Sandra cuenta cómo, en su primera visita a un centro del Opus Dei, se sintió sorprendida al descubrir que lo que iba a ser una tertulia cultural era un encuentro en una casa con una capilla. Se sintió desconcertada al ver a las personas "haciendo como una genuflexión" y "arrodillándose". Al ver el oratorio, exclamó: “¡Pero Dios mío de mi vida! ¿Esto qué es?”. En ese momento, su pensamiento fue: “yo me quiero ir cuanto antes”.

Aunque inicialmente pensó que el estilo de vida de la gente del Opus Dei era incomprensible, algo cambió cuando conoció a una persona que sobrellevaba con ojos de fe un cáncer y cuando alguien le recomendó leer Mero Cristianismo de C.S. Lewis. La lectura le hizo cuestionarse: “¿Y si Dios existe?”. Esto provocó un giro en su vida, ya que hasta entonces “había vivido 22 años convencida de que Dios no existía”.

"Cuando salí de la confesión, me senté enfrente del Sagrario y tuve conciencia de que Dios era mi Padre. Fue súper significativo porque, por mis circunstancias familiares, no he tenido la figura de un padre"

La verdadera transformación comenzó cuando aceptó el consejo de su amiga y acudió a la confesión. “Cuando salí de la confesión, me senté enfrente del Sagrario y sentí, tuve conciencia de que Dios era mi Padre. Fue súper significativo porque, por mis circunstancias familiares, no he tenido la figura de un padre”. Este momento fue crucial para Sandra: “Dios que yo siempre me había imaginado que era un Dios súper lejano… ¡era mi Padre!, y me quería”. Esto la llevó a reflexionar sobre su vida, sus relaciones y a considerar la vocación. Sintió que quería ser como las personas que vivían esta fe, aunque no comprendía completamente qué significaba ser parte del Opus Dei. “Yo no sabía lo que era una numeraria, ni una agregada, pero lo que había descubierto me llenaba”.

Tras esta experiencia, Sandra comenzó a ir a Misa diario, rezar y tener una vida de piedad que sentía como una necesidad. Su decisión de ser agregada del Opus Dei llegó de forma natural, debido a su necesidad de estar cerca de su familia. “Yo sigo siendo la misma persona, pero mi vida ha cambiado radicalmente”. Aunque su vida adquirió nuevos hábitos, como “invertir el tiempo que antes dedicaba a la televisión en cosas con más sentido”, lo más importante para ella es la paz interior que ha encontrado. “Para mí eso es como la certeza de que Dios está conmigo todo el día”.

Sandra concluye: “Me vale muchísimo la vida ser agregada porque es mi felicidad, es el sentido de mi vida”.