Cómo afrontar los enfados y los malos ratos
Enfermedad, dificultades, enfados pasajeros o preocupaciones duraderas... Los malos ratos son una experiencia común, ¿se pueden santificar?, ¿son ocasión u obstáculo en la vida de un cristiano?
Diez años con una llaga
Me gustaría expresarme muy bien para que mi agradecimiento a Montse Grases fuera un pequeño apoyo a la causa de su beatificación.
Llevar a Jesucristo a todos los ambientes
Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama.
Publicado el primer documental sobre Álvaro del Portillo
“Saxum. Recuerdos de Monseñor Álvaro del Portillo” es el título del primer documental biográfico sobre el colaborador más estrecho de san Josemaría y su primer sucesor al frente del Opus Dei.
El Bautismo y la Confesión
En este breve vídeo don Álvaro explica que, en el sacramento del Bautismo y en el de la Confesión, Dios limpia nuestras almas (1'11'').
Fidelidad al sacerdocio
¿Cómo ser fieles a la vocación sacerdotal?, preguntó un sacerdote a san Josemaría. La devoción a la Virgen es un camino seguro.
Encuentro de san Josemaría con sacerdotes
En las reuniones con sacerdotes, el fundador del Opus Dei volcaba en ellos su corazón. Les hablaba de la necesidad de sacerdotes santos, de la vida sacramental, de la situación de la Iglesia...
La ordenación sacerdotal de San Josemaría
El 28 de marzo de 1925 a los 23 años de edad, san Josemaría Escrivá fue ordenado sacerdote en la Iglesia de San Carlos en Zaragoza. Ofreció su primera Misa por el alma de su padre, fallecido 4 meses antes.
Primeros años de sacerdote
Tras su ordenación, san Josemaría desarrolló diversas tareas. En 1928 vería el Opus Dei, y dedicaría su vida a seguir esa específica voluntad del Señor.
Dejarlo todo por Dios
"Relictis omnibus". Dejándolo todo: el desprendimiento y la confianza en la voluntad de Dios son necesarios para seguir sus pasos, como señala san Josemaría.









