Piura: Un giro inesperado a mi vida

Una circunstancia fortuita durante el COVID-19, propició que Milagros se lanzara en la aventura de involucrarse en la pastoral de un colegio. Aquí la historia en primera persona.

Para mí, ha sido realmente una bendición poder contar al Prelado de la Obra, en su encuentro con sus hijas e hijos en Piura, parte de la experiencia que voy a narrar y —sobre todo— agradecer sus oraciones por un proyecto donde se cumple aquella frase “Dios y audacia”, de san Josemaría.

Hace algunas décadas, estudié Educación en la Universidad de Piura: pero —como se suele decir— “no ejercí” porque contraje matrimonio y fueron llegando mis cinco maravillosos hijos.

En realidad, hice mis prácticas profesionales con ellos y aprendí con cada uno. Hoy la menor, María José, culmina su último año de carrera, estudia ingeniería mecánico-eléctrica en la Universidad de Piura y tengo dos hijos casados, una nieta y otro por llegar…

Justo después de la pandemia, mi esposo “Tito”, para quienes lo conocen, “me metió” en un lío… Su familia es muy amiga de un sacerdote en Piura, quien ayudó a muchas personas necesitadas en el COVID-19.

En medio de esa situación de emergencia, tras varias conversaciones, este sacerdote me convenció para trabajar en un colegio aledaño de la parroquia: “Nuestra Señora del Rosario”, con más de 900 alumnos y 50 profesores, ubicado en las periferias de Piura.

Mi primer día de clases

No sé cómo —quizá la providencia influyó— y allí comencé a trabajar en marzo del 2021. Todavía recuerdo con cierto espanto el primer día de clases, cuando quien me iba a presentar a la directora hizo una “broma” que me dejó helada: “Les presento a la futura directora del colegio…”

Casi me muero al escuchar eso. Y lo cuento porque a partir de ese momento, mi involucramiento en el colegio —en el departamento de pastoral— se hizo un poco cuesta arriba, valgan verdades. Sin embargo, con el favor de Dios pude ir sacando esa nueva responsabilidad.

El colegio y la parroquia se encuentra en una zona de Piura de familias de escasos recursos. Así que me puse a trabajar, llena de ideas y con la esperanza de obtener ayuda en mi entorno más cercano, pues cualquier iniciativa que implicara gasto económico, debía salir adelante bajo mi responsabilidad.

Algunas iniciativas

En la primera Semana Santa, organizamos un Vía Crucis. Se me ocurrió que podría ser interesante leer el texto de san Josemaría en cada una de las catorce estaciones.

El momento fue propicio para sugerir la posibilidad de que alumnos y profesores accedieran al sacramento de la confesión. También conseguí unos ejemplares de exámenes de conciencia muy útiles, los cuales puse a disposición de todos.

En el Perú, mayo es un mes tradicionalmente dedicado a la Virgen, organizamos un santo rosario de la Aurora. No sabía qué ocurriría porque era primera vez que lo organizábamos y, ante el temor de una escasa participación, pues los alumnos debían madrugar, lo difundí inicialmente entre los vecinos del colegio.

Con mi familia, preparamos rosarios y también velas pues empezaríamos el rosario de madrugada. La asistencia superó todas mis expectativas: 300 rosarios y lamparitas repartidas entre los asistentes… Y a esta iniciativa se unieron otras: la coronación de la Virgen, una procesión…

La devoción a la eucaristía ayudó inmensamente

La devoción a la eucaristía ayudó inmensamente. Me emociona ver a Maribel y Fabiola que trabajan en los servicios de limpieza, así como al personal administrativo participar en la adoración al Santísimo cada mes. Incluso, me pidieron alargar el horario para asistir con más tranquilidad al terminar el trabajo.

Las primeras ocasiones que organizamos la adoración al Santísimo, solo intentaba acordarme de cómo eran las bendiciones en los retiros mensuales en un centro de la Obra: las velas, las flores, los cantos… En realidad, había aprendido muchísimos detalles de piedad eucarística y en esos momentos esas enseñanzas me eran muy útiles.

La directora del colegio se acercó a mi después de la primera adoración al Santísimo para comentarme que apoyaría la participación de más alumnos y profesores.

Después, elaboramos una alfombra de flores a nombre del colegio en la procesión al Corpus Christi organizada en la ciudad. Aquello fue una ocasión de oro para involucrar a los chicos de la promoción, quienes este año dejan el colegio, y a profesores como Diego, Issac, Iván, entre otros.

Una historia en torno a la devoción a santa Rosa de Lima

La fiesta de Santa Rosa —en el mes de agosto— fue lo más parecido a una odisea… En el Perú, es costumbre visitar la casa donde vivió la santa en Lima y lanzar cartas con intenciones en un pozo.

En el colegio, siempre se promovía esta tradición, pero nunca tuvimos la certeza que esos pedidos llegaran a su destino. Como tengo familia en Lima, les propuse un plan para asegurarnos.

Mi hija se ofreció a recoger la caja, con 450 cartas, enviada por correo desde Piura y llevarlas al santuario, ubicado en el centro de Lima. Estábamos felices de conseguirlo.

Las obras de misericordia

¡Qué bien hacen las obras de misericordia!

¡Qué bien hacen las obras de misericordia! De acuerdo con la parroquia, y con el apoyo de mi yerno, mis hijos y algunos de sus amigos llevamos ayuda a familias necesitadas y enfermos en el vecindario del colegio.

He comprobado personalmente cuánta razón tenía san Josemaría al recomendar estar visitas y ahora el Papa Francisco: realmente tocar el sufrimiento y la pobreza hacen mucho bien al alma.

He comprobado personalmente cuánta razón tenía san Josemaría al recomendar estar visitas y ahora el Papa Francisco: realmente tocar el sufrimiento y la pobreza hacen mucho bien al alma.

Una movilización de ayuda

Entre una cosa y otra, mi hermano me regaló una guitarra para cantar en las ceremonias litúrgicas del colegio; mis hijos han ido dando donativos y tiempo para colaborar; mis hermanas compran el material para las actividades yendo a lugares más económicos; algunas supernumerarias y cooperadoras dan clases de doctrina católica a profesores; mi esposo siempre me da ilusión y ánimo ante las dificultades que surgen en el camino.

Desde el primer momento, supe que lo aprendido en el Opus Dei me ayudaría muchísimo: encomendar cada día mi trabajo y hacerlo lo mejor posible, sonreír e interesarme por cada uno de los profesores y trabajadores, superar pequeñas diferencias y confiar en todos…

es como si todo mi trayecto de vida haya sido la mejor preparación para esta aventura

Ahora, viendo las cosas con cierta perspectiva, es como si todo mi trayecto de vida haya sido la mejor preparación para esta aventura laboral aparentemente “tardía” en las periferias de la ciudad.

Dios lo ha previsto —en palabras de san Josemaría— “antes, más y mejor”. Estoy realmente feliz.

Milagros Guerrero de Oquelis