Numerosas familias de esta ciudad, y de Chiclayo y Trujillo, amigos, profesores y alumnos lo recibieron con palmas y música de tondero. Sus primeras palabras fueron para expresar su alegría de estar por segunda vez en Piura y en la Universidad de Piura, sueño muy querido por san Josemaría Escrivá.
Con palabras sencillas, nada más empezar, transmitió una idea fundamental, que todos estamos llamados a ser santos en la vida ordinaria, y la santidad que es la plenitud del amor, significa luchar cada día —sin desanimarnos y con nuestras limitaciones—por amor a Dios. “El Señor nos llama a la santidad por diversos caminos”, aseguró.
Monseñor Ocáriz, Gran Canciller de la Universidad de Piura, sostuvo un diálogo cercano con los presentes, quienes le manifestaron su gratitud por la visita. Algunos aprovecharon la ocasión para entregarle simpáticos obsequios, entre ellos un burrito de cerámica y un dibujo con su rostro que Stefano, Vasco y Almudena, hijos del profesor Remy Balarezo, hicieron con mucho cariño.

Monseñor Ocáriz escuchó cada uno de los testimonios y de las preguntas sobre temas fundamentales como la familia, el matrimonio, el trabajo, el servicio y cómo ayudar a los jóvenes en su formación espiritual.
Redy Risco, profesor universitario, preguntó al Padre cómo conseguir que los profesores ganen confianza con los jóvenes en el asesoramiento personal, a lo que respondió: “La caridad, más que en dar, está en comprender. Comprensión, no solo comprender los defectos, antes hay que ver las virtudes, lo que vale la gente. Todos tienen muchas cualidades”.

“Cada persona vale toda la sangre de Cristo”
El profesor Remy Balarezo, quien prepara una ponencia para un congreso sobre la doctrina social de la Iglesia con ocasión de los diez años de la encíclica “Laudato Si”, le comentó su preocupación por el medio ambiente y le pidió consejos sobre cómo involucrar a los alumnos en los problemas de la ciudad.
“Existe el peligro de ver los problemas y pensar que no podemos hacer nada. Siempre podemos rezar y promover pequeñas iniciativas aunque se llegue solo a tres personas o a una, no importa, porque cada persona vale toda la sangre de Cristo. Cuando hay interés por la gente, surgen más fácilmente las ideas”
“Existe el peligro de ver los problemas y pensar que no podemos hacer nada. Siempre podemos rezar y promover pequeñas iniciativas aunque se llegue solo a tres personas o a una, no importa, porque cada persona vale toda la sangre de Cristo. Cuando hay interés por la gente, surgen más fácilmente las ideas”, respondió el Padre.
El Padre animó a pedirle fuerzas a Dios. A veces vemos los problemas y pensamos que no podemos hacer nada. “Cada persona vale toda la sangre de Cristo. Cualquier iniciativa al servicio de los demás, vale la pena. Por una sola persona vale la pena”, remarcó.
Liliana Fernández de Farro, de Chiclayo, contó que colabora en un proyecto social llamado “Integra Familia” que ha puesto en marcha su hijo Aldo, exalumno de la UDEP. Esta iniciativa beneficia a más de 150 familias vulnerables que reciben formación académica, espiritual y soporte psicológico. Cuenta con más de 70 voluntarios muchos de los cuales han recibido los sacramentos, desde el bautizo a la confirmación.

Monseñor Ocáriz destacó que toda iniciativa en favor de la familia es fundamental. “La unidad de la familia la da el amor”, que no solo es un sentimiento, sino la entrega de unos a otros.
“El trabajo más importante es el que se hace con amor”
El testimonio de Martha Vargas, del área de Mantenimiento de la UDEP y madre de seis hijos, fue conmovedor. Con el tradicional dejo piurano (forma de hablar) y simpatía narró cómo sus constantes oraciones a san Josemaría —su “santo favorito”— para conseguir trabajo dieron fruto. “San Josemaría, si tú dices que la UDEP es tu casa, llévame a tu casa que la voy a tener muy limpia”, le decía. Y así fue. Desde 1991 integra el equipo del área de limpieza de la universidad.

monseñor Ocáriz recordó que san Josemaría solía preguntar cuál trabajo es más importante: el de un presidente o el de un obrero. “Es más importante el que está hecho con más amor de Dios”, anotó. “La importancia definitiva de un trabajo es si se hace con más amor de Dios y a los demás. La dignidad del trabajo la da la dignidad del trabajador”
Tras esa intervención, monseñor Ocáriz recordó que san Josemaría solía preguntar cuál trabajo es más importante: el de un presidente o el de un obrero. “Es más importante el que está hecho con más amor de Dios”, anotó. “La importancia definitiva de un trabajo es si se hace con más amor de Dios y a los demás. La dignidad del trabajo la da la dignidad del trabajador”, dijo.

“El amor auténtico no es a prueba”
Gloria Huarcaya y Renata Coronado, profesoras del Instituto Ciencias de la Familia (ICF), de la Universidad de Piura, le contaron los resultados de una investigación sobre “Matrimonio y Cohabitación” que refleja una tendencia actual entre los jóvenes a convivir antes de casarse, aunque con una positiva valoración de perdurabilidad.

En su respuesta, monseñor Ocáriz dijo “una primera idea es que el matrimonio tiene que fijarse en el amor. Hacer pruebas es que no se ama de verdad. El amor auténtico no es a prueba. Hay que insistir mucho en qué es el amor verdadero. El matrimonio tiene que fundarse en el amor auténtico, si no hay un para siempre no es auténtico”
“¡Estad contentos, siempre hay motivos!”
Antes de retirarse, impartió la bendición a los presentes y les pidió rezar por al Papa, los obispos y por los países donde la Iglesia es perseguida. “¡Estad contentos, siempre hay motivos!”, fueron sus palabras finales con un ademán de adiós. Mientras, un grupo de jóvenes del Centro Cultural Carel, guitarra en mano, interpretaba la conocida marinera “San Miguel de Piura”.
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