In memoriam: Charo de la Fuente

El último sábado 17 de enero de 2026 partió a la casa del Padre, la profesora de la facultad de derecho de la UDEP, Maria del Rosario de la Fuente Hortañon. Este lunes 19, a las 12:50 hrs se celebró una misa en UDEP Campus Lima en la que se leyó la semblanza escrita por Luz Pacheco, que publicamos a continuación.

“Charo”, como la conocíamos todos, nació en Santander, pero quiso venir a vivir al Perú, para colaborar en las iniciativas apostólicas de la Prelatura del Opus Dei en nuestro país en 1978. Un año antes había obtenido la licenciatura en Derecho en la Universidad de Valladolid en España y, poco después de llegar al Perú, convalidó su título de abogado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Destacó siempre en el estudio y la investigación y estaba convencida de la necesidad de una continua actualización para que su trabajo pudiera ser útil para los demás, en particular, para su labor docente. Por eso, obtuvo la licenciatura en Educación, con mención en Historia y Ciencias Sociales en la Universidad de Piura, el Doctorado en Derecho Privado en la Universidad de Cantabria y hace un par de años, cuando ya conocía de su enfermedad, el Máster de Formación Permanente en Derecho Matrimonial y Procesal Canónico en la Universidad de Navarra.

Trabajó y vivió en tres ciudades del país: Lima, Chiclayo y Piura. En todas ellas hizo compatible su trabajo profesional con la dedicación a la formación de personas que frecuentaban los centros del Opus Dei y encontraron en su amistad, un impulso para mejorar en su vida cristiana.

Fue una de las pioneras en los inicios de la Facultad de Derecho en campus Piura en la década de los 90: sus clases de Derecho Romano y sus anécdotas se hicieron famosas y perduran en el recuerdo de sus exalumnos, aunque hayan pasado muchos años. Supo llevar con elegancia humana el calor piurano y el viento chiclayano, centrada como estaba en la misión que inspiraba su vida y la había decidido a vivir en nuestra patria: hacer presente, con su vida, que Dios nos llama a la santidad a través del cumplimiento de nuestros deberes ordinarios.

En el año 2016 vino a vivir a Lima y se incorporó a la plana docente de la Facultad de Derecho en campus Lima. Destacó por su especialización en temas relacionados con el Derecho de Familia, tanto a nivel legal como constitucional.

la sorpresa por su muerte unida al convencimiento de que, desde el cielo, nos ayudará aún más a todos pues tenía, muy en el centro de su corazón, a la UDEP.

Su dedicación al estudio era tan intensa como su interés por las personas: seguía con cariño e interés todo lo relacionado a las personas que conocía. En las pocas horas que han pasado desde que sus compañeros de trabajo de la universidad, tanto de campus Piura, como de campus Lima, se han enterado de su fallecimiento, veo una constante en los mensajes del chat: la sorpresa por su muerte unida al convencimiento de que, desde el cielo, nos ayudará aún más a todos pues tenía, muy en el centro de su corazón, a la UDEP.

La fortaleza con la que vivió, desde el 2024 su enfermedad ha sido un gran ejemplo para todos los que la conocíamos. Cuando le dieron el diagnóstico a comienzos del año pasado hablé con ella, pensando en la dificultad que tendría en adelante para seguir un ritmo normal de trabajo. Sin embargo, con gran naturalidad y decisión, me respondió algo así: No quiero que mi vida gire alrededor de mi enfermedad. Soy una persona con una enfermedad y no una enfermedad con una persona……

Llevó con gran fortaleza y naturalidad todas sus limitaciones, sonriendo y gastando bromas o comentando sucesos que pudieran interesar a los demás. Gozaba mucho con el éxito ajeno y lo difundía con auténtico orgullo por esas personas.

Nunca habló de su enfermedad ni quiso que la vida en su casa girase en torno a ella. Llevó con gran fortaleza y naturalidad todas sus limitaciones, sonriendo y gastando bromas o comentando sucesos que pudieran interesar a los demás. Gozaba mucho con el éxito ajeno y lo difundía con auténtico orgullo por esas personas.

Cuando supe de su viaje a Pamplona, el año pasado para intentar otro tratamiento, le escribí deseándole que siguiera sin molestias y lograse recuperarse. Inmediatamente me respondió agradecida y con optimismo, diciéndome que se acordaba de rezar, también por mi trabajo. Intercambiamos algunos mensajes más en este último mes y me respondía, siempre con tono positivo y agradecido, cuando le decía que la acompañábamos con nuestras oraciones desde el Perú.

El jueves 15 de enero contestó mi último mensaje y hoy, sábado 17, la Virgen, a la que tenía gran devoción, se la llevó. Se ha ido, como ha vivido, sin hacer ruido, ni llamar la atención, con naturalidad, siendo parte, también jurídicamente, de la Facultad de Derecho de la UDEP.

De todos los mensajes que he leído con motivo de su fallecimiento, me quedo con este, de un exalumno, que resume sus más de 30 años de trabajo en la UDEP: “Me quedan muchos buenos recuerdos con ella. Los últimos en las Olimpiadas de Campus Lima. Donde alentamos a los equipos de jóvenes de derecho. Ella destinó su vida a transformar la vida de tantos jóvenes juristas en el Perú”.

Luz Pacheco Zerga