La base de toda relación sana es la honestidad, no solo en las cosas bonitas o en las fáciles, sino en todo, ya sea feo o difícil. Si queremos crecer en nuestra relación con Jesús, necesitamos ser sinceros con Él.
La sinceridad es la cualidad de ser abierto y veraz. Es una virtud, lo que significa que no es algo que se hace de vez en cuando o solo a veces, sino una cualidad que tratamos de vivir siempre.
Imagínate: tu amigo viene corriendo hacia ti y te dice: «¡Tienes que conocer a este tipo!
Pues eso fue lo que le dijo Felipe a Natanael. Nuestro protagonista, sin embargo, responde con escepticismo:
«¿Quién? ¿Dónde? ¿Alguien de Nazaret? Venga, de ahí no puede salir nada bueno.»
Uno pensaría que Jesús hubiera puesto el grito en el cielo con Natanael, pero no fue así. Jesús incluso lo elogió, porque la sinceridad es algo importante para Dios.
Cuanto más honestos somos con Dios, más fácil nos resulta ser honestos con nosotros mismos y con los demás. Dios es tu Padre y el gran Amigo: puedes hablarle de todo. No te preocupes por parecer ridículo. Dile exactamente cómo están las cosas, porque los amigos se dicen la verdad.
- «Señor, estoy muy cansado. La verdad es que ahora mismo ni siquiera me apetece rezar, pero aquí estoy.»
- «Padre, estoy luchando con la envidia. Sé que no debería compararme con los demás, pero no puedo evitarlo.»
La sinceridad no solo construye relaciones: las transforma, porque resulta atractiva y la gente la respeta. Ser honestos con los demás puede ser difícil. Es normal que queramos ser buenos y que los demás nos vean así. Por eso, a veces queremos mostrar solo lo mejor de nosotros mismos. Ser sinceros con los demás no consiste en grandes declaraciones de honestidad ni en confesar algún secreto enorme; muy a menudo, se trata de las cosas pequeñas.
- «Te dije que estaba a punto de salir, pero la verdad es que sigo en la cama. Llegaré tarde.»
- «Lo que dijiste antes me hizo daño. Sé que probablemente no era tu intención.»
Ser sincero es el suspiro profundo tras aguantar la respiración demasiado tiempo: es descanso, es hogar. Hay un alivio silencioso en dejarse ver. Cuando permitimos que nos conozcan de verdad, invitamos a los demás a hacer lo mismo, y en ese espacio algo cambia. La sinceridad es realmente un superpoder, y bien empleada, transforma situaciones, relaciones e incluso corazones.
En la película Mufasa: El Rey León, Mufasa nunca necesitó demostrar nada ante Sarabi: simplemente era él mismo, y eso era suficiente. Vivir una mentira agota. La verdadera tragedia de Scar no fue perderla a ella; fue perderse a sí mismo.
Sé honesto sobre el estado de tu alma, tus disposiciones, tus vicios e incluso tus virtudes.
San Josemaría solía decir que aquello que más nos pesa, lo que no queremos decir, debería ser lo primero que digamos. Todo tiene solución si nos atrevemos a hablarlo.
Un espejo te muestra una versión de ti mismo, pero nunca la verdad completa. Es un reflejo, invertido y enmarcado, pero no la profundidad de quién eres. La sinceridad es dar un paso más allá del espejo, dejarte ver tal como eres, no solo en destellos, sino en plena verdad. Es la diferencia entre ser visto como una sombra y ser conocido en la luz. Es la paz que experimentamos cuando comprendemos que la verdad, aunque nos cueste, es lo único que verdaderamente nos hace libres.
En resumen:
- Definición: la sinceridad es la cualidad de ser abierto y veraz.
- Santos jóvenes: Jesús elogió a Natanael por su sinceridad, incluso cuando era crítico con la gente de Nazaret (ay...), porque esta virtud es muy importante para Dios.
- Libros y películas: Mufasa: El Rey León muestra lo triste que es cuando alguien se obsesiona con demostrar su valía y acaba perdiéndose a sí mismo en el proceso.
- De san Josemaría: «Actuemos siempre en presencia de Dios de tal modo que no tengamos nunca que ocultar nada a los hombres» (Surco, n. 334). Más aquí.
Consejos prácticos:
- No filtres tus pensamientos cuando hablas con Dios: nunca le parecerás ridículo, y puedes hablarle de todo.
- Suelta el miedo a parecer imperfecto, especialmente con tus amigos. Cuando les permites verte tal como eres, les das permiso para ser ellos mismos también.
- Practica la sinceridad en las cosas pequeñas: «Te dije que estaba a punto de salir, pero la verdad es que sigo en la cama. Llegaré tarde» o «Lo que dijiste antes me hizo daño. Sé que probablemente no era tu intención.»
- Si algo te pesa, compártelo cuanto antes. Todo tiene solución si hablamos y pedimos ayuda.
