Los tres primeros sacerdotes del Opus Dei (mayo-junio de 1944)

​El 25 de junio de 1944, hace 75 años, se ordenaron los tres primeros sacerdotes del Opus Dei. Este artículo de José Luis González Gullón -ilustrado con algunas imágenes inéditas de ese día- recorre a modo de crónica los meses de mayo y junio de 1944.

Opus Dei - Los tres primeros sacerdotes del Opus Dei (mayo-junio de 1944)

La ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei fue un acontecimiento singular en la historia de la Obra. Este artículo recorre a modo de crónica los meses de mayo y junio de 1944. Durante esas semanas, Álvaro del Portillo[1], José María Hernández Garnica[2] y José Luis Múzquiz[3] recibieron las órdenes sagradas hasta llegar al presbiterado.

Este escrito se ha elaborado con los diarios y recuerdos de esos días que fueron redactados por testigos presenciales de los sucesos. Hemos tratado de dar protagonismo a los relatos de aquel momento que, junto a un tono familiar y coloquial, rezuman la ilusión de recibir en el Opus Dei a sacerdotes, deseo por el que Josemaría Escrivá de Balaguer había rezado desde la fundación de la Obra[4].


El 2 de octubre de 1928 Josemaría Escrivá de Balaguer fundó por gracia divina el Opus Dei. Desde el primer momento, entendió que debía existir en la Iglesia una institución compuesta por sacerdotes y laicos que difundiera un mensaje de santidad en medio del mundo[5]. A partir de entonces, personas de diversas profesiones y oficios escucharon de labios del fundador de la Obra la llamada a entregarse a Dios mediante la realización de las actividades seculares en las que se encontraban inmersos. Entre otras personas, un grupo de diez sacerdotes diocesanos a los que Escrivá de Balaguer formó a partir de 1932 para que se identificaran con el espíritu del Opus Dei y, de este modo, lo transmitieran después a los demás miembros de la Obra[6]. Cuando comprobó tres años más tarde que ese conjunto de sacerdotes, aun teniendo buena voluntad, no hacían suyo el mensaje del Opus Dei, dispuso que los sacerdotes llegarían a la Obra a través de los miembros laicos que hubiesen recibido una llamada al celibato apostólico[7].

Superados los tres años de la dura Guerra Civil española, el Opus Dei comenzó a expandirse por España a partir de abril de 1939. La llegada a la Obra de nuevas personas y la apertura de centros del Opus Dei en varias capitales de provincia hacían muy necesario que hubiese sacerdotes que difundieran el espíritu de la Obra. Ya en el curso 1939-1940, don Josemaría planteó la llamada al sacerdocio a dos miembros del Opus Dei, Álvaro del Portillo y José María Hernández Garnica, que respondieron afirmativamente. Dos años más tarde, José Luis Múzquiz se unió a la que iba a ser la primera promoción de sacerdotes del Opus Dei[8].

Jose María Hernández Garnica.

Los tres candidatos al sacerdocio completaron los estudios de Filosofía y de Teología necesarios para ser ordenados. Se examinaron como alumnos libres en el seminario de Madrid y, después de la erección de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en diciembre de 1943, como alumnos de la Sociedad Sacerdotal. Debido a la urgencia que tenía el Opus Dei de sacerdotes, el fundador solicitó a la Santa Sede –con el parecer favorable de Mons. Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá– la dispensa del tiempo requerido para realizar los estudios teológicos y de los intersticios. La respuesta afirmativa llegó el 12 de febrero de 1944[9]. Mons. Eijo y Garay indicó a Josemaría Escrivá de Balaguer que los candidatos se prepararan porque en la primavera iba a haber ordenaciones en el seminario de Madrid, y en alguna de ellas también estarían los miembros de la Obra. Ante esta noticia, el fundador dijo por carta al obispo de Madrid-Alcalá que se encontraba, «no me es posible ocultarlo, con una emoción inmensa ante el próximo Sacerdocio de estos hijos de mi alma, y un agradecimiento sin límites al Señor y a mi Padre Don Leopoldo»[10].

Una vez programadas las ordenaciones, tocaba hacer los preparativos –ropas clericales, avisos a los familiares, tarjetones de participación…–, también los previstos por el Derecho canónico. Del 13 al 20 de mayo, el fundador de la Obra predicó a los tres candidatos unos ejercicios espirituales en el monasterio de El Escorial. Durante las meditaciones del retiro, insistió a sus hijos espirituales «en la necesidad de tener vida interior para el sacerdote: “Habéis de tener”, nos decía, “una conversación continua con Dios”. “Las contrariedades habéis de verlas delante de Dios; las humillaciones habéis de ofrecerlas”»[11].

