Rezar es hablar con Dios, y se aprende poco a poco, como ocurre en una amistad, en la que la confianza crece con el trato. No hacen falta fórmulas ni experiencia previa. Esta guía está pensada para cualquier persona que quiera acercarse a la oración, tanto quien ya cree y desea cuidar más su relación con Dios como quien está buscando. Tampoco es necesario ponerlo todo en práctica desde el primer día.
En este artículo encontrarás:
- Antes de empezar: qué es rezar
- El primer rato de oración, en seis pasos.
- La oración en el día a día
- Cuando cuesta
- Una propuesta para la primera semana.
- Para profundizar
Antes de empezar: qué es rezar
Rezar es hablar con Jesús como se habla con alguien que nos quiere. No exige palabras especiales ni una concentración perfecta. Es contarle la propia vida, escuchándole y, a veces, sencillamente estar con él en silencio, mirándole.
El Papa León XIV ha recordado que, en una época en la que la ciencia y la técnica parecen tener respuesta para todo, rezar puede verse como una forma de evadirse. Sin embargo, la oración es una dimensión fundamental de nuestra humanidad y «merece volver a ser descubierta en su verdad» 1.
El Papa Francisco lo explicaba con una imagen: «quien reza es como el enamorado» 2 , que lleva a la persona querida en el corazón allá donde va. Por eso la oración tiene cabida en cualquier jornada actual.
Para empezar, conviene tener presentes tres claves. La fe, porque Dios está siempre presente, te ve y te escucha. La apertura, porque se trata de pasar un rato con el mejor de los amigos, para hablar y también para escuchar lo que él quiera decir. Y el amor, porque él nos quiso primero, y de ahí nace el deseo de buscarle.
El primer rato de oración, en seis pasos.
Estos seis pasos pueden servir de guía para el primer rato de oración. Diez minutos son un buen punto de partida, aunque cada uno puede dedicarle el tiempo que pueda: algo menos al principio, o más a medida que se le va tomando gusto. El vídeo los recoge de forma resumida, ya continuación se explican uno a uno.
- Elegir un momento y un lugar. Puede ser por la mañana, antes de empezar la jornada, a mediodía o al terminar el día. El lugar puede ser la propia habitación, una iglesia o un banco del parque. Si hay una capilla cerca, mejor todavía, porque allí está Jesús realmente presente en el sagrario.
- Reservar un tiempo. Diez minutos, por ejemplo, son menos del 1% del día. Un temporizador y activar el modo «no molestar» en el teléfono ayudan a que ese rato sea solo para Dios.
- Ponerse en presencia de Dios. Hacer silencio, por fuera y por dentro, y decirle «Señor, estoy aquí». También puede rezarse la oración que comienza «Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí».
- Contarle el propio día. Lo que alegra y lo que pesa, lo que ha salido bien y lo que no, la familia, el trabajo, los planes. A Dios le agrada que se lo contemos, aunque ya lo conozca. A quien no sabía de qué hablar en la oración, san Josemaría aconsejaba hablar «De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos…» (Camino, n. 91).
- Leer y escuchar. Leer unas líneas del Nuevo Testamento o de un libro de espiritualidad cristiana da pie a la conversación. Después, uno puede preguntarse qué le ha llamado la atención, qué relación tiene con la propia vida y qué le está diciendo Dios. Anotarlo ayuda a no olvidarlo. Conviene dejar también un momento de silencio, porque Dios habla «como un susurro de brisa suave» (1R 19,12).
- Despedirse. Darle gracias por ese rato, pedirle que te acompañe el resto del día y concretar algo para mejorar ese mismo día.
Si en algún momento no sabes qué decir, lo más sencillo es decírselo así a Dios. San Josemaría aseguraba que quien empieza diciendo «Señor, ¡que no sé hacer oración!» ya ha empezado a hacerla (cfr. Camino, n. 90).
La oración en el día a día
La oración no termina cuando suena el temporizador, sino que continúa en la calle, en el trabajo, en el estudio o en el transporte. A Dios se le encuentra hoy, no ayer ni mañana, y todo lo que sucede a lo largo del día puede convertirse en conversación con él 3.
Para mantener viva esa conversación, sirven frases breves que pueden decirse en cualquier momento y lugar. Estas son algunas situaciones y lo que se le puede decir a Dios en cada una.

- Al empezar el día: «Señor, este día es tuyo. Acompáñame».
