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Naty dejó su carrera profesional en plena pandemia para dedicarse a algo que la apasionaba: hacer zapatos. Desde su taller Boilera, no solo enseñó a otros a crear el zapato de sus sueños, sino que descubrió algo más profundo en el camino: que hasta la tarea más simple —o la más pesada— puede convertirse en un encuentro con Dios. "La santificación del trabajo es un gozo", comentó. Descubre su historia aquí.