Tonsura y órdenes menores

El 20 de mayo, a las diez de la mañana, Josemaría Escrivá de Balaguer y los tres ordenandos regresaron de El Escorial a Donadío, un centro de Madrid que se encontraba situado en la esquina entre las calles de Diego de León y Lagasca[12]. Al acabar el almuerzo, los candidatos vistieron por primera vez la sotana. Después «se organizó una animadísima tertulia durante la cual disfrutamos lo indecible contemplando las caras de sorpresa de los que iban llegando»[13]. No era para menos, pues hasta el momento el único sacerdote en la Obra era Escrivá de Balaguer, y costaba hacerse a la idea de ver a tres ingenieros que aparecían vestidos con el traje talar.

Como estaban en el mes de mayo y muchos de los residentes de Donadío eran estudiantes, al acabar la tertulia don Josemaría indicó a los universitarios que fuesen a estudiar hasta media tarde. Después, se trasladaron al palacio episcopal de Madrid. A las ocho de la tarde, Mons. Leopoldo Eijo y Garay realizó la ceremonia de tonsura de los tres candidatos en la capilla episcopal que duró veinte minutos. Asistieron familiares y amigos, entre los que se contaron algunos conocidos de la época de la Residencia DYA –la primera actividad corporativa del Opus Dei antes de la Guerra Civil–, como Emiliano Amann, Ángel Galíndez o Carlos Arancibia. Mientras don Leopoldo cortaba unos cuantos mechones de pelo en forma de cruz, les decía de acuerdo con el ritual «Dominus pars hereditatis meae et calicis mei» («El Señor es la porción de mi herencia y mi copa»). Al acabar, y de acuerdo con el derecho eclesiástico vigente entonces, del Portillo, Hernández y Múzquiz ya eran clérigos[14].

Al día siguiente, domingo 21, a las doce de la mañana, y también en la capilla episcopal, les fueron conferidas dos órdenes menores: ostiariado y lectorado. La ceremonia fue breve pues duró soló media hora. Por la tarde, los miembros de la Obra que estaban en Madrid se reunieron en Donadío para celebrar los acontecimientos. Uno de los asistentes leyó unas cuartillas en las que decía que todos se sentían «“muy unidos a la abuela y con los que desde la otra Casa tanto nos han ayudado a que se hiciera realidad este deseo de tanto tiempo”. Al Padre le asomaron las lágrimas y creo que a todos los presentes también»[15]. Después hubo tiempo para una tertulia informal en la que «los nuevos y los “viejos”, los peques y los grandes, los locuaces y los callados, los tímidos (?) y los que no lo son, todos tuvieron una actuación -¡y qué actuación! en medio de un regocijo incontenible»[16]. Después –eran ya las siete de la tarde– «bajamos al Oratorio y el Padre nos dio la Bendición con el Santísimo. Después, cada uno a su casa. El Padre tuvo que acostarse a continuación pues estaba cansadísimo y con un terrible catarro»[17].

Dos días más tarde, el martes 23, Mons. Eijo y Garay confirió las otras órdenes menores, el exorcistado y el acolitado, a los tres ordenandos. Al acabar, el obispo de Madrid-Alcalá y su obispo auxiliar, Mons. Casimiro Morcillo, felicitaron a los tres futuros presbíteros con un abrazo[18]. Después, del 25 al 27 de mayo, los tres candidatos hicieron de nuevo ejercicios espirituales para prepararse a la recepción de nuevas órdenes.

Ordenación de subdiáconos

La primera de las llamadas “órdenes mayores” era el Subdiaconado[19]. Álvaro, José María y José Luis lo recibieron el 28 de mayo, domingo de Pentecostés, en el oratorio de Donadío. Ofició la ceremonia Mons. Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, que se trasladó a Madrid para la ocasión.

Con Mons. Eijo y Garay.

La expectación era grande pues, por primera vez, iba a tener lugar una ceremonia de ordenación en un centro del Opus Dei. El oratorio de Donadío se acondicionó lo mejor posible: el conopeo, el frontal del altar y los ornamentos eran rojos, de acuerdo con el color litúrgico del día; se adornó el oratorio con flores; se retiraron los reclinatorios para que hubiese más espacio; y se habilitó el hall de entrada al oratorio y la sacristía para que cupiesen todas las personas que iban a asistir a la ceremonia. Provisto de cámara y trípode, Ricardo Fernández Vallespín se encargó de hacer las fotografías del acto.

