Un encuentro que cambió mi vida

Mi nombre es Luis Daniel Ramírez Gil, soy supernumerario desde hace más de dos décadas. He vivido 12 años entre Venezuela, Estados Unidos y el Perú. Gracias a Dios, donde he ido, he respirado el aire de familia propio del Opus Dei.

Roseaire es una casa de Retiros en Boca Ratón, construida en 1996 gracias a la generosidad de cooperadores, supernumerarios y amigos de la Obra en Florida, Estados Unidos. Acudí por primera vez, un fin de semana que incluía el domingo de Ramos, empezando la Semana Santa.

Esa mañana del primero de abril de 2007, después de desayunar y tener la inteligencia mínima para entender las charlas de Henry, quien solo hablaba en inglés, recibo un mensaje de texto de mi prima Melissa.

Un encuentro con repercusiones insospechadas

Allí, me decía que su auto se había descompuesto por recalentamiento de motor mientras empezaba a disfrutar el día con una amiga que acababa de conocer. Luego de llegar al lugar, y asegurarme que ella estaba bien y la situación bajo control, fui por Mario, un buen amigo cubano a quien le había prometido trasladarlo a su casa tras el retiro; y, rápidamente después, me acercaría por mi prima, pues en ese entonces vivía con ella en Miami.

Tras cumplir ese trayecto de aproximadamente dos horas, llegué a la piscina donde estaban Melissa y su nueva amiga. Me contó los detalles con el auto y que, gracias a la generosidad de la chica, cuyo carro sí estaba operativo, pudo continuar su plan del día.

De vuelta en Venezuela

Casi un año y medio después, estando de vuelta en Venezuela debido a que mi visa de trabajo en Estados Unidos había expirado, y mi prima Melissa decidió también regresarse, se me ocurrió preguntarle por la chica conocida en Florida tiempo atrás durante aquella tarde. “Ah, Mariana, sí, está aquí”, me respondió.

Entonces, Melissa aprovechó la oportunidad para proponerle un encuentro los tres, la semana siguiente. Dicha reunión, pautada para ese sábado del mes de febrero de 2009, se convirtió en una fiesta tan entretenida que aún hoy no termina. Pues la famosa Mariana y yo nos hicimos tan buenos amigos que tomamos la decisión de casarnos. Llevamos 15 años juntos y tenemos tres hijos.

Migrar al Perú

Pocos años más tarde, mediados del 2014, la empresa donde trabajaba, generosamente me permitió continuar laborando desde Lima. Nos mudamos al Perú. Estuvimos casi siete años de aprendizaje y variadas experiencias. Nuestro hijo menor, Luis Alberto, alias “Keco”, nació allá. Como venezolano, puedo confesar que el Perú es el país más trabajador que he conocido.

En marzo de 2018, Mariana recibe una propuesta para dar clases de química en el colegio Salcantay, en Lima. Ella no pertenece al Opus Dei. Ahí, descubrió su pasión por la enseñanza. Siempre recuerda y agradece el trato familiar recibido por sus compañeras, así como la orientación para “hacer las cosas bien y hasta el final”.

El ejemplo de san Josemaría, de procurar la santificación en la vida cotidiana, es una fuente de inspiración en nuestra familia.

El ejemplo de san Josemaría, de procurar la santificación en la vida cotidiana, es una fuente de inspiración en nuestra familia.

De vuelta a Florida: Naples

A finales de 2021, después de la pandemia, nos mudamos a Naples, una simpática localidad de Florida. Apenas aterrizamos, le pedimos a nuestro gran amigo, el beato Álvaro del Portillo, que intercediera por nuestra familia Ramírez Delgado para establecernos en Estados Unidos. Y hasta esta fecha, su ayuda siempre se ha puesto de manifiesto en muchas oportunidades.

Otro hecho que marcó mi vida aquí es que el jueves 13 de junio de 2024, después de visitar al Santísimo en La Iglesia Saint Edward, en Palm Beach, tras la entrega de mercancía en la tienda a la cual viajaba dos veces por semana, después de pedir protección a las almas del purgatorio durante el regreso a Naples, sucedió algo inesperado.

Un accidente sin tragedia

25 minutos después, ya en la vía, una joven, perdiendo involuntariamente el control de su volante debido a exceso de velocidad, me impactó por el lado izquierdo, así como a otros dos autos. Mi carro salió de la carretera hasta pasar incluso por encima de la línea del tren, cuyos vagones vinieron a su paso poco después. Absolutamente nadie de los involucrados resultó herido.

Enseguida, me acerqué a la responsable para saber su estado de salud, quien, por supuesto, mostraba palidez y asombro por el desenlace de lo que parecía ser la escena de una película. Y, declarando su incomprensión por lo ocurrido, le dije en cortas palabras que Papá Dios y las benditas almas del purgatorio nos dieron otra oportunidad. Y aquí estamos.

Como supernumerario que ha vivido entre Venezuela, Estados Unidos y el Perú puedo dar fe que ser parte del Opus Dei, me ha hecho sentir siempre en casa y en familia, a pesar de no vivir siempre en mi país de origen.

Ya san Josemaría nos enseñó en su libro Camino, que católico significa “universal”, y que debemos tener el corazón grande para acoger a todos.

Cada centro de la Obra que he visitado me ha acogido como si me conocieran de toda la vida. He ahí el milagro del Opus Dei. Ruego a Papá Dios que en la Obra sepamos valorar siempre la vida en familia y que nunca nos sintamos extraños, sabiendo conservar ese aire acogedor de los comienzos, tal y como fue el sueño de san Josemaría para sus hijas e hijos de todos los tiempos.

Nunca me he sentido extranjero en ninguno de los países donde he radicado, a pesar de mi condición de migrante. Cada centro de la Obra que he visitado me ha acogido como si me conocieran de toda la vida. He ahí el milagro del Opus Dei. Ruego a Papá Dios que en la Obra sepamos valorar siempre la vida en familia y que nunca nos sintamos extraños, sabiendo conservar ese aire acogedor de los comienzos, tal y como fue el sueño de san Josemaría para sus hijas e hijos de todos los tiempos.

Luis Daniel Ramírez Gil