Un viaje sin boleto de retorno

Hace casi un mes, mi hermano y mi cuñada me llamaron para decirme que tenían pensado irse a vivir a España, porque ya no conseguían ni alimentos, ni medicinas, y que no estaban dispuestos a seguir viviendo bajo la presión de una inseguridad tal que les llevaba a desplazarse por las calles de la ciudad para lo netamente indispensable...

Relatos y favores
Opus Dei - Un viaje sin boleto de retorno

Vivo fuera del país donde nací desde hace poco más de seis años. Durante este tiempo, la situación política y económica de mi patria ha empeorado y muchas personas han emigrado a diversos países.

Mi hermano y mi cuñada me llamaron para decirme que tenían pensado irse a vivir a España, porque ya no conseguían ni alimentos, ni medicinas

Hace casi un mes, mi hermano y mi cuñada me llamaron para decirme que tenían pensado irse a vivir a España, porque ya no conseguían ni alimentos, ni medicinas, y que no estaban dispuestos a seguir viviendo bajo la presión de una inseguridad tal que les llevaba a desplazarse por las calles de la ciudad para lo netamente indispensable. Me pidieron que rezara por ellos para que su plan de salida se pudiera llevar a cabo. Como siempre he hecho para los asuntos familiares, comencé a rezar la estampa de don Álvaro por esa intención.

El día de la salida estaba previsto para el sábado 10 de febrero con varias escalas: otra ciudad cercana del país, luego Bogotá y finalmente Madrid… hasta Málaga. En efecto a las cinco de la mañana salieron de su casa rumbo al aeropuerto. Llegaron a su primer destino y allí les notificaron que la salida se había cambiado para el aeropuerto de la capital del país (Maiquetía) y tuvieron que comprar ese boleto, con todo el proceso de colas y esperas…

En un centro comercial, cerca del hotel, le robaron la cartera con pasaportes, pasajes, todo el dinero y lo que llevaba dentro

Al fin salieron a su destino inmediato a eso de las cinco de la tarde y llegaron a Bogotá como a las seis y media de la tarde. A las siete de la noche mi cuñada envió un mensaje: en un centro comercial, cerca del hotel, le robaron la cartera con pasaportes, pasajes, todo el dinero y lo que llevaba dentro. Perdieron el vuelo que tenían reservado para España. Le envíe de nuevo la estampa de don Álvaro y le dije que le pidiéramos ese milagro. Yo empecé a rezar la oración sin parar.

En la mañana del domingo vi un nuevo mensaje de ella en mi teléfono: un señor distinguido decidió ese sábado no llevar el carro al trabajo y se montó por la tarde, al regreso a su casa, en un autobús. Allí vio entonces que una mujer registraba una cartera y se bajó del autobús dejándola en el asiento. La recogió y por los boletos de reserva fue al día siguiente al hotel, con su esposa, a devolverla. ¡Sólo faltaba el dinero! La línea aérea les validó los pasajes y salieron el lunes a las seis de la tarde para Málaga.

Desde marzo de 1994, siempre que he acudido a la intercesión de don Álvaro me ha escuchado

Doy las gracias a don Álvaro porque estoy segura que esa pareja la envió él para aliviar la angustia que sentían mi hermano y mi cuñada, pensando que los tendrían que repatriar. Desde marzo de 1994, siempre que he acudido a la intercesión de don Álvaro me ha escuchado. ¡Muchas gracias!

Sin embargo, el favor no terminó allí. El 24 de febrero mi hermano y mi cuñada consiguieron un trabajo para los dos, cuidando un apartamento de un señor viudo que tiene 89 años. Viven cerca de la playa con todos los servicios, menos la alimentación, aunque puede hacerse allí su comida. Están agradecidos a Dios por la oportunidad de permanecer en España y que les puedan autorizar su residencia en ese país.


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