Olga pidió la admisión en el Opus Dei en octubre de 1954, apenas unos meses después de que lo hiciera su entonces novio, Juan Antonio. Ese verano, en Zarauz (España), él le habló por primera vez de cómo había conocido la Obra y de la alegría con la que vivía su fe.
Poco tiempo después, en Zaragoza, le anunció que había decidido hablar con un sacerdote: “había quedado con él para contarle lo que llevaba dentro”, recuerda hoy Olga.
Formación y decisión en los años 50
En aquella época, para recibir formación del Opus Dei las mujeres tenían que desplazarse hasta Molinoviejo, un centro de formación situado en Segovia. Viajaban de noche para llegar al amanecer. Olga no pudo asistir el primer año: una mujer soltera no debía viajar sola.
Todo cambió tras su boda, cuando ganó libertad de movimientos y también la posibilidad de recibir la formación que deseaba.
Desde joven soñó con tener una familia numerosa. Después de que nacieran sus tres hijos, perdió dos que llegaron a nacer y otro que fue un aborto. Aunque fueron momentos duros, siempre habló de ello “con naturalidad y con paz”, como explica ahora.
Seis años después de casarse, el matrimonio se trasladó a Madrid. El motivo: el trabajo de su marido en una distribuidora cinematográfica, Filmayer. Ese cambio les permitió organizar “una vida más suya”, dice Olga. Los hijos entraron en los recién inaugurados colegios de Fomento que empezaron al año siguiente de llegar a Madrid: El Prado y Montealto, y la familia inició una etapa marcada por viajes, estrenos y encuentros con personajes clave de la industria del cine.
De Zarauz a Cannes: una vida entre rodajes y eventos
El trabajo de Juan Antonio era intenso y tenía un componente internacional, poco frecuente en aquella España. Ella lo acompañó siempre. El trabajo los llevó a Los Ángeles, Roma, Londres, París, Filipinas… y, durante más de 40 años, al Festival de Cannes, donde compartieron alfombra roja con numerosos actores y actrices.
La distribuidora para la que trabajaba tuvo durante años la exclusiva de Disney en España, lo que les permitió trabajar con responsables directos del estudio. También mantuvieron una relación cercana con figuras como Cantinflas.
Con Walt Disney tuvieron una anécdota divertida. Fueron a llevarle la edición especial que se hizo del libro Camino -le hicieron una dedicada a Walt Disney- y él, que no hablaba casi español, les dijo: "algo muy importante tiene que tener este libro cuando está tan bien editado". Tienen la foto dedicada, con el libro abierto. "No sabemos si ha llegado a leerlo o no", confiesa Olga.
En algunas ocasiones acompañaban el lanzamiento de películas en otros países junto a los actores; recuerda especialmente un viaje a Filipinas con Peter Ustinov, actor, productor y director de cine.
En España, el contacto profesional era también cercano. Participaron en proyectos con Julio Iglesias —como la película La vida sigue igual— y en rodajes con Pili y Mili, Marisol, Ana Belén o Rocío Dúrcal. También trabajaron estrechamente con Paco Martínez Soria y, gracias a la gestión de cines como el Palacio de la Música o el Benlliure, trataron con artistas que actuaban allí, entre ellos María Dolores Pradera.
Elegancia profesional, vida familiar sencilla
Aunque debían mantener un nivel alto en los ambientes profesionales que frecuentaban, en casa todo era austero y normal. Olga se volcó en su papel de madre y ama de casa —“con orgullo y procurando hacerlo bien”— sin dejar de acompañar a su marido en una industria donde la frivolidad y el dinero, como reconocen ambos, “a veces pesan demasiado”.
Cuando el trabajo coincidía con los periodos de vacaciones escolares, viajaban los cinco juntos. Londres, Roma o París se convirtieron así en destinos familiares.
Cercanía con San Josemaría y don Álvaro
Los numerosos viajes a Roma les permitieron visitar a san Josemaría Escrivá y al Beato Álvaro del Portillo, quienes les aconsejaban sobre cómo vivir con sencillez y espíritu cristiano en un entorno exigente y cambiante. A ellos acudían también para compartir las dificultades de un mundo profesional donde no siempre era fácil decidir bien.
Su vida ha pasado por etapas de prosperidad económica y otras de mayor estrechez, pero la Obra —dice Olga— “siempre estuvo en el centro” de su vida y de la de su familia.
Hoy, ya mayores, la dedicación principal de Olga es cuidar a su marido, cuya salud requiere más paciencia y atención que en los años de intensa actividad profesional. Lo hace con la misma serenidad con la que ha afrontado todo lo anterior: una vida discreta, llena de fe, familia… y cine.
