Carmela: elegancia, exigencia, ternura y buen humor

Carlos Trelles Carrión, egresado de comunicación de la Universidad de Piura, CEO Director para las Americas (US y LatAm) en AXON Marketing+Communications, traza algunos recuerdos sobre Carmela Aspíllaga.

Con la profesora que marcó mi vida

Hace algunos días falleció una profesora que marcó mi vida universitaria: la doctora Carmela Aspíllaga Pazos. Y con su partida se me hizo evidente algo que en su momento incomodaba, pero que hoy valoro más que nunca: no todos los buenos profesores están para caerte bien. Algunos están para formarte de verdad.

Su finalidad era otra: enseñarte a pensar. A tener criterio. A tomar decisiones no solo como profesional, sino como persona. Como futuro líder. Como futuro padre de una familia de siete hijos.

Carmela no solo enseñaba lo técnico. No se quedaba en la teoría ni en los casos, que los dominaba estupendamente bien. Su finalidad era otra: enseñarte a pensar. A tener criterio. A tomar decisiones no solo como profesional, sino como persona. Como futuro líder. Como futuro padre de una familia de siete hijos.

Era directa. Muy directa. Te decía lo que estaba mal sin rodeos, pero no desde la dureza gratuita, sino desde una preocupación genuina. Se notaba que le importabas. Ella quería que fueras mejor, no en el papel, no en el discurso, sino de verdad, con hechos.

Con mi familia al completo

Enseñanzas que me prepararon para mi vida

Recuerdo cómo insistía en que uno de mis roles más importantes en la vida sería ser padre. Lo decía con una mezcla de seriedad y humor. De ahí su famosa broma: que no quería que yo fuera un "Barba Azul", ni alguien que tuviera "las cosas importantes pegadas con babitas". Detrás de esa ironía había algo más profundo: una exigencia sobre el tipo de persona que debía ser.

Nunca olvidaré la vez que me desaprobó con un cero. No fue porque no supiera. Fue porque “no había hecho el esfuerzo que ella sabía que podía dar”. En ese momento dolió, incomodó. Pero con los años entiendes que eso también es una forma de respeto. Es fácil aprobar a alguien que cumple lo mínimo. Lo difícil es exigirle a quien sabes que puede dar más. Ese era su estándar.

En mi faceta de abuelo

Con visión sobrenatural siempre en el punto de mira

Por eso su partida duele. Porque profesores así no abundan. Porque no se limitan a cumplir un syllabus, sino que se vuelcan a desarrollar las bases de la forma en que piensas, decides y te paras frente a la vida: con una visión sobrenatural. Cuando se van, dejan algo más que recuerdos. Dejan una vara alta, una forma de medirte, una voz que sigue ahí.

Dar lo mejor de sí cada día

Hoy, más que tristeza, siento gratitud. Por haber pasado por sus manos. Por haber sido empujado, corregido y, sí, también incomodado. Porque al final, eso es lo que te cambia.

Los profesores que te marcan no son los que te hacen el camino más fácil. Son los que no te dejan conformarte con una versión menor de ti mismo.

La última vez que nos vimos, años después de salir de la universidad en una celebración de egresados en Piura, charlamos y nos pusimos al día. Se despidió como siempre: "Ni hablar, Chetes —como cariñosamente me decía ella y toda mi promoción de mi querida Facultad de Comunicación— puedes dar más".

Reencuentro con la promoción de FCOM con Carmela.
nunca me acostumbraré a repetirle cada día en voz baja: ¡Gracias por tu sí a Dios, que me ayudó a cambiar mi vida!

Podría atreverme a sintetizar la vida de Carmela como una mezcla de elegancia, exigencia, ternura y buen humor. Sacando siempre lo mejor de sus alumnos. Y conviene agradecer su entrega a Dios, como numeraria del Opus Dei, porque lo que encierra su sí por el reino de los cielos, ha fructificado en cientos de almas, entre las cuales me cuento yo, que nunca me acostumbraré a repetirle cada día en voz baja: ¡Gracias por tu sí a Dios, que me ayudó a cambiar mi vida!

Gracias doctora, acá seguimos, siempre cada día buscando dar lo mejor de nosotros, con la gran meta de aprobar “el gran examen final que no admite exámenes de aplazados” … nuestra salvación y la de las personas que nos rodean. Yo y mi familia le estaremos eternamente agradecidos por su ejemplo, sus enseñanzas y su contagiante buen humor, como buena hija de san Josemaría.

Carlos Trelles Carrión