Una fiesta con invitados de todo el mundo

Una beatificación es una celebración familiar para reunirse en torno a la fe y al testimonio de santidad de una persona. Como el Opus Dei es una gran familia, fueron muchas personas de distintos países las que quisieron estar en Madrid. Entre las 11.000 personas de 60 nacionalidades, acudieron 80 chilenos. Algunos de ellos compartieron sus vivencias desde la capital española.

Opus Dei - Una fiesta con invitados de todo el mundoA una semana de la Beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, algunos testimonios de chilenos que viajaron a Madrid.

¡Vaya mi sorpresa!

“He venido a la beatificación de Guadalupe con gran orgullo y cariño por esta mujer tan sencilla, quería acompañarle, aprender más sobre ella, pero ¡vaya mi sorpresa! Porque ha sido ella quien me ha descalabrado y sorprendido, pues a través de este peregrinar he sentido a Dios vivo dentro de mí. ¡Bendita Guadalupe! Gracias pues me lleva no solo cerca de Dios, sino que ha entrado en mi interior de tal modo que sólo deseo recogerme en oración para estar a solas con Él”. Nancy Ruiz

Nancy Ruiz, extiende dichosa nuestra bandera en Vistalegre Arena

Dios sigue actuando en la historia

“La beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri ha constituido un resello a una característica central del espíritu del Opus Dei: su carácter laical. Ella ha sido la primera laica en ser beatificada. Ver 11 mil personas de todas las razas y países, vibrando al unísono, hizo brotar varias lágrimas y escalofríos por la espalda, y dar gracias por haber podido estar en una ceremonia a la vez solemne y familiar, íntima y festiva, que llena de esperanza porque pudimos palpar cómo, a través de Guadalupe, Dios sigue actuando en la historia”. Jorge Peña

Vista panorámica de Vistalegre Arena el día 18 de mayo

Un ejemplo de que todos podemos ser santos

“En Vistalegre, Guadalupe se sintió en todo momento. Fue muy emocionante cuando descubrieron su foto y aplaudimos sin parar, por mucho rato. Nos emocionó pensar que era un ejemplo claro de que cada uno de nosotros podemos ser santos: en nuestro trabajo, en lo que nos apasiona, sin dejar nada de lado. En todo nos espera Dios y Guadalupe es prueba de eso.
Como matrimonio le hemos encargado desafíos muy importantes y nos ha mostrado claramente su intercesión. Nos ayuda a ir viendo qué es lo que Dios quiere que hagamos.
La beatificación increíble, 11 mil personas rezando por lo mismo. Una verdadera fiesta de familia, de la Iglesia, Iglesia joven e Iglesia viva”.
María José Estévez y Gustavo Johnson

María José Estévez y Gustavo Johnson, en primer plano, durante la beatificación de Guadalupe.

¡Mira la que has organizado, Guadalupe!

“Todo superó las expectativas, fácil seríamos unas doce mil personas, de sesenta y tantos países del mundo, nos sentíamos una gran familia, a veces sin entender el idioma, pero con una gran complicidad en las sonrisas y la amabilidad. Fue notorio el contraste entre el bullicio y jolgorio que teníamos y el silencio y piedad en cuanto comenzaron a entrar los celebrantes.
El momento más emocionante fue después de leer el decreto del Papa en el que se la nombra Beata, desató un aplauso larguísimo mientras un coro precioso cantaba el Christus vincit, Christus regnat..., a la vez que se descubría una gigantografía de la ya Beata Guadalupe.
La verdad es que yo la miraba y le decía interiormente: ¡mira la que has organizado, querida Guadalupe!”. María Dolores Fernández

María Dolores Fernández junto a otras chilenas en el encuentro con el Prelado, Mons. Fernando Ocáriz.

La santa de la normalidad

“Quisiera compartir la alegría que se vivió en la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, virtud que la caracterizaba. La santa de la normalidad, como la llamó el Santo Padre Francisco, supo transformar hasta la cruz más pesada en motivo para crecer en santidad, viviendo el espíritu del Opus Dei. Por su intensa vida de oración y amistad con Jesucristo, su celo apostólico no tenía descanso y entregaba a cada persona una amistad fiel y cercana; siempre preocupada de las necesidades de cada una. Es motivo de esperanza saber que la santidad está al alcance de todos los que se empeñen en amar a Dios como lo hizo Guadalupe”. M. Ligia Tchobanian

M. Ligia Tchobanian junto a su marido

Guadalupe: alumbra los caminos para llegar Dios

Para mí lo más impresionante fue cuando la imagen de Guadalupe cayó desde lo alto porque ahí me di cuenta en verdad que estaba en su beatificación, una numeraria del Opus Dei, una persona totalmente normal. Lo que me llegó al corazón fue cuando el Prelado dijo que Guadalupe era un candelero que alumbra a todos el camino para llegar a Dios”. José Johnson

José Johnson junto a varios miembros de su familia

¡Y yo tan contenta!

“Vivo en Madrid desde hace un tiempo. Durante estos días he tenido muy presente una de las frases favoritas de Guadalupe, recogida en Letras a un Santo: “Y yo tan contenta”. Lo que más me ha gustado y emocionado ha sido el ambiente de familia y cariño durante la beatificación y del encuentro con el Padre. Ojalá podamos tener otra beatificación porque estos acontecimientos traen muchos frutos”. Titi Sahli

Titi Sahli, junto a su familia, esperando entrar al Palacio Vistalegre de Madrid.

Aceptar como bueno todo lo que suceda

“El mejor testimonio de haber vivido la beatificación es el deseo profundo de ser santa. Y con ello, el propósito que me llevo a Chile, inspirado en el secreto de Guadalupe, de aceptar como bueno todo lo que suceda” Valeria Martínez

Valeria Martínez, a la derecha, junto a Antonia Mc Lean, en Madrid, los días previos a la beatificación