A inicios del año, me enteré que Niky, una supernumeraria que conozco hace más de 10 años y a quien le tengo mucho cariño, invitó a unas amigas extranjeras para un reencuentro en su convivencia del 2025 en el Perú.
En el 2018 ellas coincidieron en Saxum, la casa de retiros de la Obra en Tierra Santa. Después de esa convivencia y tras la pandemia, se reunieron en Medellín (Colombia) y este año Niky las invito al Perú.
La convivencia se programó para el 13 de octubre en La Colina. Por temas logísticos, se efectuó al final en Cañete. Dudé inicialmente en ir, pero mi amistad con Niky, la visita de las supernumerarias extranjeras, y por ser en Cañete, donde atesoro recuerdos del Instituto Condoray, lugar al que fui de pequeña con el club Altea, y más adelante con Ausangate, me convencieron.

Cañete: un lugar con historia en el Opus Dei
Previo a la convivencia, escuché el audiolibro de “Yauyos: una aventura en los Andes” del Padre Samuel Valero, disponible en la web del Opus Dei, donde narra sus vivencias con don Ignacio de Orbegozo, obispo prelado de Yauyos; y, luego obispo en Chiclayo, gran amigo de mis padres y muy cercano a mis hermanos y a mí.
Unos días antes de iniciar la actividad, llamé a María Laura y le conté algunas ideas para el show, que siempre suele hacerse en una convivencia. A ella siempre le gusta organizarlo y juntas pensamos hacer un popurrí de canciones peruanas, especialmente preparado para las supernumerarias extranjeras.
Así que llegó el día del inicio. Mane, Sonia y yo nos fuimos en auto y no con todo el grupo que iba en una movilidad. Llegamos a Cañete a la hora de almuerzo. Después, en la tertulia, Lucy, una numeraria simpática y muy divertida nos contó la labor de Condoray, y el beneficio para jóvenes mujeres entre 16 y 21 años que estudian en el Instituto donde reciben formación humana, espiritual y académica, en 3 carreras: Administración de servicios y hotelería, Contabilidad y Gestión administrativa.
Además de las clases y el estudio, durante el almuerzo y el lonche conversábamos con las extrajeras y nos conocíamos más. Por la noche, terminamos de presentarnos, éramos 21 supernumerarias, de las cuales, 7 eran extranjeras: Marely y Haydee de Argentina, Wicha de Guatemala, Karin de Chile, Adriana de Paraguay, Anavi de Costa Rica y Julia, aunque ella es colombiana, vive en Bolivia.
Sabemos que la vocación la da Dios y él siempre está actuando. Nosotros somos instrumentos. A muchas de las asistentes, Dios les ha dado el regalo de contar con vocaciones a la obra entre sus familiares.
Sabemos que la vocación la da Dios y él siempre está actuando. Nosotros somos instrumentos. A muchas de las asistentes, Dios les ha dado el regalo de contar con vocaciones a la obra entre sus familiares. Un motivo más para dar gracias a Dios.
Palpar la universalidad del Opus Dei
La Obra es una gran familia a nivel mundial. Cada vez estamos más cerca al centenario. Convivir juntas en esta actividad con personas de otros países, unos días en Cañete, donde el Opus Dei ha desarrollado una labor social, pastoral y humana que ronda las seis décadas, lo hizo más especial. Era palpar la universalidad de la Obra. San Josemaría en Camino nos recuerda que católico significa “universal”.
La responsable de la convivencia era Virginia. Cuyo hermano, Manuel, era el sacerdote que atendía la actividad. Ambos, hijos de unos de los primeros supernumerarios del Perú, don José Agustín de la Puente Candamo.
El Padre Manuel aprovechó en darnos una clase sobre los comienzos en el Perú: con documentos, fotos de la biblioteca de su papá, quien fuera uno de los historiadores más reconocidos del país. También nos mostró algunas de las cartas que su padre le escribió a san Josemaría, y las respuestas que recibió de él.

Una joya de documentación, pues nos mostró algunas copias de los diarios de los centros. Y también, cómo los primeros supernumerarios ayudaron a expandir la Obra, ayudando a los sacerdotes y numerarias que vinieron al Perú para empezar la labor que san Josemaría les encomendó.
Tuvimos otra tertulia con Lucila, numeraria de Lima quien actualmente vive en Cañete. Nos contó los inicios en el valle de Cañete., cómo conoció a san Josemaría, don Álvaro y a don Javier Echevarría, rememorando muchas anécdotas.
De tertulia con el Obispo de Cañete
En otra reunión de familia, como le conocemos también a la tertulia, estuvo monseñor Ricardo García, actual Obispo de Cañete. Nos contó cómo conoció a san Josemaría, los inicios de la Obra en el Perú, así como detalles de la labor en Cañete y sus alrededores.
Monseñor García también explicó el trabajo en los colegios, el seminario y el Instituto. En setiembre último, con un grupo de obispos del Perú estuvo con el Papa León XIV. El Santo Padre les habló de unidad entre los católicos, de oración y eucaristía, así como de la centralidad en Jesucristo. Las supernumerarias extranjeras disfrutaban de la tertulia haciendo preguntas.
Entre las asistentes estuvo Fanny, quien viaja cada quince días a Ica, para dar clases de doctrina y circulo a supernumerarias en esa ciudad.

En medio de las actividades propias de una convivencia, sacamos tiempo para ir a rezar el Rosario al Santuario de la Madre del Amor hermoso, donde ganamos indulgencia plenaria por el jubileo del 2025. La última vez que estuve allí, fue en la tertulia de don Javier en el 2010.
Debajo del santuario, hay una cripta donde están enterrados algunos sacerdotes como el Padre Frutos, Padre Lema, monseñor Luis Sánchez-Moreno, entre otros. Gracias a su oración y a su fe, muchos de nosotros somos parte de la Obra el día de hoy.
Otro día fuimos a la Plaza de Armas de Cañete. Fanny nos paseó por el centro, —la catedral que también es puerta santa— tiene un vitral de la Madre del Amor hermoso. En la misma plaza, vimos la imagen de san Josemaría que don Fernando Ocáriz pudo conocer en agosto del 2024. Allí aprovechamos para saborear unos ricos helados artesanales.

La convivencia: combinación de vida de fe, piedad y espíritu de familia
En una convivencia, además de ir a estudiar, uno se la pasa muy bien compartiendo la vida de familia, rasgo esencial del espíritu del Opus Dei. La noche del show central fue muy divertida. Preparamos una sangría para el brindis, nuestra camiseta de la selección peruana y preparamos pompones. Calo bailó una marinera norteña.
Las extranjeras disfrutaron con el show. Terminamos con un karaoke con canciones de Perú, Colombia, Panamá, Argentina, Chile, Costa Rica y Paraguay, además de muchas anécdotas. La convivencia es una combinación perfecta de vida de fe, piedad y espíritu de familia universal.

Al final de los cuatro días, puedo decir que valió la pena ir hasta Cañete, hacer nuestra convivencia ahí donde empezó la Prelatura de Yauyos, y escuchar en las tertulias a varias que vivieron los inicios de la Obra en nuestro querido Cañete. Y experimentar de cerca cómo muchos sacerdotes entregaron su vida para que la Obra sea lo que hoy es en el Perú.
Las supernumerarias que vinieron de otros países se fueron agradecidas de conocer las raíces espirituales del Opus Dei en el Perú. Luego, alistamos las maletas para volver a nuestras casas, con muchos deseos de recomenzar. ¡Nunc Coepi! (¡Ahora comienzo!), como nos enseñó san Josemaría.

