La santa misa fue presidida por el obispo de Cañete, Mons. Ricardo García, quien empezó su homilía en la catedral con las palabras de alabanza y agradecimiento a Dios: “Alabemos al Señor todas las personas”, en particular a Cañete y los bienes que hacen los santos.
Nos señaló que, para san Josemaría, los cañetanos fuimos motivo de su oración, sus sacrificios, del surgimiento de numerosas iniciativas educativas y sociales, bajo su atenta mirada, quizá sin ser él ejecutor directo, pero siempre siguió muy de cerca lo que ocurría aquí en Cañete.
Nos animó a recordar esta fecha tan significativa para la provincia de Cañete. Nos señaló que, para san Josemaría, los cañetanos fuimos motivo de su oración, sus sacrificios, del surgimiento de numerosas iniciativas educativas y sociales, bajo su atenta mirada, quizá sin ser él ejecutor directo, pero siempre siguió muy de cerca lo que ocurría aquí en Cañete.

Hace 50 años san Josemaría, recibió el cariño de la población cañetana y ver con sus propios ojos, lo que él había impulsado y rezado, y que había arraigado aquí con el apoyo de sus hijas e hijos del Opus Dei.
Monseñor Ricardo García nos dijo que no debíamos olvidarnos de dar gracias a Dios por la intercesión de San Josemaría, gracias corporativas que nos llenan a toda la comunidad y gracias personales o favores que son, seguramente, más numerosas, pero también más difíciles de conocer y cuantificar.
También, dar gracias por los frutos en vocaciones que surgieron de los seminarios menores y mayores, numerosas familias que han dado un hijo sacerdote para la Iglesia. Monseñor García, recalcó que san Josemaría nos ha ayudado a descubrir que en la vida ordinaria hay que encontrar al Señor.
Esforzarse por vivir mejor la vida cristiana
Una forma de agradecer es esforzarse por vivir mejor la vida cristiana y que Cañete siga siendo el “Valle Bendito”, ese título que san Josemaría le puso espontáneamente, por su naturaleza, recursos y tantas cosas más. Pero, sobre todo, valle bendito, por su gente; gente de bien, que ama a Dios, respetuosa, colaboradora, sencilla, que tiene presente a Dios en su vida.
Una forma de agradecer es esforzarse por vivir mejor la vida cristiana y que Cañete siga siendo el “Valle Bendito”, ese título que san Josemaría le puso espontáneamente, por su naturaleza, recursos y tantas cosas más. Pero, sobre todo, valle bendito, por su gente; gente de bien, que ama a Dios, respetuosa, colaboradora, sencilla, que tiene presente a Dios en su vida.
Finalizada la santa misa, se procedió a la bendición de la imagen de san Josemaría en la Plaza de Armas. La ceremonia comenzó con las palabras de las autoridades locales, agradeciendo a las personas e instituciones que se han implicado, con trabajo y esfuerzo, para hacer posible que la conmemoración de los 50 años de la visita a Cañete de san Josemaría no pase desapercibida.

El acto central fue la develación de la escultura de san Josemaría en la Plaza de Armas de Cañete, acompañada por una banda de música, que expresaba la alegría en nuestros corazones. Todo estaba cuidado, hasta los detalles pequeños, los más importantes, esos que marcan la diferencia, que hacen que lo pequeño sea gigante y que, son una forma perfecta de agradecer a Dios lo que sucedió hace cincuenta años y así transmitir el agradecimiento, el cariño y las gracias por haber recibido a un santo entre nosotros como fue san Josemaría, junto al beato Álvaro del Portillo y monseñor Javier Echevarría, quien llegaría a ser con el tiempo el segundo sucesor de san Josemaría.
Muchos no habíamos nacido, pero, algunos de los presentes, estuvieron también recibiendo a san Josemaría cuando llegó hace 50 años a Cañete, ¡Qué brillo en los ojos, reflejo del alma!
Llegó el momento de develar y bendecir la imagen del fundador del Opus Dei en la plaza de Armas de san Vicente de Cañete, momento esperado por la población. Hubo globos, aplausos, banda de música, sonrisas y miradas emocionadas. La gente que presenció este momento, de forma natural, fue un elemento fundamental que puso “la guinda en el pastel”, haciendo un acontecimiento único y especial de ese momento donde pudimos ver un pedacito de cielo aquí en la tierra.

San Josemaría, cincuenta años después de su visita, se encuentra en la Plaza de Armas de San Vicente de Cañete, de forma simbólica y diferente, siendo partícipe de cómo sus iniciativas se continúan y multiplican. Desde el cielo, sin nunca dejarlo de hacer, intercede, guía y acompaña a todos los que pisan su valle bendito de Cañete.
“La alegría compartida se multiplica”
Esta alegría tan grande no podíamos dejarla para unos “pocos”, teníamos que compartirla, hacer partícipe a la ciudad de Cañete de la gran fiesta, para salir a celebrar: “La alegría compartida se multiplica”.
Esta alegría tan grande no podíamos dejarla para unos “pocos”, teníamos que compartirla, hacer partícipe a la ciudad de Cañete de la gran fiesta, para salir a celebrar: “La alegría compartida se multiplica”. Muchos carros salieron en caravana, decorados, a paso lento y con un parlante en el que se escuchaba la voz de este gran protagonista cuando, estando en Cañete, se dirigió a la población.

Los asistentes llevaban globos, como los niños cuando van a la fiesta de un gran amigo, con esa misma actitud íbamos cada uno. La caravana tenía un carro que llevaba el anda de san Josemaría, con numerosas rosas rojas, una de ellas la cargaba en su mano, adornado con los colores de la bandera del Vaticano, blanco y amarillo, dando a conocer que todos somos uno, que nos encontramos al servicio y disposición del Papa y de la Iglesia.

San Josemaría caminó por tierras cañetanas, en esta fiesta lo volvió a hacer acompañándonos desde el cielo. Integrantes de la policía y el serenazgo de la ciudad protegieron el recorrido de la caravana, desde la Plaza de Armas de San Vicente hasta la Plaza de Armas de Imperial y vuelta.
Fue un día inolvidable, de mucha alegría que los cañetanos seguiremos transmitiendo y viviendo durante cincuenta años más y siempre.
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