Quiero agradecer la curación, para mí milagrosa, de una epilepsia esencial —con marcada huella en el lóbulo temporal izquierdo—. El favor de esta curación lo obtuve por medio de la intercesión del Venerable Ernesto Cofiño.
Padecí epilepsia en el lóbulo temporal. En mi caso, epilepsia fronto-parietal. Este tipo de convulsión implica alteraciones temporales que, a menudo, consisten en variados cambios en el comportamiento de una persona. Estas alteraciones se originan a raíz de patrones de actividad eléctrica anormales en el cerebro. Me percaté de esta condición en 1998 cuando me hice el primer electroencefalograma, y en ese mismo año comencé con la ingesta de medicamentos. En realidad, esta condición patológica la tenía desde mi nacimiento, pero nunca me di cuenta de ello.
Durante 17 años visité a varios neurólogos, psicólogos y psiquiatras.
El daño ocasionado por esta cuestión neurológica se fue incrementando y se hizo acompañar —en el estado psíquico, físico y emocional— de manifestaciones muy graves. Durante 17 años visité a varios neurólogos, psicólogos y psiquiatras. Siempre se me administraron fuertes dosis de medicamentos, y mi tolerancia a los fármacos cada vez iba en aumento.
Antes de mi último diagnóstico, por recomendación de un sacerdote, comencé a pedirle al Dr. Ernesto Cofiño mi curación. A los dos meses de estar pidiendo la completa curación, mi fe en la intervención del Dr. Cofiño se empezó a incrementar. Llegó el momento en que sí creí que me podría curar.
En realidad, solo pedí dos meses por la curación y ésta se llevó a cabo. El último neurólogo al que asistí expuso que mi enfermedad podría estar controlada. Aunque me solicitó que tuviera paciencia, puesto que esto sucedería en años de tratamiento continuo. Antes de mi curación, yo tomaba todo tipo de medicamentos en dosis muy altas.
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Una mañana de finales de enero de 2015 sentí que estaba curada, y esa convicción me llevó finalmente a no necesitar más fármacos. Fue entonces cuando me di cuenta de la intervención especial del Dr. Ernesto Cofiño.
Actualmente, han pasado 8 años desde ese día y no padezco ninguna de las alteraciones ya mencionadas, ante las cuales vivía sometida y prácticamente muerta en vida. Me desempeño como maestra universitaria; llevo una vida completamente nueva, muy alegre y apreciando todo lo que vivo.
Por este testimonio quiero agradecer al Dr. Cofiño mi completa curación.
C. M. Z. Z. – México
- Biografía. Ernesto Cofiño: una vida al servicio de los demás.
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