Durante la Misa de ordenación, Álvaro del Portillo leyó la Epístola. Al acabar la Santa Misa, Mons. Olaechea «nos dirigió unas palabras de felicitación “a los tres primeros y a todos”. “Esta es –dijo– verdaderamente la Obra de Dios. Aquí está el dedo de Dios. Sois los mimados del Señor. A quien más se le da, más se le exige; hay que corresponder con el entregamiento total”»[20]. Después, les pidió que rezaran por el obispo de la diócesis, Mons. Eijo y Garay.

Ordenación diaconal

El 3 de junio, a las ocho de la mañana, hubo ordenaciones en el seminario de Madrid oficiadas por Mons. Casimiro Morcillo, obispo auxiliar de la diócesis de Madrid-Alcalá. Casi todos los ordenandos eran seminaristas o clérigos de la diócesis. Entre los ordenandos, unos ocho recibieron las órdenes menores, diez el subdiaconado, cuatro el diaconado (tres de ellos eran Álvaro, José María y José Luis, miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz), y quince el presbiterado[21]. La ceremonia duró algo más de tres horas. El Evangelio de la Misa fue leído por Álvaro del Portillo.

Durante los días siguientes el fundador de la Obra celebró varias Misas cantadas para que los tres diáconos ejercitaran la orden recibida. Así, el 5 don Josemaría celebró en Donadío «asistido por Chiqui como diácono y José Luis como subdiácono. Álvaro, de Maestro de ceremonias. Se estrenó un terno blanco recién traído de Barcelona y primorosamente confeccionado por las benedictinas»[22]. La ceremonia fue solemne. Con todo, quedó patente que el canto era “el punto débil” de los nuevos clérigos, como les recordaría a veces Escrivá de Balaguer con buen humor[23]. Como anécdota, «el “Ite Missa est” lo pronunció Chiqui con una voz muy alta, y le salió un “gallo” tremendo. Al volver a la sacristía –provisional– enfrente de Secretaría, nos dijo el Padre: “la última vez”»[24]. De nuevo, el viernes 16 hubo una Misa cantada en Donadío «celebrada por el Padre y actuando de diácono José Luis y subdiácono Álvaro»[25]. Al día siguiente, los tres diáconos fueron a vivir a Españoleto, un centro de la Obra en Madrid en el que hicieron ejercicios espirituales para preparar la recepción del sacerdocio ministerial[26].

Ordenación presbiteral

La ordenación sacerdotal de los primeros miembros del Opus Dei estaba prevista para el domingo 25 de junio. En los días previos, varias decenas de miembros de la Obra y de amigos llegaron a Madrid para asistir al acto. Era un momento muy esperado. Como dice un diario de esos días, «un poco a posteriori nos damos cuanta más perfecta de la magnitud de los acontecimientos ocurridos en este curso para la marcha de la Obra»[27]. Josemaría Escrivá de Balaguer vivió con particular emoción aquellas jornadas. La víspera de la ordenación «fue al Cementerio del Este para rezar ante la tumba de la Abuela e Isidoro. Nos ha confesado que hizo esfuerzos por contenerse, pero lloró»[28].

El beato Álvaro del Portillo.

El día 25, a las diez de la mañana, don Leopoldo Eijo y Garay comenzó la ceremonia de ordenación de presbíteros en la capilla de su palacio episcopal presidida por una imagen de la Virgen en un retablo gótico. Además de los miembros de la Obra y familiares, entre los asistentes se encontraban Mons. Del Giudice, secretario de la nunciatura apostólica en España; representantes de diversas órdenes religiosas –jerónimos, dominicos, escolapios, agustinos, marianistas, corazonistas, paúles–; y miembros del clero secular. También había delegados de las Escuelas de Ingenieros de Caminos y de Minas –carreras cursadas por los que iban a ser sacerdotes–, de las asociaciones de Ingenieros Civiles, de las cofradías profesionales así como muchos ingenieros amigos de los ordenandos.

La ceremonia siguió puntualmente el ritual previsto. Así, la imposición de manos se hizo «empezando el Sr. Obispo y siguiendo todos los Sacerdotes presentes. Al llegar al ofertorio entregan los ordenandos una vela cada uno al Sr. Obispo y luego ya siguen celebrando la Misa con él, diciendo los cuatro al mismo tiempo todas las oraciones»[29]. Acabada la Misa, a la salida de la sacristía se hicieron diversas fotografías y después los asistentes se acercaron para besar las manos de los nuevos sacerdotes.

