El Opus Dei es a la vez conservador y progresista

23 de julio de 2000

Del Prelado

¿El Opus Dei es una institución conservadora?

Si se usan los términos "conservador" o "progresista" en sentido político, no podría contestar a la pregunta, porque ese esquema no sirve cuando se habla de la Iglesia. Si se emplea la palabra "conservador" fuera de ese contexto político, se podría decir que toda la Iglesia es "conservadora", porque conserva y transmite el Evangelio de Cristo, los sacramentos, el tesoro de la vida de los santos, sus obras de caridad. Por razones análogas, toda la Iglesia es "progresista", porque mira al futuro, cree en los jóvenes, no busca privilegios, está cerca de los pobres y de los necesitados. O sea, el Opus Dei es conservador y progresista como lo es toda la Iglesia, ni más ni menos.

¿Cuál es la valoración del Papa de la institución que usted representa?

No me corresponde ponerme en el lugar de Juan Pablo II o interpretar sus sentimientos. Pero puedo decirle que en el Opus Dei siempre hemos notado el cariño del Papa. Y que percibimos el afecto del Papa como una llamada a la responsabilidad, a corresponder con alegría, con oración, con apostolado, con una vida cristiana coherente. Ese afecto ha sido una constante en los cinco Pontífices que han conocido el Opus Dei.

Probablemente encontrará usted muchas personas, muchos pastores y muchas instituciones que responden de la misma manera a preguntas similares. El Papa no discrimina, es el Padre común de los cristianos y a todos alienta. No hace falta discurrir mucho para verle como un padre que acoge a todos los hombres y mujeres sin distinción.

(...)

Una persona del Opus Dei, como cualquier otro fiel católico, trata de vivir su fe cristiana en las circunstancias ordinarias, como uno más, allí donde está: trabajando, conviviendo, rezando, sirviendo a quienes le rodean, y especialmente a los más necesitados. Recuerdo en este momento a fieles del Opus Dei que son médicos especializados en la lucha contra el SIDA, o que trabajan profesionalmente en leprosarios.

Además, otros -junto con colegas que no forman parte de la Prelatura- han puesto en marcha numerosas iniciativas profesionales a favor de todo tipo de personas marginadas o discriminadas por motivos económicos, raciales, culturales, etc. Me viene a la memoria una de estas instituciones sanitarias que visité hace un par de años: un centro médico en Kinshasa, una ciudad donde tantísimos africanos y africanas viven en condiciones de pobreza espantosas.

Los fieles de la Prelatura han promovido muchas iniciativas, pero a la vez, frente al mar de necesidades que contemplamos a nuestro alrededor, son y serán siempre pocas.

  • Miriam Díez // Presència (España)