personalizada de negocios; créditos; creación de empresas; comercialización; capacitaciones y cursos modulares.

La Escuela Ribalera en Chosica

Otra iniciativa en la zona que abrió sus puertas en 2006, fue la escuela de hostelería y turismo “Ribalera”, en Lurigancho Chosica, uno de los distritos más extensos de la capital peruana.

A lo largo de dos décadas, ha ofrecido talleres de técnicas de cocina, pastelería, atención de restaurantes, cafetería y bar, ampliando las oportunidades educativas y laborales a mujeres del sector.

Las alumnas de la Escuela Ribalera provienen de zonas aledañas a Chosica.
Aprendizaje de cocina en Ribalera, Chosica.

“Mujer emprendedora”, es uno de los módulos de mayor demanda que proporciona herramientas para empezar pequeños negocios, más allá del rubro culinario. La idea es aportar conocimientos de gestión empresarial, marketing, contabilidad y costos a fin de poder ayudar a formalizar el pequeño negocio emprendido de catering, fuente de soda, un restaurante o un negocio de alimentos. Ribalera ha brindado capacitación técnica en la modalidad de “Mujer emprendedora” a 178 mujeres, tanto de Chosica como de distritos aledaños, de las cuales 48 alumnas han emprendido un negocio propio.

Junto a la formación técnica, se ofrecían cursos de formación espiritual y atención pastoral para quienes libremente deseaban participar. Además, desde Ribalera se impulsaron labores de acción social en apoyo a la población de Chosica, afectada por desbordamientos del río y huaicos ocurridos en diversos años, a consecuencia del “fenómeno de El Niño”.

Los avances en la educación gastronómica en Lima y las facilidades de acceso a la ciudad, ha llevado a los promotores del Centro de Educación Técnico Productivo Ribalera a decidir su reconversión: tras haber ampliado las oportunidades de capacitación y emprendimiento laboral de numerosas mujeres de la zona, para el año 2027 estudiará otros modos de seguir contribuyendo al desarrollo de la mujer en Chosica y zonas cercanas.

El aporte de la cooperación internacional

A lo largo de sus más de 63 años de funcionamiento, Condoray ha recibido apoyo de la cooperación internacional de diversos países, entre ellos, Japón, Canadá, Australia, Estados Unidos, Suiza, Bélgica, Italia, España y de instituciones comoFADE, ONG Manos unidas, Caritas, Fundación del Valle, Fundación Canfranc, Fundación Reina Sofía. Es así como Condoray ha podido impulsar proyectos de desarrollo integral de la mujer cañetana y de sus familias, ampliando sus oportunidades de formación y contribuyendo a mejorar sus condiciones de vida.

Condoray: un punto de encuentro entre culturas

A partir de 1985, Condoray se convirtió en anfitrión de una iniciativa de voluntariado internacional que dio acogida a jóvenes de países como Canadá, España, Portugal, Australia, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Irlanda, Francia, Austria, Italia, Suecia, Japón, Paraguay, Suiza, Chile, Singapur, Nueva Zelanda y Vietnam, entre otros, quienes en varias décadas conocieron el Perú involucrándose en actividades de trabajo social en Cañete.

Una de ellas es Monic-Helene Tremblay, canadiense, quien vino al Perú en 1989 con un grupo de voluntarias desde Montreal. Ella recuerda el impacto que significó en su vida la oportunidad de compartir con las comunidades de Cañete, las promotoras rurales y los niños en las semanas que vivió en Cañete.

Le impactó ver cómo compartían lo poco que tenían con tanto cariño –les llevaban frutas, verduras y otros productos– y cómo se puede ser feliz con pocas cosas. Al retornar a su país sufrió al ver una realidad que carecía de ese espíritu.

Monic menciona que Condoray la llenó de felicidad: pasó esos días rodeada de la alegría y solidaridad de las promotoras, de las que aprendió mucho, como el tener a Dios muy presente en su quehacer diario. Al recordar esos días, dice que “el mejor souvenir es la sonrisa y alegría de la gente”.

En la actualidad es frecuente ver en los meses de julio, en la zona de Cañete y alrededores, a jóvenes italianas de la Universidad Campus Biomédico de Roma, especializadas en profesiones médicas, quienes vienen al Perú a desarrollar diferentes actividades de voluntariado, de acuerdo a su profesión y especialización.

Lo mismo sucede con profesionales de la Clínica de la Universidad de Navarra, España, en proyectos sanitarios. Realizan, entre otros, campañas de salud con exámenes y análisis de laboratorio, control de peso y talla, charlas de nutrición así como actividades culturales y de mantenimiento de los locales donde trabajan.

Voluntarias italianas de la Universidad Campus Biomédico de Roma, Italia

Tras más de seis décadas contribuyendo al liderazgo de la mujer en el Perú, el prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, recuerda, ante el próximo centenario del Opus Dei, que «está todo hecho y todo por hacer». Se trata de una invitación a agradecer el camino recorrido y a reflexionar sobre cómo servir mejor ante los nuevos desafíos de la sociedad.

San Josemaría en una entrevista a la revista Telva, recogida luego en el libro “Conversaciones”, decía: “La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar (...) Si se forma bien, con autonomía personal, con autenticidad, realizará eficazmente su labor, la misión a la que se siente llamada, cualquiera que sea: su vida y su trabajo serán realmente constructivos y fecundos, llenos de sentido”.

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(1) La Promotora de Obras Sociales y de Instrucción Popular (PROSIP) es una asociación civil sin fines de lucro, cuya primera misión es “Promover la instrucción popular, por medio de la enseñanza, radio escuelas, escuelas de oficio, talleres y cualquier otro medio conducente a elevar el nivel cultural y social del pueblo peruano” y es la institución promotora que da personería jurídica al trabajo social realizado desde Condoray por fieles del Opus Dei, junto con personas amigas de Perú y del exterior.