Josemaría Escrivá de Balaguer no estuvo presente en la ordenación porque deseaba que todo el protagonismo fuera para sus hijos sacerdotes y porque quiso ofrecer a Dios esa mortificación. A la misma hora en que Álvaro, José María y José Luis eran ordenados, él celebraba la Misa en Donadío, ayudado por un miembro de la Obra, José María Albareda[30]. Como dijo horas más tarde Mons. Eijo y Garay, refiriéndose al fundador, «una prueba de lo cansado que está es que esta mañana no se ha atrevido a ir a la ordenación por miedo de no poder contener su emoción y que le viéramos llorar como a un abuelito, y como hasta de quedarse solo en casa tenía miedo, llamó a D. José María Albareda para que le acompañase… Aunque también pudo ser –continuó diciendo– el sacrificio de una cosa muy querida: como voy a disfrutar tanto, me quedo»[31].

Después de la ordenación, los nuevos presbíteros se dirigieron a la nunciatura para saludar al nuncio, Mons. Gaetano Cicognani. Luego regresaron a Donadío. Al llegar, «D. Álvaro pasó el primero dirigiéndose al Padre que rápidamente salió a su encuentro. En aquellos momentos se produjo una escena de gran emoción y difícil de narrar. Cuando el Padre se encontró con Don Álvaro le quiso besar las manos. Don Álvaro, muy emocionado, se resistía y quería besar la mano del Padre. Se produjo entonces un cariñoso forcejeo entre los dos que duró pocos segundos. Terminó la escena como tenía que terminar. El Padre con su característica viveza asió fuertemente las manos de Don Álvaro y le besó las palmas, abrazándole después. Lo mismo hizo con D. José Mª y con D. José Luis, claro está, sin resistencia alguna» [32].

Mons. Eijo y Garay almorzó en Donadío junto con Josemaría Escrivá de Balaguer, los tres nuevos sacerdotes, algunos mayores del Opus Dei –como Ricardo Fernández Vallespín o Pedro Casciaro– y el sacerdote Sebastián Cirac, amigo de los ordenados que era decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona[33]. Durante la comida, un terceto compuesto por Jesús Arellano al armónium, Jesús Alberto Cajigal al violín y Juan José Cajigal al piano interpretaron algunas piezas en la galería de la casa.

Hacia las cuatro de la tarde hubo un rato de tertulia con don Leopoldo en el vestíbulo del tercer piso de Donadío. Asistieron los miembros de la Obra presentes en Madrid, es decir, la mayoría de miembros del Opus Dei, pues se habían trasladado expresamente a la capital con motivo de la ordenación. Todos los presentes besaron el anillo del señor obispo mientras don Josemaría presentaba a cada uno. Después, Mons. Eijo y Garay con voz distendida bromeó «diciendo: “El Padre me dice que os diga algo; pues ya está: algo”»[34]. Según un cronista del momento, «es inútil intentar contaros todo lo que dijo, porque lo mejor fue la manera de decirlo, sus frecuentes interrupciones para pedir aprobación al Padre o a Álvaro: “¿Verdad, Padre?”; “¿No fue así, Álvaro?”, con una delicadeza extremada, con golpes de humor fino»[35].

Conocemos los temas que trató don Leopoldo. Expresó en primer lugar la alegría que le producía ese momento. Después hizo referencia al sentido sobrenatural que había que dar a las difamaciones sufridas durante los años anteriores, lo que a veces don Josemaría había denominado como “contradicción de los buenos”, sin dejar espacio para el resentimiento[36]: «“La persecución santifica, pero –añadió– no queráis nunca perseguir ni atormentar a nadie con el pretexto de santificarle. ¡Cuántas lágrimas han costado a tantas madres esas calumnias que os tildaban de herejes y masones!”»[37]. Parece que en ese momento, Mons. Eijo añadió «que un día fue a verle Álvaro a su despacho, y que le habló de su preocupación de que la campaña que algunos llevaban contra la Obra creara rencores entre los miembros del Opus Dei. Álvaro, entonces, le dijo que no se preocupara, que bien sabían ellos que era algo permitido por Dios para mejorarlos; y que prueba de ello era que utilizaba para la operación un bisturí de platino. Cuando terminó el relato don Leopoldo, Álvaro, que estaba sentado allí cerca le dijo: “Pero, Sr. Obispo, yo eso se lo dije porque era lo que le había oído comentar al Padre”. Y don Leopoldo remató: “De tal palo, tal astilla”»[38].

