Covid-19: el Prelado escucha testimonios de profesionales de África, Europa y América

Mons. Fernando Ocáriz participó en la segunda edición de “Harambee Covid-19 Conversations”, una serie de coloquios entre profesionales de la salud de África y de otras regiones del mundo azotadas por la pandemia.

En esta ocasión, el tema fue “Las respuestas cristianas a la pandemia”. Dialogaron ocho profesionales de la República Democrática del Congo, Argentina, Costa de Marfil, Italia, Nigeria y España, reunidos por la ONG Harambee-Africa International.

“Gracias por vuestras reflexiones e informaciones –dijo el Prelado en el saludo final a los participantes- y gracias especialmente por vuestro trabajo de servicio a los enfermos y a sus familias. Se aprende mucho escuchando vuestras experiencias. Se nota que habéis buscado la salud corporal de los enfermos, que es muy importante, pero también que habéis llevado dignidad a tantas personas, habéis transmitido el amor de Dios a muchos enfermos y familiares”.

“Habéis transmitido el amor de Dios a muchos enfermos y familiares”

Por parte de Costa de Marfil participó la doctora Rose Segla, ginecóloga del Centro Médico-social Walé, en Yamoussoukro. Explicó que “la mayoría de los casos de Covid-19 están en Abidjan, al sur del país, donde solo se puede acceder o salir de la ciudad con un salvoconducto”. Para la doctora, un punto clave es facilitar los cuidados a personas que han perdido su trabajo o sus fuentes de recursos: “En nuestro país –señaló- los cuidados médicos son caros, y hay enfermedades endémicas como el paludismo, que hay que seguir tratando. Walé y otras instituciones de ideario cristiano intentan ayudarles reduciendo los gastos de las consultas, los análisis y las medicinas”.

Desde Argentina estuvo presente Rafael Aragón, directivo del Hospital Solidario Covid Austral, un centro constituido para la acogida de pacientes de coronavirus sin acceso a la sanidad, por falta de recursos económicos. Para el Secretario General del Hospital Universitario Austral, algunos de los valores fundamentales de un centro sanitario de identidad cristiana ante una crisis como esta son “la solidaridad, la compasión, la vocación de servicio y la responsabilidad social para con los más necesitados”. Esos fueron “los valores que movieron a muchas personas y favorecieron las ayudas individuales e institucionales para hacer posible un proyecto de esta envergadura”.

Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, escucha algunos relatos sobre el Covid-19.

"Nunca dejaremos solos a los pacientes"

Ito Diejomaoh es el director del Hospital de la Fundación Níger en Enugu (Nigeria). Explicó que “por el momento, la mayor tasa de infección se está produciendo entre médicos y enfermeros y muchos tienen miedo”. Comentó que el departamento de emergencias del hospital se encontraba bajo presión y en ocasiones había surgido la tentación de cerrarlo: “Sin embargo, la respuesta del personal fue unánime: nunca dejaremos solos a los pacientes". El doctor añadió: “Seguiremos tomando todas las precauciones posibles, pero queremos tener a gala el enfoque que nos ha dejado san Josemaría, inspirador del hospital: poner a la persona en el centro”.

La neuróloga María Sánchez-Carpintero se conectó desde el Hospital Universitario Infanta Elena, de Madrid, uno de los primeros centros públicos de España al que llegaron enfermos con el virus, donde trabaja como médico. La doctora resaltó la “capacidad de entrega que he visto en mis compañeros”. Además de la profesionalidad, entre los médicos salía natural dedicar mucho tiempo a “al acompañamiento de los pacientes sin familiares, más allá de las curas imprescindibles”. También relató cómo, en muchos casos, ella y otros colegas acompañaron a pacientes en el trance de la muerte, “tomándoles de la mano, hablando con sus familiares, haciéndoles una señal de la Cruz en la frente u otras señales que les hicieran sentirse acompañados”.

