Vistalegre, la sala de estar más grande del mundo

Sábado, 18 de mayo. 19.00 h. Se abre el telón. Este es el marco: una plaza de toros multiusos convertida en sala de estar. Madrid, al fondo. Y un avión rojo surcando los cielos en formato alegría XXL. El encuentro de los asistentes a la beatificación de Guadalupe con el Padre ha sido una performance de agradecimiento.

Álbum de fotos (Flickr)

Todo empieza con unas palabras de don Fernando hablando de Guadalupe, de alegría, de dar gracias a Dios. Y de la necesidad de entender para siempre que lo que ha sucedido esta mañana es una llamada: “La santidad no es una utopía para la gente normal. Está al alcance de la mano con la gracia de Dios”.

Y de pronto, un mago toma el micrófono. Santiago de la Puente González-Aller es el Mago Numis. Tiene 23 años y muchas ganas de fiesta. Su especialidad es hacer trucos con monedas. El sueño para cualquier crisis económica… El caso es que hoy ha estado ante su aforo más numeroso en este Palacio de Vistalegre-Arena y ha venido a amenizar este encuentro intergeneracional, universal y festivo organizado para celebrar la beatificación de Guadalupe. Sobre las tablas hemos visto su pasión por sembrar las calles del mundo por las que pasa con humor y espectáculo con el lenguaje de la magia.

El público está en el bolsillo.

Alegría y amistad

Los presentadores del evento dan entrada a Luis. Luis Cruz es sacerdote. Sobrino nieto de Guadalupe Ortiz de Landázuri. Nieto de Eduardo Ortiz de Landázuri. Para él, la nueva beata es “su sonrisa inolvidable”, una relación festiva con Dios, empuje, horizontes amplios para ella y para todas las mujeres que ha tenido cerca a lo largo de su vida, capacidad de amistad… Al menos así la recuerdan en casa. Cuenta que toda la familia de Guadalupe está viviendo estos días con una alegría especial. Lógico.

“Guadalupe –dice Luis– era una mujer con muchas amigas a las que cuidaba. Te animaba a soñar. A llenar tu corazón de ilusiones. Era su manera de reflejar la vida de Dios que llevaba muy dentro”. Y sobre esta cuestión de amistad-alegría-viento fresco para el mundo ha ido su pregunta. El Padre responde: “La auténtica amistad es verdadero apostolado, porque expresa el deseo de bien a los demás”.

Después pasamos a África. Nigeria. Anjelica recuerda el interés de Guadalupe por el desarrollo social. Aplaude la iniciativa de Harambee de financiar cien becas para científicas africanas en los próximos diez años con motivo de la beatificación. Mujer, ciencia, progreso, mundo. Pregunta: ¿Cómo podemos vivir las personas con recursos teniendo muy presente a los que no tienen?

Don Fernando anima a los asistentes a vivir sobriamente. Primero: recoger el bolsillo, huir de lo superfluo y desprendidos de las cosas materiales. Porque eso genera una actitud en el alma que lleva a colaborar con los demás, a salir a las calles, a tender las manos. A implicarse por la vía de los hechos.

Alegría y México

Aparece un cactus sobre el escenario. ¡Un cactus con pinchos y piernas! Es la señal de que conectamos con México. ¡Buenas tardes, México! Al otro lado de las pantallas le recuerdan al Padre que en 2020 hará 50 años de la visita de san Josemaría a México y de aquella Novena a la Virgen de Guadalupe. “No es por presionar, pero igual es un aniversario redondo para que venga a vernos”. Aplausos fuertes.

Y después, se lió en la pista de Vistalegre al ritmo de Canta y no llores. Mariachis allí. Mar de brazos, aquí. Madrid-México a la distancia de dos salas de estar conectadas por wifi.

Así era el fondo del encuentro con el prelado del Opus Dei en el Palacio de Vistalegre-Arena

Entra Teresa Navarro. 20 años. Viene de San Sebastián. Joven y brillante. Estudia un grado de gastronomía en el Basque Culinary Center, porque hace ya unos años decidió que iba a dedicar su vida a servir a los demás como numeraria auxiliar y como masterchef para la gente de su familia. Pisa fuerte con el argumento de su vida sobre los tópicos que miran con recelo los trabajos del hogar, precisamente en un mar de sentimientos que vienen, sentimientos que van, corrientes que pegan y corrientes que arrastran. A ella le arrastra la vida coherente y feliz de Guadalupe.

El Padre le habla de que “la libertad guía más a las personas que el entendimiento”. Propone como estructura vital el amor, “que no es un sentimiento, sino una decisión libre de la voluntad, a la que a veces acompaña el sentimiento”. Entre el Padre y Teresa se abre un diálogo a escala: “Fórmate, estudia, ten ideas claras, y fortalece tu libertad” para que, por los mares del mundo, entusiasmantes, la nave llegue a buen puerto.

Alegría y cruz

Habla Teresa Robles, junto a su marido, Íñigo. 21 años casados. Siete hijos. Dos de ellos con discapacidad y el último, Josemaría, con síndrome de Down y una leucemia. Duele, pero Teresa y su marido son un ejemplo de que aceptar la realidad y sobreponerse a las dificultades lógicas siembra frutos positivos que nunca se imaginaron. Josemaría es el protagonista de una cuenta de Instagram (@ponundownentuvida), con más de 25.000 seguidores. De esa red surgen peces: historias de gente que veían el Down desde abajo, y que, gracias a este pequeño influencer han empezado a mirarlo en modo up. Arriba.

El Padre les mira. Les admira, se nota. Le agradece su ejemplo, su entereza, y su afán por aprovechar una cruz para sembrar alegría. En casa. En las redes. En el mundo. A la intervención, responde el Padre: “No nos gusta el dolor, pero cristianamente vemos en el dolor una oportunidad para unirnos a la Cruz de Cristo”. Un poco más adelante: “Se puede sufrir. Se puede llorar. Pero estar triste, no. La fe en Dios, que nos quiere contentos, nos dice que esa actitud es absurda”.

Ana vive en Madrid. Ha leído las cartas de Guadalupe a san Josemaría y se ha quedado prendada de su naturalidad, su conexión, su ilusión, su valentía y su felicidad. Ella quiere eso para siempre en su vida, y además quiere transmitirlo con autenticidad a las generaciones futuras.

Acaba el encuentro hablando de alegría. El Padre: “La alegría que sentimos ahora hay que mantenerla. Siempre hay motivos, a pesar de las dificultades. Dios nos quiere contentos”.

Ese es el clima. Se cierra el telón. Una hora larga muy corta. Decenas de nacionalidades. Mucha gente de aquí, de allá. De piso y de campo. Mujeres, hombres. Niños y niñas. El Opus Dei en el ruedo, toreando la fiesta de Guadalupe. Dos orejas. Un rabo. Y fin.