¿Han oído el chiste de la impaciencia? Había una vez un hombre que le pidió a Dios que le concediera paciencia.
Unos minutos después, le pidió a Dios que se diera prisa en concedérsela. Cuando pensamos en la paciencia, quizás pensemos en santa Mónica y en su hijo en la juventud, el futuro san Agustín. ¡Cuánto debió de sufrir el corazón de santa Mónica al ver a su hijo llevar una vida que lo alejaba continuamente, cada vez más, del cálido resplandor del amor de Dios Padre! Muchos de nosotros podemos identificarnos con ella cuando pensamos en esos amigos y familiares por quienes rezamos para que abracen su lugar como hijos de Dios.
Piensen en todas las cualidades que tiene cada persona: una pasión entregada a una causa, un maravilloso sentido del humor, una gran capacidad emocional o el don de anticiparse a las necesidades de los demás. ¡Qué regalo sería que esas cualidades estuvieran al servicio de las inspiraciones del Espíritu Santo! Puede llegar a desesperar cuando no es así para lo que se están usando.
Podemos pedir lo que san Josemaría llamaba «santa impaciencia». Esta es una oración que he compuesto para pedir ayuda para vivir la virtud de caminar al ritmo de Dios:
Que nuestra santa impaciencia nos haga incapaces de esperar un segundo más allá del tiempo señalado por el Espíritu Santo. Que el Espíritu nos encuentre de pie en el umbral cuando llegue, para que podamos entrar de inmediato en la obra que debemos realizar.
Que la paciencia que hemos acumulado cuando las puertas se cerraron ante nosotros, y nada parecía moverse en la dirección correcta, sirva como combustible para el fuego con el que Cristo nos transforma en sus instrumentos de acción.
Que Nuestro Señor nos libre de agotar la paciencia de los demás con nuestro comportamiento egoísta o irresponsable. Que aliviemos en cambio las cargas de las personas.
¡Que nunca olvide la paciencia que Dios tiene conmigo! Que me sirva como fuente de la que sacar fuerza para ser paciente con los demás.
Que nunca pierda del todo la paciencia. Y si la pierdo, como es posible dada mi debilidad, que sea solo por un instante antes de que Dios me levante para intentarlo de nuevo. Que nunca le dé la espalda a la imagen de Cristo, presente en cada vida que encuentro a mi paso.
Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, trata de la confianza en el tiempo de Dios y de la paciencia mientras esperamos la gracia divina. La historia sigue a varios personajes, rastreando los movimientos de sus corazones alejándose de Dios y, finalmente, acercándose a Él. En uno de los momentos más llamativos, el libro hace referencia a la serie del padre Brown de G. K. Chesterton con las palabras «un tirón del hilo». Es una yuxtaposición interesante que evoca la idea de que jugamos a «largo plazo» en lo que respecta a nuestro desarrollo espiritual, recordando al mismo tiempo que Dios puede hacer que este trabajo suceda de inmediato. Por un lado, el tiempo de Dios no es nuestro tiempo, por lo que debemos ser pacientes. Por otro, nunca debemos dejar de rogar que el cambio ocurra ahora... ¡lo antes posible!
En resumen:
- Definición: la paciencia es caminar al ritmo de Dios y confiar en su tiempo.
- Santos jóvenes: santa Mónica nos muestra el amor profundo y duradero de una madre que nunca dejó de rezar, incluso cuando su hijo joven, san Agustín, parecía lejos de Dios. Su paciencia dio fruto con el tiempo, y su esperanza nunca se agotó.
- Libros y películas: Retorno a Brideshead nos muestra lo lentamente que los corazones pueden volverse hacia Dios. Jugamos a «largo plazo» espiritualmente, sabiendo que Dios puede darnos la gracia del crecimiento en cualquier momento.
- De san Josemaría: «¿No sientes el afán de decirle a cada uno de esos jóvenes que se agitan a tu lado: ¡insensato! ¡deja esas vanidades, que aprisionan el corazón... y ven con nosotros en busca del Amor!» (Camino, n.º 790). Más aquí.
Consejos prácticos:
- Cuando las cosas parezcan estancadas, recuerda que Dios sigue trabajando y formándote para la acción. Y deja que Dios te levante cuando caigas.
- La «santa impaciencia» significa estar listo, de pie en la puerta, cuando llame el Espíritu Santo, no dormitando en la habitación del fondo.
- Recordar la paciencia de Dios con nosotros nos da fuerza para ser amables y perseverantes con los demás. Intenta aliviar sus cargas.

