Beato Álvaro del Portillo: un riñón sanado, una familia restaurada y un hospital en guerra

El 23 de marzo se cumple un nuevo aniversario de la muerte del beato Álvaro del Portillo. Compartimos tres favores recogidos en el libro “En todas las circunstancias”, de Ediciones Palabra.

“La santidad es la forma más elevada del humanismo. Los santos son las semillas de novedad esparcidas en los surcos de la historia, personas que han realizado en plenitud la perfección del amor y están por ello en condiciones de iluminar la mente de las mujeres y hombres de todo tiempo, encender de nuevo en ellos la fe y derrotado por la desesperación y el dolor. Los santos son apasionados seguidores de la verdad.

Necesitamos todavía centinelas: mujeres y hombres santos”. Con estas palabras el Cardenal Angelo Amato presenta el libro En todas las circunstancias. La intercesión del Beato Álvaro del Portillo”. Los tres relatos que siguen nos muestran cómo esa intercesión se hace presente en la vida de personas concretas, como tú y como yo.


Desaparecieron los quistes

El 19 de noviembre de 2010, nació Magdalena en la ciudad de Ann Arbor, USA. Tal como nos lo habían dicho en los controles prenatales, presentaba una malformación en el riñón izquierdo, que no tenía función renal. De esta manera, el riñón derecho debía compensar para que se mantuviera sana y la preocupación de un trasplante o diálisis desaparecieran. Por razones de trabajo de mi esposo, tuvimos que mudarnos a Connecticut. Fue entonces cuando en uno de los controles renales habituales en el hospital de Yale, nos dijeron que el único riñón sano de Magdalena estaba presentando una proliferación de quistes que no se podían extirpar ni se disolverían por sí solos, así que era cosa de esperar un deterioro en su salud y planificar el curso a seguir. Fue una noticia muy triste para nuestra familia, pero con mucha fe le pedimos a todos nuestros familiares y amigos que rezaran la estampa de don Álvaro por Magdalena. Así lo hicieron.

Al rezar la estampa con mucha fe e insistencia, le pedí que nos hiciera el milagro e hiciera desaparecer en su totalidad los quistes del único riñón. En el siguiente control, el médico, luego de la ecografía renal rutinaria, habló con nosotros y nos dijo que realmente no sabía lo que había sucedido. Que médicamente era imposible que los quistes hubieran desaparecido y que el riñón derecho estuviera completamente sano.

Han transcurrido dos años de esa maravillosa noticia y Magdalena crece revoltosa, sana y feliz... ¡Muchas gracias a don Álvaro!


Oración para pedir la intercesión del beato Álvaro del Portillo


Se curó y volvió la paz en su familia

Una persona de mi familia tenía desde hace veinticinco años el vicio de la bebida, con las consiguientes dificultades para toda su familia. En alguna ocasión trató de dejarlo, incluso acudiendo a ayuda médica, pero no era capaz, a pesar de ver la influencia nociva en su marido e hijos. Vimos que su matrimonio estaba en riesgo. Su marido asistió al funeral por don Álvaro del Portillo que se celebró en la ciudad en la que vivían.

Después de un viaje a Roma le entregué una estampa a don Álvaro que había pasado por su tumba y me la recibió elogiándole –lo cual no es muy usual ante este tipo de regalos–. Yo comencé a encomendar a don Álvaro la curación de su mujer y la buena marcha de la familia. Al poco tiempo, los hijos mayores se reunieron con su padre para tomar algunas medidas respecto a su madre.

Ella estuvo de acuerdo en comenzar un tratamiento y ahora, después de año y medio, está totalmente curada. Le han dado de alta alabando su fuerza de voluntad y pidiéndole colaboración para ayudar a personas que están en situaciones similares. La familia está muy unida. Atribuyo este cambio, la curación, y la paz familiar a la intercesión de don Álvaro del Portillo, a quien continúo encomendándoselo.

Descarga la novena al beato Álvaro del Portillo


En tiempo de guerra

En la institución sanitaria de África occidental en la que trabajaba se presentó un serio problema: los bancos decidieron cerrar por la situación militar del país. Con estos, muchas empresas se clausuraron, ya que la actividad económica se hacía imposible al no poder contar con el sistema financiero. En el centro médico –con más de cuarenta empleados– tomamos una serie de medidas para poder llegar a fin de mes. Intentamos dar prioridad a la compra de medicinas, que se venden a precios muy bajos a los enfermos y que son esenciales para el servicio.

Tuvimos que poner en paro técnico a todos los trabajadores a tiempo parcial y pedir a los médicos y personal de dirección que cobrasen la mitad –o no cobrasen–, para que el personal subalterno pudiera recibir su salario y el centro pudiera funcionar.

En el segundo mes después de haberse iniciado este problema, la ciudad fue tomada por las tropas rebeldes, lo que agravó aún más la situación. El cierre de los bancos hizo que la liquidez fuera cada vez más escasa. La incertidumbre era total y ya desde el comienzo pedimos a don Álvaro que nos ayudara. Y lo hizo muy bien, puesto que pudimos hacer frente a la mayor parte de nuestras obligaciones.

Los empleados se llevaron una gran sorpresa y una enorme alegría al recibir su salario a fin de mes. La mayoría atravesaba situaciones muy delicadas: por una parte, veían que a su alrededor casi nadie cobraba; por otra, cada familia había acogido refugiados o tenía parientes y vecinos sin recursos a los que ayudar. Para asombro de muchos, el centro consiguió seguir funcionando varios meses, hasta que la situación se normalizó.


Documental Saxum: Recuerdos del beato Álvaro del Portillo

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