«Con mis historias muchas personas han conocido “otro idioma”»

José Antonio es policía en Elche, una vocación profesional que no le ha impedido desarrollar otra que practica desde muy joven: la de escritor. No tiene nada de extraño que de la confluencia de ambas haya surgido su especialización en la novela negra, género en el que ya ha ganado varios premios.

Opus Dei - «Con mis historias muchas personas han conocido “otro idioma”»

En esta entrevista nos cuenta cómo surgió esa vocación profesional y qué le han aportado las enseñanzas de san Josemaría en un género literario -a primera vista- poco relacionado con el sentido cristiano de la vida.

¿Cómo surge tu vocación de escritor de novela negra? ¿Tiene relación con tu profesión de policía?

Mi vocación por contar historias la tengo desde niño y creo que se fue gestando después de muchas horas de lectura de libros juveniles. En aquella época devorar las colecciones de Enid Blyton, las novelas de Julio Verne o las ediciones literarias juveniles de diversos autores, eran una aventura en sí misma que me hizo amar el mundo de la literatura. En aquella época, empecé a escribir historias para un periódico escolar llamado “L’Albà” y con el ánimo de muchos de mis profesores, participé en algunos certámenes de cuentos infantiles en los que obtuve algunos premios.

Desde entonces, de una manera u otra, no he cesado de escribir. He pasado desde el mundo del relato, a la poesía y, posteriormente, a la gran aventura de la novela. Pero siempre, teniendo en cuenta que además del talento personal, es necesaria la formación constante. De hecho he realizado varios cursos de creación literaria y estilo novelístico para ofrecer a los lectores historias de calidad.

Mi vocación por contar historias la tengo desde niño y creo que se fue gestando después de muchas horas de lectura de libros juveniles

En cuanto a la novela negra, es una pasión gestada también en la juventud y consolidada después de conocer la cultura negra en general (el cine negro, la música jazz, el cómic de género o la propia novela negra), y sobre todo el género literario estadounidense.

No desdeño tampoco de mi profesión de policía, también una vocación que surge del convencimiento personal de ofrecer mi vida al servicio del ciudadano desde el punto de vista de la seguridad, que es otra de mis pasiones. No cabe duda de que mis experiencias profesionales me han ayudado a construir o, al menos, dotar de más rigor a mis historias. Esto se puede ver, por ejemplo, en mi libro de relatos “Te cambio mi vida” (Ediciones Frutos del Tiempo, 2019), en donde en cada historia hago un guiño a alguna experiencia policial propia o en la última novela “Robar, matar y destruir” (Ápeiron ediciones, 2020) que relata un hecho criminal vivido en primera persona y que ha ganado el IV Concurso “A Sangre Fría” de Novela Negra 2020.

La novela negra es un género que, a primera vista, parece ocuparse del vicio y la maldad. ¿No se aleja de lo que algunos llamarían promoción de valores?

El género negro, parece que tiene como protagonistas el vicio y la maldad, pero también acude a la restitución de corrupciones e inmoralidades, con abundancia de bien. En mis novelas se describe descarnadamente el mal, porque la novela negra, ante todo, tiene que ser hiperrealista y describir el fenómeno criminal sin ambages, pero también actúa la policía y la justicia para hacer que el delincuente retribuya a la sociedad por el mal hecho y todo vuelva a la senda del bien.

En cuanto a las emociones que trato de transmitir al lector, considero que la persona que lee uno de mis relatos o novelas, no puede quedar indiferente a ellas

La novela negra tiene mucho de calle y de problemática social. A partir de ahí, los personajes no pueden comportarse con cortapisas, han de mostrarse como ellos son. Estos personajes, porque en la realidad son así, en muchas ocasiones actúan de manera descarnada, como lo hacen en la calle. No hay que sustraerse que este género habla de la muerte violenta o de las iniquidades de nuestra sociedad. Pero una de las cuestiones que cuido mucho a la hora de elaborar historias es tratar a todos los personajes como personas, con su maldad, pero también con su capacidad de arrepentimiento y de vuelta a casa, a los brazos del Padre como el hijo pródigo. Yo creo que una de las máximas en valores que trato de transmitir en mis historias, se ajusta al viejo aforismo de la penitenciarista Concepción Arenal, que dice así: “Odia el delito y compadécete del delincuente”.

En cuanto a las emociones que trato de transmitir al lector, considero que la persona que lee uno de mis relatos o novelas, no puede quedar indiferente a ellas. Cuando soy consciente de que algo ha cambiado en la vida de un lector con alguna de mis historias, pienso: objetivo conseguido. No se trata de sobrecoger al lector, sino de hacerle reflexionar sobre la bondad y la maldad, sobre la belleza, pero también sobre lo descarnado de la vida, y ayudarle a conocer un mundo, no por desconocido muy cercano, pasándolo bien y divirtiéndose, que es lo mejor que puede a uno pasarle con un libro.

En las presentaciones de tus libros o en congresos, ¿cuál es la relación con tus lectores?

