Evangelio del martes: sal de la tierra, luz del mundo

Comentario del martes de la 10° semana del tiempo ordinario. ”Sois la sal de la tierra. Sois la luz del mundo”. Dios cuenta con el testimonio de los cristianos para que se difunda la buena nueva en los corazones de todos los hombres.

Opus Dei - Evangelio del martes: sal de la tierra, luz del mundo

Evangelio (Mt 5, 13-16)

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos.


Comentario

“Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo”.

Jesús se dirige a las personas que le escuchan de modo que le entiendan. Utiliza imágenes que les son muy familiares: la sal y la luz.

La sal preserva de la corrupción los alimentos. El Señor manifiesta que sus discípulos han de dar testimonio de Dios en este mundo reflejándolo en su vida. Haciendo presente el Amor de Dios entre los hombres con sus buenas obras.

La luz es necesaria para vivir, para todo. La luz se pone en un candelero para que ilumine a todos los de la casa. Así el discípulo de Jesús debe ser luz que señale a los demás el buen camino con su comportamiento.

Dice san Josemaría: “Como quiere el Maestro, tú has de ser —bien metido en este mundo, en el que nos toca vivir, y en todas las actividades de los hombres— sal y luz. —Luz, que ilumina las inteligencias y los corazones; sal, que da sabor y preserva de la corrupción. Por eso, si te falta afán apostólico, te harás insípido e inútil, defraudarás a los demás y tu vida será un absurdo”[1].

Ser sal y luz para que los hombres vean “vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Dios quiere hacerse presente en el mundo a través de los cristianos: que sean otros Cristos en los lugares en los que desarrollan su vida familiar, su vida profesional, etc. Que su modo de comportarse sea tal que ocurra lo que escribió san Josemaría en Camino: “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo”[2].

Alta es la meta que el Señor nos propone. Mucho es lo que el Señor espera de los cristianos, pero mayor es la gracia que el Resucitado nos da para que podamos corresponder. El Resucitado nos concede que podamos ser sal y luz por medio de la oración y de los sacramentos. De este modo, con la sal y luz de Cristo vivo, empujamos hacia el cielo a muchas almas.


[1] San Josemaría, Forja, 22.

[2] San Josemaría, Camino, 2.