Aprovechando un momento en que Escrivá de Balaguer salió del vestíbulo, el obispo pidió a los presentes que rezaran por el fundador de la Obra: «“Cuiden Vds. mucho al Padre que lo necesita y nos hace mucha falta”. Y nos habla del trabajo ingente que pesa sobre sus hombros y de sus preocupaciones y de sus fervores y de su intensa vida sobrenatural que tanto desgasta»[39]; «que estemos muy unidos a él. Él es quien ha recibido de Dios la misión específica de formarnos, la misión de dirigir la Obra, y por consiguiente tiene todas las gracias conducentes a ese fin. Que pidamos mucho por su salud»[40]. Mons. Eijo acabó el encuentro pidiendo oraciones por su persona e impartiendo la bendición.

Una vez que despidieron al obispo, subieron todos al oratorio de Donadío. Escrivá de Balaguer hizo la oración en voz alta. Empezó «con una ficha escrita exactamente hacía diez años. Eran unos textos de la Sagrada Escritura, unas frases de San Pablo. Y comentándolos nos volvió a insistir en la necesidad de oración y sacrificio, fundamentos de nuestra vida interior. Humildad (individual y colectiva), obediencia, trabajo profesional. El cumplimiento amoroso de las normas como medio de nuestra santificación»[41]. «Cuando os pregunten qué decía el Padre cuando se ordenaron los primeros sacerdotes… “¡Oración, oración y oración!”. Y añadía con la misma fortaleza, “¡Mortificación, mortificación, mortificación!”»[42]. «Y después nos habló de la perseverancia, y del amor a la Cruz, y de que el morir es ganancia. Nos anunció que pronto marcharán unos cuantos hermanos nuestros lejos…»[43]. Acabada la meditación, don Sebastián Cirac dio la bendición con el Santísimo; cantaron el Te Deum en acción de gracias a Dios y rezaron las preces de la Obra[44].

Después de ese rato de oración, acudieron de nuevo al vestíbulo del tercer piso de la casa. Estalló la alegría, impetuosa, con un festejo improvisado en el que se mezclaron canciones con números simpáticos, «y a medida que el ambiente se caldea se van lanzando al ruedo los de fuera y se recita, se canta, se cuentan chistes… Total: a las 8 se marchan algunos de la Moncloa para cenar en el primer turno (por de pronto, todos los milicianos que han de volver a la Granja esta misma noche) y hasta las 9 ó 9 y cuarto no nos vamos los demás»[45].

Mientras, a la planta principal de la casa seguían llegando «una serie de amigos a felicitar al Padre y a los nuevos Sacerdotes. Entre ellos estaban Mons. Callevi y Mons. Del Guidice, el Doctor Roguer de Barcelona, el Prior del Monasterio de Jerónimos del Parral con fray Mariano, el P. Celeda O.P., el P. López Ortiz O.S.A., los PP. Francisco López y Permuy del Corazón de María, los PP. Escolapios de Diego de León, PP. Paules, el P. Severino O.P., Víctor García Hoz, etc.»[46].

Primeras Misas

Los días siguientes estuvieron dedicados a las primeras Misas de los recién ordenados. Al final de cada una de las ceremonias, los misacantanos dieron la bendición papal con indulgencia plenaria, concedida por Pío XII para la ocasión, y cantaron el Te Deum.

Así, el martes 27 a las nueve y media de la mañana, José María celebró en la capilla del Colegio de la Asunción (Santa Isabel 46), ayudado por el padre López Ortiz, OSA, y por José María Bueno Monreal. Según un asistente, «a pesar de ser día de trabajo, la oficina de la Electra en donde Chiqui estuvo trabajando como Ingeniero, se trasladó en masa a la ceremonia: Consejeros de la Sociedad, ingenieros, ayudantes, empleados y obreros fueron todos a besar las manos de Chiqui al terminar la Misa»[47]. Uno de los obreros comentó con sencillez, sin darse cuenta de la doble y divertida lectura que podían tener sus palabras: «Hay que ver D. José María, hacerse sacerdote, con lo bien que vivía»[48]. «Después de la Primera Misa, rodeado de su madre, hermanos y familia, fueron a celebrarlo al domicilio familiar. Al terminar el almuerzo, acudió el Fundador de la Obra con los dos padrinos»[49] de ordenación.

