“La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) nos ayuda, principalmente, a vivir la fe en la vida diaria. Además, desde que se anunció que sería en Panamá se han dado muchas oportunidades de hablar más sobre el Papa y la Iglesia”, dice una emocionada Mónica Guillén, mexicana, de 26 años, residente en Panamá.
“En los centros de la
Obra hemos tenido preparaciones y eso ha sido también una oportunidad para hablar más del Opus Dei y hacer más labores apostólicas”.
Mónica trabaja en el departamento de Marketing de un banco en la capital panameña. Durante los días de la JMJ participa junto a otras jóvenes −cerca de 100− de Centroamérica en las actividades de la jornada y también haciendo labor social.
“El hecho de que sea un evento de jóvenes de todas partes del mundo atrae de entrada y también que sea una fiesta en un ambiente sano, para disfrutar con mucha gente. Eso me atrae mucho y todas las actividades que hay en la JMJ”, comenta.
“El Papa es el principal atractivo; y por otra parte, está la posibilidad de tener un encuentro más cercano con el Señor, en un evento pensado para los jóvenes”
“La actividad que espero especialmente es la vigilia y la misa final porque ya estaremos todos juntos al final de la jornada y escucharemos esas palabras de sabiduría del Papa. Y lo que nos va a decir para mandarnos a todas partes”.