​Juan Arbulú: “Cristo es muy cercano”

El 21 de noviembre último, Juan Arbulú, fue uno de los 27 fieles del Opus Dei de 14 países que recibió la ordenación diaconal en Roma. Juan estudió derecho en la Universidad de Piura y ejerció su labor profesional durante más de una década. En la siguiente entrevista comenta como podemos ayudar a hacer un mundo más humano ante la pandemia del COVID-19.

Opus Dei - ​Juan Arbulú: “Cristo es muy cercano”

El papa Francisco ha publicado una encíclica "Fratelli Tutti" que hace hincapié en la amistad social como base de la convivencia humana. ¿Por qué deberíamos leer esta encíclica?

Es una pregunta difícil porque la Encíclica es muy rica en contenido y se pueden destacar muchas ideas, pero yo diría que habría que leerla por dos razones:

  • Porque nos pone ante los ojos la realidad que nos rodea y que, muchas veces, miramos con indiferencia o, simplemente, no le prestamos atención: millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud; guerras internas y guerras externas; personas que viven en la opulencia frente a otras que viven en la miseria y son “descartadas” (niños abortados, ancianos abandonados, discapacitados marginados, etc.). Esta perspectiva nos ayuda a despertar del “letargo” en el que podemos haber caído por encerrarnos egoístamente en nosotros mismos y en nuestras cosas. Hay mucha gente sufriendo en todo el mundo y mucha está a nuestro lado, quizás, tendríamos que fijarnos más en los demás, en el que tenemos “al lado”.
  • Frente a esto la Encíclica hace un llamado a la “fraternidad universal”, es decir, considerar al otro, sea quien sea, como un hermano que tiene necesidad de nosotros y del que no podemos pasar indiferentes. Estos planteamientos del Papa, pienso que son, en el fondo, un llamado a tener los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo quien, incluso, dio la vida por todos los hombres sin importar sexo, edad, religión, raza, posición social, etc.
  • Monseñor Fernando Ocáriz en una carta del 2017 nos invita a partir de la centralidad de Jesucristo para llegar a las personas en su integridad: inteligencia, corazón, relaciones con los demás y afectos, afrontar la formación cristiana desde esa perspectiva, es un desafío, ¿Cómo abordar la formación espiritual de esta manera?

    Si Cristo es el centro, vamos a mirar al centro. Pero no con una mirada rápida como quien ve a alguien que pasa o como quien ve un rato el Facebook, el Instagram o cualquier red social, sino con una mirada profunda: vamos a conocer a Cristo y encarnar su vida. Por tanto, diría 3 cosas para conocer y encarnar la vida de Cristo:

     Leer su vida: la vida de Cristo está en el Evangelio, san Josemaría nos recomendaba que cuando leamos el Evangelio seamos “como un personaje más”, es decir, imaginarnos qué personaje queremos ser en la escena que leemos y “participar” en la escena. Creo que si nos metemos en las escenas del Evangelio podremos disfrutar más de su lectura.

     Tratarle en la oración y en los Sacramentos, orar o rezar es hablar con Cristo, ¿de qué?, de todo: alegrías, tristezas, logros, trabajo, familia, ¡todo!... La oración es un diálogo entre dos personas (Cristo y cada uno de nosotros) en el que le abrimos el corazón y le contamos nuestras cosas, como cuando se habla con una amiga o un amigo.

     Comportarnos como Cristo, seguir a Cristo: una de las cosas que más me gustan de la vida de Cristo, es que Cristo es muy cercano, amable, que escucha lo que le dicen, que está atento a las necesidades de los demás. Si leemos en el Evangelio, ¿por qué le sigue tanta gente?, creo que es por eso: es una persona amable y sensible a las necesidades de los demás… Pienso que nosotros también debemos imitar a Cristo en esto.

    Si encarnamos en nuestras vidas la vida de Cristo, leyendo meditadamente su vida, haciendo oración y frecuentando sacramentos, nuestra vida impregnará nuestro entorno de alegría, de paz, de paciencia, de buen humor, de ese “buen olor de Cristo” del que habla San Pablo (2 Co 2, 15) y que tanto le gustaba repetir a San Josemaría, esto es más formativo que cualquier otra cosa.

    Muchas veces, entendemos por “formación” simplemente dar una charla, predicar, hablar, etc. Sí, eso es formación, pero no es toda la formación. Ésta, para que sea eficaz, se tiene que ver encarnada en la conducta de cada cristiano y, para encarnarla, hay que vivirla estando muy cerca del Señor por medio de la oración, de los Sacramentos y de la conducta personal.

    Hace algunos meses fue beatificado Carlo Acutis, un adolescente italiano devoto de Jesús Eucaristía, ¿Cómo ayudar a los jóvenes a enamorarse más de la Eucaristía?

    Creo que esto ya lo he respondido arriba… Por ejemplo, muchos de los que están leyendo esta entrevista están casados o tienen novia, novio, enamorada o enamorado, ¿cuál es una de las claves del enamoramiento, de mantener vivo el amor?, pienso que es la comunicación, el trato afable, llenos de gestos, cariñosos, sinceros y respetuosos… Pues, con Cristo pasa lo mismo, si queremos enamorarnos de Cristo, hay que hablar con Él, tratarle; y a Cristo se le trata en tres “sitios”: en la oración; en la Eucaristía; y, en el servicio al prójimo, viendo a Cristo en cada persona que tenemos a nuestro lado (familia, amigos, conocidos, etc.). Pienso que Carlo Acutis trataba a Cristo en estos tres “sitios”, de hecho, por ejemplo, se le llama el “Cyber Apóstol de la Eucaristía” … La oración lo llevó a la Eucaristía y ese trato con Cristo lo llevó a desvivirse por el servicio del prójimo.

    Sobre esto último, me interesaría hacer una pequeña acotación, pienso que cuando escuchamos la palabra “prójimo”, inmediatamente nos remitimos a las personas necesitadas de comida, de ropa, de casa, de dinero, etc. y, está bien, estas personas son mis “prójimos” y hay que atenderles en la medida de nuestras posibilidades y, muchas veces, con mucho esfuerzo y dedicación.

    Pero, también, “prójimo” es: el hijo que te pide que la ayudes en sus tareas; la hija que se enferma y necesita que la lleves al hospital; los hijos adolescentes que necesitan comprensión ante las rebeldías propias de la adolescencia; la esposa o el esposo que ha pasado un mal día en el trabajo y llega a casa molesto, cansado y necesitado de paz, tranquilidad y cariño; el amigo o amiga que tiene un problema grande y necesita que lo escuches; etc. Estas personas también son mi “prójimo”, incluso, están más cerca de nosotros, quizás, son estas personas a las que primero deberíamos atender.