Donde nadie se queda solo (10)

San Josemaría nos enseñó a saber convivir y aprender de los demás viendo a Dios en todas las personas. Soy dentista, y por prescripción médica me encontré con el ciclismo. Practicando ese deporte encontré un espacio donde conozco mucha gente y donde procuramos llegar a la meta todos juntos. Nadie se queda solo. Me di cuenta cómo en el deporte nos cuidamos, entrenamos y, entre todos, vamos cumpliendo metas. Aprendemos unos de otros, invocamos a Dios, rezamos antes de cada carrera y nos ayudamos. Es como en la vida, a veces una está cansada, todo se le hace cuesta arriba, no resulta fácil ir a trabajar, tener paciencia, etc.; pero cuando se le pide ayuda a Dios, El sostiene a uno para seguir en la carrera de la vida.

En primera persona