De la República Democrática del Congo participó la doctora Nicole Muyulu, enfermera de formación y docente del Instituto Superior de Ciencias de la Enfermería (ISSI), en Kinshasa. Recordó que el Covid-19 es un problema muy real y presente en el Congo, pero “aprenderemos a vivir con él, al igual que vivimos con la malaria y tantas otras enfermedades. De vez en cuando, hay y habrá crisis. Lo que queremos transmitir a nuestros estudiantes y a todas las enfermeras es que nunca deben abandonar a los enfermos, pues el servicio que les prestan es indispensable para la sociedad”. Ese es un “factor clave en un centro educativo de inspiración cristiana”.

Por parte de Italia, el país europeo más golpeado al inicio de la pandemia, habló Felice Agrò, director de la Unidad Covid-19 del Policlínico Universitario Campus Bio-Medico de Roma. Contó cómo algunos pacientes se encontraban desanimados y afrontaban su pronóstico con pesimismo. Junto a la recuperación física, el personal de la Unidad Covid-19 trabajó también en el acompañamiento anímico: “De uno supimos que su plato preferido era la pasta amatriciana, y en cocina le prepararon un buen plato; a otro le compramos unas gafas, pues las había perdido… Junto a estos detalles humanos, la mayoría encontraron mucho consuelo cuando organizamos las cosas para que el sacerdote acudiera a visitarlos con la Eucaristía”.

Ana María Pérez Galán representaba al equipo directivo de Laguna, el mayor hospital especializado en cuidados paliativos de España y el segundo de Europa, surgido en 2002 con ocasión del centenario de san Josemaría Escrivá. Pérez Galán resaltó que “en esta pandemia, muchos de nuestros pacientes eran los enfermos excluidos, los que nadie quería en los hospitales generales porque sus opciones de curarse del Covid-19 eran remotas”.

“Nos esforzamos también por dar a la atención un rostro humano”

Durante todo este tiempo, continuó, “también hemos atendido a sus familias, para que nadie muriera solo”. Para ello, “hemos desarrollado soluciones creativas, en las que el centro era siempre la persona enferma. Ha supuesto un gran esfuerzo de todo el equipo, pero ha merecido la pena”. La respuesta cristiana en Laguna – añadió Pérez Galán- “ha sido amar a cada persona viendo en cada una la imagen viva de Cristo”. En el trabajo de estos meses fue fundamental la generosidad de tantos voluntarios como Inés, “una estudiante de medicina que había contraído el Covid y que, una vez superado, se dedicó con alma y cuerpo a la atención de los enfermos, durante 7 u 8 horas diarias”.

Los participantes de diversos continentes comparten experiencias.

También participó desde Kinshasa (República Democrática del Congo) el doctor René Lumu Kambala, padre de seis hijos, especialista en medicina de urgencias y actualmente director del Hospital Monkole. Contó que el Hospital empezó a recibir pacientes de Covid-19 hace dos meses a petición de las autoridades del país. “Abrimos el centro de tratamiento de esta patología – especificó- con 25 camas y muy rápidamente aumentamos a 32, incluyendo 8 camas de cuidados intensivos; dada la situación actual esperamos aumentar a 45 en las próximas semanas. Actualmente tenemos 126 pacientes confirmados”. Señaló que, “como cristianos, atendemos a estos pacientes con profesionalidad, les proporcionamos lo necesario para su curación; pero nos esforzamos también por dar a la atención un rostro humano, porque el paciente no es un caso sino una persona que quiere ser escuchada. Esto es muy apreciado por todos los pacientes: quieren ser considerados como hermanos”.

En el saludo final, Mons. Fernando Ocáriz se refirió a la expresión que usaba san Josemaría –en cuyo mensaje se inspira la ONG Harambee- cuando afirmaba: “¡Veo bullir en vosotros la Sangre de Cristo!”. Para el Prelado, ahí se encuentra la raíz del servicio desinteresado del cristiano: “Ver a Cristo en el otro, en el enfermo, en su familia, en cada persona con la que entramos en contacto”.

“Mientras hablabais –añadió- me venía de nuevo a la cabeza la reflexión del Papa Francisco en aquel momento extraordinario de oración por la pandemia del pasado 27 de marzo, cuando nos recordaba que todos estábamos en la misma barca, frágiles pero importantes y necesarios, necesitados de confortarnos mutuamente”. Todos importantes porque “cada persona es imagen de Cristo”.