El mejor regalo

El 14 de marzo de 1946 Dora del Hoyo solicitó la admisión en el Opus Dei. Fue la primera de millares de mujeres en todo el mundo, que como profesional del hogar dedicó su vida a difundir en todos los ambientes la llamada universal a la santidad.

Relatos y favores
Opus Dei - El mejor regalo

En 1945, el fundador del Opus Dei embarcó a sus hijas en un nuevo proyecto, una nueva "locura": administrar otra residencia de estudiantes —esta vez, en Bilbao—, que empezaría en septiembre de ese año. Había que formar un equipo para la administración, y Encarnita y Nisa enseguida pensaron en Dora: ¿quién mejor que ella para asegurar que la iniciativa partiese con buen pie?

Camino me entusiasmaba, pensaba: esto es para mí. Me gustó muchísimo y lo leí de un tirón: no me dormí hasta que lo terminé.

Así que, durante el verano, cuando Dora se encontraba en casa de sus padres para pasar las vacaciones, Nisa le escribió para hacerle la propuesta. Contaba que su padre le entregó la carta sin abrir, porque iba dirigida a ella, aunque comentó: "-Seguro que te llaman para que vayas a esa residencia". Dora, al leer que la esperaban en Bilbao, aseguró: "Yo a esa casa no voy a ir". Entonces, su padre le contestó: "¿Cómo que no vas a ir? Tú has dado tu palabra de que ibas a ir. Así que tú vas y, si no te gusta, te vuelves". Justo al revés de lo que había sucedido cuando le anunció su proyecto de marchar a Alemania. Por eso, después, Dora afirmaba: "Yo le debo, especialmente a mi padre, ser de la Obra".

Y se fue a Bilbao. Se trasladó también otra empleada de La Moncloa: Concha Andrés. La situación de la residencia era semejante a la que se habían encontrado en enero de 1944 en Madrid: la casa sin terminar, la cocina no funcionaba bien, debían hacer la colada en los cuartos de baño… Allí, "Dora del Hoyo hacía de todo: cocinaba junto a Concha Andrés —sobre todo cuando la cocinera se enfadaba por el menú indicado y no quería guisar—, hacían la limpieza, planchaban. Mantenían los suelos de madera limpios y brillantes a base de darles cera". Estaban felices.

Dora empezó a sentir en su alma que Dios quería algo más de ella; que le pedía el corazón por entero.

El 6 de enero recibió un regalo de Reyes que la llenó de contento: un ejemplar de Camino, el primer libro de san Josemaría que se había publicado. Ella misma explicó qué significado tuvo en su vida espiritual: "Camino me entusiasmaba, y muchas veces nos hacían la lectura con un trocito del libro. Con cada cosa que oía pensaba: "Esto es para mí". Me gustó muchísimo y lo leí de un tirón: no me dormí hasta que lo terminé. Al día siguiente, [Nisa González Guzmán, que era la directora] me preguntó: "¿Le gustó Camino?". Le contesté que muchísimo, tanto que cuando lo empecé no lo pude dejar hasta terminarlo, porque era muy bonito".

Su padre le comentó que ella era mayor de edad y podía tomar libremente la decisión que considerase más oportuna; pero que tenía que pensarlo bien porque, si se decidía a darse a Dios del todo, era para siempre

Dora empezó a sentir en su alma que Dios quería algo más de ella; que le pedía el corazón por entero. Tenía 31 años, cerca de los 32. Explicó a sus padres que pensaba entregar su vida a Dios en celibato, para buscar la santidad en su trabajo ordinario, en medio del mundo; que viviría con las demás mujeres de la Obra y que, aunque estuviera físicamente separada de ellos, les escribiría con mucha frecuencia.

De nuevo fue su padre quien le aconsejó con prudencia y claridad. Le comentó que ella era mayor de edad y que, por lo tanto, podía tomar libremente la decisión que considerase más oportuna; pero que tenía que pensarlo bien porque, si se decidía a darse a Dios del todo, era para siempre: no podía después abandonar su camino.

El 14 de marzo de 1946 solicitó la admisión en el Opus Dei; el 17, lo hizo Concha Andrés. Ellas fueron las dos primeras numerarias auxiliares en el mundo, con preparación y dedicación profesional de empleadas del hogar.

San Josemaría recibió las peticiones en la fiesta de san José, y comentó que "habían sido el mejor regalo de todos los días de su santo."


Anécdotas extraídas del libro "Una luz encendida, Dora del Hoyo", Javier Medina. Ed. Palabra, Madrid 2012.