Lidia vive hoy en Copachilaia, una comunidad boliviana desde la que se ve el lago Titicaca ubicada a 4 000 metros sobre el nivel del mar. Luego de varios años en La Paz, volvió a su pueblo de origen para cuidar a su madre. Allí sigue haciendo el Opus Dei, sirviendo a las personas de su comunidad y experimentando de un modo nuevo que la Obra es una familia que atraviesa fronteras.

Fue en una parroquia donde conocí a Jesús, donde tuvo lugar mi primer encuentro con Dios. Y después me fui a preparar para hacer la Primera Comunión a la ciudad de La Paz. Conocí la Obra de esa forma.

Desde que conocí a Dios, ese día en que por primera vez entré a una iglesia donde había un Sagrario, desde ese momento, yo no dejé de pensar en Dios.

Cuando pedí la admisión tenía 23 años. Me planteé la vocación viendo a las otras numerarias auxiliares, pero no tenía una amiga en concreto, una numeraria auxiliar que me ayudara o que me orientara o me animase.

“La Obra es una familia. ¿Por qué digo esto? Porque siempre hay alguien que se preocupa por una”

Pedí ser de la Obra y me dijeron que no, que no podía ser de la Obra. Tienes que pensártelo bien, me dijeron. Y yo dije: pero, ¿por cuánto tiempo? Porque yo ya estoy decidida, y me dijeron que podía esperar un tiempo, que había que golpear la puerta muchas veces. Yo pienso que me han debido decir así para que yo esté más segura de mi misma y de la decisión que iba a tomar.

Una cosa que aprendí desde chica es a ser sincera, a ser leal a los demás. Esa sinceridad que me inculcaron mis padres me sirve en la Obra, porque a todos nos viene bien decir siempre la verdad, porque eso nos ayuda a ser fiel tanto en el trabajo, como en la Obra, o en la familia, en el ambiente donde estás.

Ser numeraria auxiliar es servir a los demás. No solo es servir a los demás, sino servir a Dios y después, por amor a Dios, a los demás, vivir por los demás. Yo me he sentido también muchas veces servida y ayudada por las demás. Es lindo servir, es lindo preocuparnos de los demás.

Mi decisión para venir a cuidar a mi madre fue necesaria. Me ha costado mucho dejar la vida en familia, el vivir con las demás, el estar con las demás, el bromear, el trabajo, los horarios. La verdad es que me ha costado dejar eso para poder dedicarme a cuidar a mi madre. Pero estando en el campo, cuidando a mi madre, es como que se me abrió un campo diferente, distinto a lo de siempre, a lo que he vivido siempre en la ciudad. Me han elegido primeramente como catequista y me han nombrado autoridad sindical. Estoy aprendiendo, estoy en ese aprendizaje, y también he pedido a la comunidad que me ayude.

La Obra para mí es una familia. Sí, uno extraña la Obra cuando estás lejos. Yo la verdad que extraño mucho, y más que todo la vida en familia. Aunque a veces no se vea, no se note, aunque a veces uno no lo siente, pero en realidad es una familia. ¿Por qué digo esto? Porque siempre hay alguien que se preocupa por una.