El 28 Álvaro celebró en la capilla del colegio del Pilar, asistido por el director, padre Florentino, y por el padre Aguilar, OP. Un coro de marianistas cantó durante la ceremonia. Además de sus familiares, se encontraban en la ceremonia muchos profesores y amigos de la Escuela de Ingenieros. «Álvaro empezó la Misa temblándole mucho las manos y siguieron temblándole durante toda ella, aumentando todavía más el temblor al alzar. Después, la Comunión al público numeroso que se acercó empezando por su madre y su abuela, que lloraban. Junto al presbiterio estaban Mons. Del Giudice y Mons. Galindo. Al fin la Bendición papal y luego, lo mismo que el día anterior, Te Deum y besamanos, desfile interminable de todos los concurrentes entre los que se encontraban muchos profesores de la Escuela de Caminos y otros ingenieros»[50].

Finalmente, el día de San Pedro y San Pablo, 29 de junio, a las diez de la mañana, José Luis celebró su primera Misa en la iglesia del monasterio de la Encarnación (Plaza de la Encarnación), contando con la asistencia de Máximo Yurramendi y Silvestre Sancho, OP. «Estaban presentes todos los ingenieros compañeros de José Luis, el Director de la Escuela de Caminos, y varios profesores (algunos con sus hijos), y mucho personal de la RENFE, desde jefazos hasta mecanógrafos y empleados modestos, Comandantes y Capitanes que estuvieron en la guerra [civil] con José Luis, muchos obreros de las obras, y de casa hasta el delineante, mecanógrafo y el servicio»[51]. La ceremonia resultó particularmente emotiva. Un encargado de obras comentó «que los dos actos más emocionantes de su vida fueron la distribución de la Comunión en zona roja y la primera Misa de José Luis»[52]. Confundido entre el público, don Josemaría asistió también a la Santa Misa. Según don José Luis, «me quedé completamente atónito –de la emoción no pude decir ni una palabra– cuando vi al Padre venir hacia mí para besar las manos. Fue una gran delicadeza suya, que agradecí en el alma. No había asistido ni a nuestra Ordenación ni a las otras Primeras Misas. Pero, como la mía era la última, estaba con Ricardo [Fernández Vallespín] en Diego de León y le dijo: “vamos a la Primera Misa de José Luis”»[53].

Todos los ordenandos recibieron regalos, sobre todo vasos sagrados. Así, por ejemplo, la madre y otros familiares de José María Hernández Garnica regalaron el cáliz con el que celebró la Primera Misa; unos compañeros de promoción de Ingeniería de Minas le dieron unas vinajeras de plata; los dirigentes de Electra le entregaron un copón y los empleados un sobrepelliz; y los padres de los residentes de Donadío le regalaron un terno compuesto por una casulla y dos dalmáticas.

De todos estos actos –la ordenación y las primeras Misas– se hizo eco la prensa civil y religiosa. Escrivá de Balaguer sugirió que se redactaran algunas notas para enviar a los medios de comunicación. En una de ellas, se destacaba que «los nuevos Sacerdotes, de conocidas familias madrileñas, pertenecen a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y son antiguos miembros del Opus Dei»[54].

Finalizaban unos días inolvidables. Los miembros de la Obra de otras ciudades volvieron a sus respectivos lugares de residencia. Como dice el cronista de entonces, «y con esto hemos terminado toda una etapa. Ahora otra que se abre bajo los mejores auspicios. El tiempo tiene la palabra»[55].


[1] Cfr. Javier Medina Bayo, Álvaro del Portillo. Un hombre fiel, Rialp, Madrid 2012; Hugo de Azevedo, Missão cumprida: biografia de Álvaro del Portillo, Diel, Lisboa 2008; Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, Rialp, Madrid 1996. Álvaro del Portillo fue beatificado en Madrid el 27 de septiembre de 2014.

[2] Cfr. José Carlos Martín de la Hoz, Roturando los caminos. Perfil biográfico de D. José María Hernández Garnica, Palabra, Madrid 2012. Su causa de canonización comenzó en 2005. En la actualidad, está en fase de preparación la Positio acerca de su vida, virtudes y fama de santidad. Cfr. Studia el Documenta 7 (2013) 446.

