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El efecto #BeGol sigue latente. Muchos uruguayos se unieron a esta fiesta de la Iglesia a través de la web. Además, algunos estuvieron presentes en Vistalegre. Entre ellos, Pía Berruti, que nos cuenta su experiencia.

Opus Dei - Montevideo-Roma-Madrid

Aunque han pasado ya algunos días desde el 18 de mayo, el efecto #BeGol sigue presente. Para muchos uruguayos ese día la jornada comenzó temprano. A pesar de ser sábado, los despertadores sonaron muy de mañana y televisores y computadoras se encendieron a las 6:00 a. m. para presenciar el momento en que la Iglesia Católica iba a beatificar a Guadalupe Ortiz de Landázuri.

También un grupo de uruguayos se hizo presente en ese encuentro internacional. Entre ellos, Pía Berruti, quien el año pasado finalizó la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de la República y que actualmente vive en Roma, donde estudia Teología y comparte casa con más de 100 chicas del Opus Dei de todo el mundo.

Fiumicino, un avión a Barcelona y un ómnibus hasta Madrid pasando por el santuario de Torreciudad. Así fue el trayecto de la uruguaya y sus amigas camino a la beatificación de Guadalupe. “Fue una experiencia increíble estar presente en el momento en el que la Iglesia la propuso como ejemplo a seguir para alcanzar la santidad. Es esperanzador leer su biografía y las cartas que le escribió a san Josemaría. Se comprueba que era una persona absolutamente normal, con defectos parecidos a los de cualquiera y ella lo sabía. Sin embargo toda su vida da testimonio de que a pesar de las dificultades, si se tiene el objetivo claro y se quiere llegar, se llega”, contó Pía. En la foto, aparece a la izquierda junto a Josefina Alejandro, también uruguaya, que actualmente vive en la capital de España junto a su familia.

De la ceremonia, destacó el momento en que se levantó el velo dejando ver el retrato de Guadalupe: “fue especialmente emocionante”. En ese momento, el estadio Vistalegre rompió en aplausos. “Éramos once mil personas y creo que todos experimentábamos la misma alegría”, dijo.

Otra característica que la joven uruguaya puso de relieve sobre la ceremonia fue su carácter internacional: «Esto comprueba que la Obra es una parte de la Iglesia, y —como la Iglesia— es universal. Había gente de muchos países, de culturas e idiomas diferentes, pero todos súper unidos por un mismo mensaje. Es comprobar lo que decía san Josemaría “hay una sola raza, la de los hijos de Dios”».

En relación a la nueva beata, Pía quiso destacar “su espíritu alegre y su valentía, basados en la confianza en Dios. Tanto en las cosas grandes, como fue la muerte de su padre cuando ella tenía 19 años o el irse a empezar la Obra a otro continente; como en los detalles cotidianos del estudio y el trabajo corriente […] cualquier cosa que nos toque en la vida puede ser una oportunidad para ser felices si sabemos ver a Dios detrás de eso”.