En esos eventos en los que estoy en contacto con los lectores, paso momentos maravillosos ya que al conocer a estas personas se establece una complicidad nacida de compartir una historia que tú has creado. Ves que estas personas, de alguna manera, también te conocen a ti, pues el escritor, inconscientemente, también se va mostrando a través de sus historias.

No se trata de sobrecoger al lector, sino de hacerle reflexionar sobre la bondad y la maldad

Desde que empecé a escribir, he tenido una cosa clara, y es pensar siempre en los lectores. Cómo me gustaría a mí que fuera una novela. A partir de ahí, si te convence a ti, es posible que lo hayas conseguido con tus lectores. No hay cosa más bonita en la relación escritor–lector, que cuando te dicen que les ha emocionado tal capítulo, o no podían cerrar el libro sin la tentación de volver a pasar una página más para ver cómo continuaba la historia o, incluso, que ese cuento le ha perturbado el sueño. A eso me refería en la anterior pregunta, no dejar indiferente a nadie y cambiar algo en la vida del lector después de la lectura.

En cuanto a anécdotas, sobre todo, giran en torno a emociones vividas por el lector durante sus ratos de lectura, o en los momentos de presentaciones en los que firmas libros, esos comentarios que se cruzan antes de la dedicatoria, en las cuales los lectores te dan la pista para ponerles las palabras apropiadas a cada dedicatoria.

Con los colegas policías debo tener mucho cuidado porque conocen la profesión y muchas cuestiones de la técnica policial

Con los colegas policías debo tener mucho cuidado porque conocen la profesión y muchas cuestiones de la técnica policial que otras personas desconocen, por eso es muy importante ser riguroso y documentarte adecuadamente, pues en caso contrario, una historia puede hacer aguas en lo fundamental. Tengo muy buena relación con mis compañeros y los cuento entre mis mejores lectores. En cuanto a los colegas escritores, tenemos muy buena relación y valoramos mucho el trabajo bien hecho, pues somos conscientes de lo complicado que es construir historias de calidad.

¿Qué enseñanzas de san Josemaría te ayudan en tu trabajo de policía y de escritor?

Muchas de ellas, sobre todo el que en medio de las iniquidades, las corrupciones, los robos, homicidios, etc., se encuentran personas, y estas personas son hijos de Dios. Pienso que, por muy difícil que pueda parecer, siempre se debe dar una oportunidad a cualquiera para el retorno a la senda del bien.

En muchas circunstancias de maldad superlativa, se han producido milagros silenciosos de conversión personal y de regreso a casa

Como repetía San Josemaría: “Omnia in bonum”, todo es para bien y, a veces, en muchas circunstancias de maldad superlativa, se han producido milagros silenciosos de conversión personal y de regreso a casa. Por otro lado, hay una máxima que no falla en cualquier labor que se haga: santificar lo que haces, santificar con quien lo haces, santificar a través de lo que haces y santificarte con lo que haces. Si lo consigues, habrás hecho un buen trabajo a mayor gloria de Dios.

¿Qué consejos darías para fomentar la lectura? ¿Qué tipo de lectores siguen tus libros?

Hoy los jóvenes tienen un abanico de recursos, sobre todo audiovisuales que, en principio, podría considerarlos como mejor dotados para su formación e información, pero creo que adolecen de la creatividad necesaria que se obtiene, por ejemplo, con la lectura de buena literatura.

Ese sería uno de los puntos clave para fomentar la afición a la lectura: presentarla a los jóvenes, no como una tarea obligatoria y tediosa, sino como la puerta hacia un mundo maravilloso que él, como persona totalmente diferente a todas las demás, va a hacer propia. Hacerle ver que en una novela, el protagonista es él, porque va a poner su imaginación al servicio de esa historia, él es el que va a poner caras a los personajes, olores a las comidas, pena a las adversidades, miedo a las situaciones inquietantes…

José Antonio es escritor y policía en Elche (España)

Por otro lado, mis lectores son de todas las edades y condiciones, he encontrado desde lectores talluditos a adolescentes que han robado el libro a sus padres y luego me han dicho que les ha encantado. Por ejemplo a mi hijo pequeño, que es un gran lector de todo tipo de literatura, lo cuento entre uno de ellos. Quiero poner en valor el gran número de lectoras que tengo. Muchas son las mujeres que adquieren mis libros y, además, son las más comunicativas al expresar lo que les han parecido las historias.

Cómo cristiano, ¿tienes alguna manera de procurar acercar a tus lectores a Jesucristo?

Una de las constantes en mis obras, es siempre, dar un tratamiento muy humano a los personajes que aparecen. Y ese tratamiento, basado en el humanismo cristiano, nace de mi formación, de mis valores, de mi religiosidad y, por qué no decirlo, de mi intimidad con Dios.

Una de las constantes en mis obras, es siempre, dar un tratamiento muy humano a los personajes que aparecen

Creo que de una manera sutil, a través de la creación de estas historias envueltas en situaciones personales que esconden virtudes muy cristianas, muchas personas han conocido “otro idioma” que no conocían, una melodía que no les sonaba. A partir de ahí, tratarlas y hacerles ver que el origen y fin es Jesucristo, se convierte en una labor apasionante.