[3] Cfr. John F. Coverdale, Echando raíces. José Luis Múzquiz y la expansión del Opus Dei, Rialp, Madrid 2011. El 2 de junio de 2011, en la Archidiócesis de Boston tuvo lugar la sesión de apertura de la Investigación diocesana sobre su vida, sus virtudes y su fama de santidad, uno de los primeros pasos de la causa de canonización. Cfr. Bulletin nº 1, The Servant of God Joseph Muzquiz, Prelature of Opus Dei. Oce for the Causes of Saints, New York, octubre 2011.

[4] Una primera versión de este artículo fue publicada en Pablo Gefaell (ed.), Vir fidelis multum laudabitur, EDUSC, Roma 2014, pp. 93-106.

[5] Cfr. José Luis Illanes Maestre, “Datos para la comprensión histórico-espiritual de una fecha”, Anuario de Historia de la Iglesia XI (2002) 655-697; y Antonio Aranda, “Fundación del Opus Dei”, en Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Monte Carmelo – Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, Burgos 2013, pp. 552-561.

[6] Una biografía de esos sacerdotes y su relación con el fundador del Opus Dei puede verse en Jaume Aurell - José Luis González Gullón, “Josemaría Escrivá en los años treinta: los sacerdotes amigos”, Studia et documenta 3 (2009) 47-51.

[7] Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II (“Dios y audacia”), Rialp, Madrid 2002, pp. 593-596; y José Luis González Gullón, DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Rialp, Madrid 2016, pp. 288-302. San Josemaría consideraba que el espíritu del Opus Dei estaba destinado también a los sacerdotes seculares. Cuando el Opus Dei recibió la aprobación pontificia en 1950 fue posible admitir a sacerdotes diocesanos en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, sociedad intrínsecamente unida al Opus Dei. Cfr. Amadeo de Fuenmayor – Valentín Gómez-Iglesias – José Luis Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Eunsa, Pamplona 1989, pp. 288-296.

[8] Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, o. c., p. 601; y Javier Medina Bayo, Álvaro del Portillo. Un hombre fiel, o. c., p. 214; Cfr. José Carlos Martín de la Hoz, Roturando los caminos. Perfil biográfico de D. José María Hernández Garnica, o. c., p. 73; y John F. Coverdale, Echando raíces. José Luis Múzquiz y la expansión del Opus Dei, o. c., p. 40.

[9] Cfr. Escrito de Luca Ermenegildo Pasetto, secretario de la S. Congregación de Religiosos, Roma, 12-II-1944, en Archivo General de la Prelatura del Opus Dei (en adelante AGP), serie E.1.7, 71-1. Los intersticios son los intervalos de tiempo que median entre una ordenación y otra. Por motivos razonables, la Santa Sede podía conceder una dispensa para que fuesen acortados, como fue en este caso.

[10] Carta de Josemaría Escrivá a Leopoldo Eijo y Garay, Madrid, 25-IV-1944, en AGP, serie A. 3.4, 258-2, 440425-1.

[11] Recuerdo de José Luis Múzquiz de Miguel, Derio (Bilbao), 29-VIII-1975, en AGP, serie A.5, 231-1-1.

[12] Este centro de la Obra aparece denominado unas veces Donadío y otras Lagasca. Utilizamos, para unificar, la primera denominación.

[13] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 2, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[14] Cfr. Código de Derecho Canónico, 1917, c. 108 §1.

[15] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 4, en AGP, serie A.1, 14-1-13. “Padre”: denominación con la que se llamaba a san Josemaría –y se llama a sus sucesores– en el Opus Dei. “Abuela”: nombre con el que se designa familiarmente en la Obra a la madre de san Josemaría. “La otra Casa”: el Cielo.

[16] Idem.

[17] San Josemaría –que ese día tuvo una fuerte inflamación en la cara provocada por una serie de forúnculos– padecía una grave diabetes que había sido diagnosticada poco antes. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, o. c., p. 647.

[18] Cfr. Diario de Españoleto, 23-V-1944, en AGP, serie M.2.2, 123-6.

[19] Desde el Concilio de Trento, se consideraban órdenes menores el ostiariado, lectorado exorcistado y acolitado, y órdenes mayores el subdiaconado, diaconado, presbiterado y episcopado.

[20] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 10, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[21] Cfr. Diario de Españoleto, 3-VI-1944, en AGP, serie M.2.2, 123-6.

[22] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 16, en AGP, serie A.1, 14-1-13. “Chiqui”: apelativo familiar con el que se le llamaba a José María Hernández Garnica. El terno estaba compuesto por una casulla para el oficiante y unas dalmáticas para los diáconos.