- Cuando algo alegra: «Gracias, esto viene de ti».
- Cuando algo cuesta o asusta: «Ayúdame, yo solo no puedo».
- Ante un pensamiento de rabia o amargura: «¿Dónde estás, Señor? ¿Y hacia dónde voy yo?».
- Al cruzarse con alguien que sufre: «Señor, cuida de esta persona».
- Ante alguien que cae mal o ha hecho daño: «Te pido por él. Enséñame a mirarle como tú».
La oración transforma a quien reza, porque calma el enfado, sostiene el cariño, multiplica la alegría y da fuerza para perdonar. También da valentía, ya que los problemas dejan de ser obstáculos y se convierten en ocasiones de encuentro con Dios. Y abre a los demás, porque se reza por los propios, por quienes no se conoce y también por quienes cuesta querer 4.
Cuando cuesta
Que la oración cueste es normal y no significa que se esté haciendo mal. Hay dificultades que todos podemos experimentar, sobre todo al principio, y que forman parte del camino de la oración.
A veces parece que «no sentimos nada» y hay días en los que, sencillamente, no nos apetece rezar. Pero la oración no se mide por lo que se siente, y aunque no se nota, algo está sucediendo. Es suficiente con decirle a Dios que se quiere estar con él. Perseverar entonces es señal de amor verdadero, y más vale cinco minutos cada día que una hora al mes.
Otras veces la cabeza se va a otra parte. Cuando uno se da cuenta, puede volver a la conversación con Dios sin agobiarse, tantas veces como haga falta. Si la distracción es una preocupación, puede convertirse en tema de oración. También ocurre que uno no sabe qué decir. En ese caso, se puede leer algún fragmento del Evangelio, escribir en una libreta o en el teléfono.
Puede pasar, además, que uno se haya alejado de Dios y le dé vergüenza volver. No hace falta esperar a ser perfecto, porque Dios mira siempre con ternura y sale al encuentro de quien vuelve, y en la confesión espera con los brazos abiertos. Tampoco es necesario compararse con quienes parecen rezar mejor, porque para Dios cada persona es única.
Lo que cuenta es intentarlo y volver a intentarlo, sin desanimarse. Los frutos de la oración se descubren en detalles pequeños, como recordar en el trabajo algo que se habló con Dios o pensar ante un acontecimiento del día «esto se lo cuento luego en la oración». Así, poco a poco, la oración se va convirtiendo en una conversación continua con Dios, y uno aprende a ser contemplativo en medio de las ocupaciones de cada día.
Una propuesta para la primera semana.
Para quien quiera dar el paso, aquí va una sugerencia que puede ayudar a convertir la oración en un hábito: diez minutos cada día durante una semana, con una pequeña idea distinta para cada jornada. Cada uno puede adaptarla a su ritmo.
El primer día se pueden seguir los seis pasos y contarle a Dios cómo ha ido el día. El segundo, lee un pasaje breve del Evangelio y quédate con una sola frase. El tercero, darle las gracias por tres cosas concretas de la jornada. El cuarto, rezar por alguien con nombre y apellidos, y quizás también por una persona con la que cuesta la relación. El quinto, además de esos minutos, dirigirse a Dios en algún otro momento, por ejemplo, al hacer deporte, en un rato de descanso o en casa. El sexto, si es posible, hacer el rato de oración delante de un sagrario. Y el séptimo, repasar la semana con él y, si se desea, buscar una hora fija para la siguiente.
Si algún día no logras tener ese encuentro con Jesús, no pasa nada, porque se puede retomar al día siguiente donde se dejó. Cada intento cuenta, y Dios espera siempre.
Para profundizar
- Las claves de la oración en la vida cotidiana — catequesis del Papa Francisco, 10 de febrero de 2021.
- Un rato de oración: hablar con Jesús — texto para rezar acompañado, con la oración inicial y la final.
- ¿No sabes cómo rezar? Guía paso a paso — guía multimedia con los pasos y las dificultades.
- ¿Rezar? Si sabes mandar audios de 5 minutos, sabes — guía breve con consejos prácticos.
- Conocer a Jesús — quién es el amigo con el que se va a hablar.
- Para rezar — página con todos los recursos, audios y listas de reproducción.
1 León XIV, audiencia general, 5 de agosto de 2026.
2 Francisco, audiencia general, 10 de febrero de 2021.
3 Cfr. ibíd.
4 Cfr. ibíd.
