
La tarde del 26 de junio, numerosos fieles se congregaron en la iglesia María Reina del Mundo, en San Pedro Sula, para participar en la Santa Misa con motivo de la fiesta de San Josemaría Escrivá. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de la ciudad, Mons. Miguel Lenihan.
La iglesia, adornada para la ocasión con flores y una imagen de San Josemaría, acogió a numerosas familias, jóvenes y amigos. Concelebraron varios sacerdotes, unidos por su aprecio a quien es conocido como el "santo de la vida ordinaria". Entre los asistentes también había personas que se acercaban por primera vez para conocer el legado del fundador del Opus Dei.
En la homilía, Mons. Lenihan recordó que los santos son un don de Dios para la Iglesia y un reflejo de su luz. Destacó que la principal misión de San Josemaría fue recordar una verdad siempre actual: todos los bautizados están llamados a la santidad, también quienes viven en medio del mundo, a través de su trabajo, su vida familiar y sus relaciones cotidianas.

Asistentes a la misa en San Pedro Sula
«La santidad no es algo reservado a unos pocos», señaló el arzobispo. «Es una llamada que llega a cada uno en la oficina, en el taller, en el aula o en el hogar». Asimismo, animó a los presentes a pasar del conocimiento de esta verdad a vivirla personalmente, descubriendo la alegría de saberse hijos de Dios y afrontando cada circunstancia con la confianza de quienes saben que Dios acompaña siempre a sus hijos.
Al concluir la celebración, muchos fieles permanecieron compartiendo con familiares y amigos. La fiesta dejó renovado el deseo de vivir con mayor fidelidad la llamada a la santidad en la vida ordinaria, un mensaje que San Josemaría sigue difundiendo en San Pedro Sula y que continúa dando fruto en quienes buscan encontrar a Dios en las circunstancias de cada día.