Maquillaje para el alma

El Centro de Capacitación Surí, parte del Proyecto Educativo Surí, ubicado en Pavas, al oeste de nuestra capital, San José, nació como una iniciativa que hunde sus raíces en las enseñanzas de San Josemaría Escrivá.

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Opus Dei - Maquillaje para el alma

El Centro de Capacitación Surí, parte del Proyecto Educativo Surí, ubicado en Pavas, al oeste de nuestra capital, San José, nació como una iniciativa que hunde sus raíces en las enseñanzas de San Josemaría Escrivá. El Centro, a través de sus programas, busca mejorar la condición moral, humana y espiritual de las mujeres de esa comunidad y sus alrededores, en diferentes áreas como la gastronomía, belleza, costura, servicios domésticos, computación, inglés, entre otras.

Dentro del área de belleza, se brindó un Curso de Maquillaje en el cual las alumnas, tuvieron que practicar el maquillaje para personas de piel madura (adultas mayores) y para ello debían llevar a la institución modelos de esas edades. Esta tarea les resultaba difícil, sobre todo porque debían trasladarlas al Centro y por su edad, muchas de ellas requerían asistencia de terceras personas.

Un día conversando en clase sobre esta dificultad, una alumna propuso que en lugar de traer a las señoras mayores para modelos, se movilizaran ellas a un centro de atención diurna para ancianas. A todas les pareció muy buena idea y la profesora Gabriela A. se puso a buscar de inmediato contactos, y logró que dos centros de atención para ancianas de la zona aprobaran la propuesta.

El 24 de abril las alumnas del Centro y Gabriela se pusieron “manos a la obra”, todas estaban ilusionadas con la actividad. Fue una experiencia muy enriquecedora, y superaron las expectativas de unas y otras. En uno de los centros aprovecharon también para maquillar además a las cuidadoras: fue conmovedor porque ellas generalmente no reciben este tipo de atención en su quehacer diario y estaban agradecidas.

Hubo bonitas anécdotas. Una de las señoras se mostraba muy interesada en lo que hacían las estudiantes y hacía preguntas sobre la técnica, los productos, colores y el brillo. Cuando su maquillaje había concluido, ella le contó a la alumna que, en su juventud, ella también había sido maquillista profesional y le dijo que estaba muy impresionada por lo bien preparada que estaba.

Otra señora, cubana de origen, estaba un poco malhumorada al inicio, ella no quería maquillarse; pero, con cariño, la fueron convenciendo hasta que accedió. Cuando terminaron su maquillaje, estaba tan feliz, que ella misma comenzó a animar a las demás haciéndoles saber que se veían lindas y que parecían otras personas. Al final exclamó: “Qué bien se siente, todas bellas…”

Al final de la actividad, todas comentaban que más que “maquillaje del rostro”, habían tenido un “maquillaje del alma”, porque el mayor beneficio para las adultas mayores había sido la atención personalizada, el cariño recibido, el haber sido escuchadas, el compartir esos momentos con sus propias compañeras y con las alumnas y profesora del Centro. Las alumnas, por su parte, se llenaron de alegría al ver cómo sirvieron a las demás a través de su trabajo y descubrieron que eso llena de gratitud el alma.