Evangelio del sábado: la belleza de la sencillez

Comentario del sábado de la 10° semana del tiempo ordinario. “Que vuestro modo de hablar sea: «Sí, sí»; «no, no». Lo que exceda de esto, viene del Maligno”. El idioma de la hipocresía es propio de quienes no aman la verdad. Se aman solo a sí mismos, y, de este modo, buscan engañar, implicar al otro en su engaño, en su mentira. Por el contrario, el hombre sencillo sabe descubrirse y descubrir a los demás como verdaderos hijos de Dios, a los que cuidar, habitar, amar.

Evangelio (Mt 5, 33-37)

También habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en vano, sino que cumplirás los juramentos que le hayas hecho al Señor. Pero yo os digo: no juréis de ningún modo; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Que vuestro modo de hablar sea: «Sí, sí»; «no, no». Lo que exceda de esto, viene del Maligno.


Comentario

En su predicación, el Señor invita a todos a la transparencia, a ser sencillos, a quitarnos las caretas que nos encubren, a rehuir de la mentira: que vuestro modo de hablar sea “sí, sí”; “no, no”. Lo que exceda de esto, viene del Maligno (Mt 5, 37). Jesús habla con dureza contra la hipocresía, mientras que alaba agradecido a aquellos en los que no hay doblez ni engaño (cfr. Jn 1, 47). El hombre sencillo sabe descubrirse y descubrir a los demás como verdaderos hijos de Dios, a los que cuidar, habitar, amar.

Los primeros cristianos vivieron con profundidad este modo de hacer de Jesucristo mismo. En la carta de Santiago, encontramos la misma petición:”Que vuestro sí sea sí y que vuestro no sea no, para que no incurráis en juicio” (St 5, 12). También, San Pedro les habla de rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias para poder acercarse a Dios, “para apetecer, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada” (1 P 2, 1-2).

El Papa Francisco ha hablado con energía del idioma de la hipocresía, propio de quienes no aman la verdad. Se aman solo a sí mismos, y, de este modo, buscan engañar, implicar al otro en su engaño, en su mentira. Tienen el corazón mentiroso; no pueden decir la verdad.

Como San Pedro, apela a la inocencia de los niños, a la leche espiritual no adulterada (1 P 2, 2): un niño no es hipócrita, porque no está corrompido. “Cuando Jesús nos dice: que vuestro modo de hablar sea: “sí, sí”, “no, no”, con alma de niño, nos dice lo contrario de aquello que dicen los corruptos (...). Pidamos hoy al Señor que nuestro modo de hablar sea el de la sencillez, el de los niños; hablar como hijos de Dios: por lo tanto, hablar en la verdad del amor”[1].


[1] Papa Francisco, Homilía, 4.VI.2013.

Luis Cruz // FatCamera - Getty Images Signature