Dinamarca fue un país profundamente católico durante aproximadamente 500 años, desde su cristianización formal a mediados del siglo X hasta la Reforma protestante de 1536. Durante la Edad Media, fue el centro de la vida religiosa en la región nórdica.
Dinamarca forma parte de la región de Europa Noroccidental. ¿Sientes que estás en el mapa?
Bueno, hay varias razones por las que es fácil que te olviden. Somos muy pocos. La población católica aquí no supera el dos por ciento y no tenemos un centro de la Obra. Pero eso está cambiando: en dos años hemos crecido un 200% en Dinamarca, pasando de dos a seis supernumerarios.
¿Cómo acabaste yendo de Brasil a Dinamarca?
Cuando miro atrás y pienso en cómo llegamos a Dinamarca, no puedo evitar sonreír. Mi mujer Gabi y yo jamás habíamos imaginado vivir aquí. Para nosotros, viniendo de Brasil, Dinamarca era simplemente un país pequeño al norte de Alemania donde tenemos parientes. Pero surgió una oportunidad de trabajo y dijimos que sí. Mirando atrás, está claro que Dios estuvo presente en esa decisión y que tiene sus planes.

¿Qué fue lo que más te sorprendió al llegar?
Desde el primer momento, Dinamarca nos sorprendió. La sencillez de la vida, y la gente. Los daneses tienen un sentido del humor muy particular que encajó con el nuestro: seco, irónico, a veces un poco oscuro, y en general respetuoso y de trato impersonal. Eso nos ayudó a sentirnos en casa rápidamente. También hay un orden tranquilo en la vida cotidiana que deja espacio para lo que de verdad importa.
¿Y es fácil conocer a los daneses?
Como en todos los países nórdicos, lleva tiempo. Pero en general la gente es abierta. Claro que no se habla de familia cuando uno conoce a alguien por primera vez. Al principio las cosas se quedan en lo superficial. Conoces a alguien y todo permanece bastante sencillo. Pero si te quedas, si eres constante en los encuentros ordinarios, algo va creciendo. Las amistades se desarrollan de forma natural. Y cuando lo hacen, son sinceras. Pasas de la charla intrascendente a conversaciones con sentido, yendo hacia cosas más profundas de la vida.
¿De qué tipo de conversaciones?
De cosas reales: familia, trabajo, relaciones, ética. Y también de fe. La gente no tiene miedo de abordar preguntas más hondas cuando ya hay confianza.
¿Cómo construyes las amistades?
Como país comercial y portuario, están muy acostumbrados a la gente que viene y va. Es fácil entender su perspectiva sobre los expatriados: "¿Por qué vas a prestarle atención a alguien si ni siquiera sabes si esa persona se va a quedar más de unos pocos años?".
La amistad crece de forma natural. Nos encontramos con gente en el gimnasio, o para tomar un café o especialmente una cerveza, haciendo pan o hidromiel (una bebida vikinga también conocida como vino de miel), con nuestras reuniones anuales de kárting o kayak, o simplemente compartiendo rutinas cotidianas. Incluso algo tan sencillo como llevar a casa una pasta para nuestras mujeres se ha convertido en un ritual con un amigo. Esos momentos del día a día se convierten en oportunidades para construir amistades y compartir la vida.

¿Cómo vives la fe en la sociedad danesa?
Es interesante. Los daneses tienen una comprensión profunda de la fe. Hay una fuerte convicción de que "alguien se ocupará de ti". Cuando caes en momentos difíciles, cuando tienes necesidad, tienen una fe en que el Estado vendrá a ayudarte. Ese tipo de fe facilita captar el significado de la Providencia. La gente entiende la idea de que no está sola. Hablar de la vida en términos de Providencia abre una perspectiva nueva. "¿Fue casualidad o Providencia?".
Otros dicen enseguida: no me interesa ese tema, y entonces cambiamos de conversación.
He conocido a algunas personas que se han convertido o han vuelto a la fe católica. Sus caminos son a menudo muy sinceros: buscaban la verdad y no tenían miedo de afrontarla. Una vez reconocida como tal, estaban dispuestos a seguirla.
¿Qué es lo que más valoras de la vida cotidiana en Dinamarca?
La claridad en las prioridades. La gente trabaja con concentración, pero cuando acaba la jornada laboral, realmente acaba. La familia va primero. Hay un esfuerzo real por estar presente: en el trabajo cuando se trabaja, y en casa cuando se está en casa.
¿Observas algo en particular sobre la vida familiar?
Conozco muchas familias que no son católicas ni religiosas en absoluto, y tienen tres o cuatro hijos. Pero también ves familias más pequeñas. Los padres sienten y son responsables de sus hijos hasta los 18 años, momento en el que esperan que se vayan de casa. Son conscientes de ese momento en que cada uno toma su camino, de nuevo con apoyo económico del Estado si son estudiantes.
En cuanto a nosotros, oramos a Dios diciéndole lo que queremos. Confiamos en que sus planes son mejores que los nuestros y los amamos del mismo modo. Como tantas otras cosas en nuestra vida, solo podemos entenderlo en retrospectiva.
¿Hay tradiciones locales que disfrutes?
Sí, muchas pequeñas. Por ejemplo, celebran los doce años y medio de matrimonio, ¡eso fue algo nuevo para nosotros! O la costumbre de saludar a todos cuando llegas o te vas de una fiesta. Y celebraciones como la víspera de san Juan (Sankt Hans Aften) han adquirido un nuevo significado aquí en comparación con Brasil. Cantar villancicos o seguir al pie de la letra las recetas navideñas también se han vuelto algo muy agradable.

¿Qué ves en el futuro próximo?
Hace dos años organizamos nuestro primer retiro espiritual en Dinamarca, cerca de Copenhague, utilizando la capilla y las casas de huéspedes de un monasterio benedictino. Fr. Richard, originario de Gran Bretaña y venido desde Estocolmo, dio las meditaciones. Lleva décadas viniendo a Dinamarca. Estamos trabajando para desarrollar algunas actividades más en danés, y unas cuantas publicaciones en papel.

Dependemos mucho de la ayuda de las personas del Opus Dei en Suecia, Irlanda y el Reino Unido. Somos pocos, pero tenemos esperanza. En los últimos años hemos asistido a cursos de formación en Suecia y en distintos lugares del Reino Unido. Hemos ido a un campamento familiar de verano en Suecia, y el pasado mes de abril un grupo de diez personas viajó a Irlanda para un Curso de retiro.
Es cierto, las personas de la Obra en los países vecinos nos ayuda mucho, y podemos rezar los unos por los otros y seguir creciendo.
A quienes lean esta entrevista les pido una oración por la Iglesia y por las personas del Opus Dei en este maravilloso país.