[23] Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, o. c., p. 634.

[24] Recuerdo de José Luis Múzquiz de Miguel, Derio (Bilbao), 29-VIII-1975, en AGP, serie A.5, 231-1-1.

[25] Diario de La Moncloa, 16-VI-1944, en AGP, serie M.2.2, 166-44.

[26] Cfr. Diario de Españoleto, 16-VI-1944, en AGP, serie M.2.2, 123-6.

[27] Diario de La Moncloa, 22-VI-1944, en AGP, serie M.2.2, 166-44.

[28] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 18, en AGP, serie A.1, 14-1-13. “Isidoro”: Isidoro Zorzano, miembro de la Obra fallecido en julio de 1943 con fama de santidad. Cf. José Miguel Pero-Sanz Elorz, Isidoro Zorzano Ledesma: ingeniero industrial (Buenos Aires, 1902 - Madrid, 1943), Palabra, Madrid 1996.

[29] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 21, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[30] Cfr. Francisco Ponz, Mi encuentro con el Fundador del Opus Dei, Eunsa, Pamplona 2000, p. 148.

[31] Recuerdo de Juan Masià Mas-Bagá, 23-VII-1975, en AGP, serie A.5, 227-3-1.

[32] Recuerdo de Joan Masià Mas-Bagà sobre Álvaro del Portillo, cit. en Javier Medina Bayo, Álvaro del Portillo. Un hombre fiel, o. c., pp. 245-246.

[33] Cfr. Jaume Aurell – José Luis González Gullón, “Josemaría Escrivá en los años treinta: los sacerdotes amigos”, Studia et documenta 3 (2009) 59.

[34] Anotaciones del 25 de junio de 1944, p. 2, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[35] Anotaciones del 25 de junio de 1944, p. 4, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[36] La contradicción de los buenos es un término clásico en la historia de la espiritualidad que designa el sufrimiento que ocasionan algunas personas que quieren servir a Jesucristo y que piensan que actúan de buena fe (cfr. Jn 16, 2): cfr. Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino. Edición crítico-histórica preparada por Pedro Rodríguez, Rialp, Madrid 20043, p. 816.

[37] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 23, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[38] Citado en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, o. c., p. 636, que recoge el recuerdo de Manuel Botas Cuervo.

[39] Anotaciones del 25 de junio de 1944, p. 3, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[40] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 23, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[41] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 25, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[42] Recuerdo de José Luis Múzquiz de Miguel, Derio (Bilbao), 29-VIII-1975, en AGP, serie A.5, 231-1-1.

[43] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 26, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[44] “Preces de la Obra”: oraciones provenientes de textos de la Sagrada Escritura y de la Liturgia de la Iglesia que los fieles del Opus Dei rezan diariamente.

[45] Anotaciones del 25 de junio de 1944, p. 9, en AGP, serie A.1, 14-1-13. Algunos jóvenes de la Obra y amigos realizaban en ese momento el servicio militar.

[46] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 27, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[47] Idem, p. 30.

[48] Anotación de José Luis Múzquiz sobre la ordenación sacerdotal, (sin fecha), p. 1, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[49] José Carlos Martín de la Hoz, Roturando los caminos. Perfil biográfico de D. José María Hernández Garnica, Palabra, Madrid 2012, p. 84.

[50] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, pp. 31-32, en AGP, serie A.1, 14-1-13.

[51] Idem, p. 33.

[52] Anotación de José Luis Múzquiz sobre la ordenación sacerdotal, s/f, p. 4, en AGP, serie A.1, 14-1-13. “Zona roja”: uno de los nombres que se empleaban para denominar la zona republicana o gubernamental en que quedó divida España durante la Guerra Civil de 1936 a 1939.

[53] Recuerdo de José Luis Múzquiz de Miguel, Derio (Bilbao), 29-VIII-1975, en AGP, serie A.5, 231-1-1.

[54] Las reseñas y menciones acerca de la ordenación de los tres primeros sacerdotes fueron numerosas. Cfr., entre otros, Ecclesia. Órgano de la dirección central de la Acción Católica Española IV/157 (15-VII-1944) 670; y Boletín Oficial del Obispado de Madrid-Alcalá 1784 (1-VII-1944) 320.

[55] Anotaciones en torno a los días de la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, 23 de mayo a 28 de julio de 1944, p. 34, en AGP, serie A.1, 14-1-13.