Mensaje del Vicario Regional, Monseñor Hernán Salcedo, con motivo del COVID-19 en Colombia

¡Descubramos la belleza de estos momentos! La belleza del amor que nos abre el camino del reencuentro al final de la emergencia y siempre: reencuentro con los abuelos, los padres, la esposa, los hijos, los amigos…

La belleza nace de la fragilidad

Pensando en mi oración en lo que el Señor quizás nos quiere transmitir en estos momentos, me han venido estas luces.

La belleza nace de la fragilidad. Es el misterio escondido en la semilla. Un misterio de amor que resplandece cuando Cristo la aprieta en sus manos llagadas, la empapa con su sangre redentora y la lanza a voleo. Esa semilla es cada uno de nosotros, si aceptamos vivir nuestra vida tal y como Dios nos la da, con sus contrastes de luces y de sombras (Cf. Es Cristo que pasa, 157).

¡Descubramos la belleza de estos momentos! La belleza de cuidar de nuestra casa común. La belleza de las cosas pequeñas. La belleza de la convivencia de unos con otros, en la propia familia, con los vecinos, con los amigos, con los colombianos y con las gentes de todos los países. La belleza de ser solidarios y guardarnos unos a otros. La belleza de la obediencia a las autoridades. La belleza del agradecimiento a los médicos y a todas las personas que arriesgan su vida por nosotros.

¡Descubramos la belleza de estos momentos! La belleza de sabernos criaturas frágiles, en las manos de Dios-Padre. La belleza de la insuficiencia de nuestros conocimientos. La belleza de nuestras escazas fuerzas. Y, a la vez, la belleza del trabajo en equipo, que encuentra caminos para ir adelante. La belleza de la luz de la fe, que da respuesta a nuestros más hondos anhelos. La belleza de esperarlo todo de Jesús, que se lucirá si nos abandonamos en él (Cf Camino 731).

¡Descubramos la belleza de estos momentos! La belleza del amor que nos abre el camino del reencuentro al final de la emergencia y siempre: reencuentro con los abuelos, los padres, la esposa, los hijos, los amigos… reencuentro con uno mismo, reencuentro con Dios, si nos damos generosamente. La belleza del sembrador que prepara la tierra, echa la semilla con maestría y la cuida con esmero. Primero se levanta el tallo y surge la espiga. De la espiga el pan, que será convertido en cuerpo de Cristo. De esa forma nos volvemos a reunir en Jesús que es nuestro sembrador. (Cf. Es Cristo que pasa, 157). No olvidemos que la Eucaristía fue instituida durante la noche, preparando de antemano la mañana de la Resurrección. (Es Cristo que pasa, 155).

Vivamos estos momentos con la agudeza del amor, entrando en la profundidad de nuestros corazones para encontrar riquezas insospechadas, las que Dios espera hacer brillar si somos fieles a la misión que nos ha encomendado.

Acudamos a nuestro Padre, y a todos nuestros hermanos y hermanas que cuidan, junto con la Virgen y San José, de nuestra fragilidad. Con su ayuda conseguiremos descubrir la belleza oculta de estos momentos y la belleza de aquellos que el Señor llame a su presencia en estos días.