Roma, 25 de junio 2026
Queridísimo Ignacio: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos de la región del Caribe!
Os escribo estas líneas al tener noticia del terremoto en Venezuela. Os tengo a todos presentes de manera muy particular en mi oración, pidiendo al Señor que os conceda fortaleza y serenidad en estos momentos de tanta incertidumbre. Aunque la distancia física sea grande, estamos muy unidos por la Comunión de los santos: contáis con la oración de toda la Obra.
Pido a María Santísima por los fallecidos, por los heridos y por los que permanecen desaparecidos. Acudamos a la intercesión de nuestra Madre, consuelo de los afligidos, para que llene de paz los corazones de tantas familias que han sufrido las consecuencias de esta catástrofe.
Ante las contrariedades que podáis experimentar durante estas jornadas, os animo a transmitir fe y esperanza a las personas que os rodean. Es normal que, humanamente, no entendamos por qué suceden estas cosas; pero el Señor sabrá transformar todo este dolor en frutos de amor. Se os presenta así una oportunidad de abandonaros en las manos del Señor —que es un Padre infinitamente misericordioso— con la seguridad de que todo concurre al bien de los que le aman.
Pido a nuestro Padre, cuya fiesta celebramos mañana, que cuide de vosotros y de vuestros hogares, para que seáis sembradores de paz y de alegría ante tanto dolor.
Os quiere, os recuerda continuamente y os bendice,
Vuestro Padre,
Fernando

