Mi trabajo en China: ocasión de amistad y apostolado

Mariely Toro es chilena y ha vivido desde los 28 años en el extranjero. Es la tercera protagonista de la serie 9 historias en el aniversario de los 90 años de las mujeres en el Opus Dei. Su trabajo como profesora de Literatura y Lengua inglesa la ha llevado a Londres, Bangkok y Shanghai, donde reside actualmente. Cultivar la amistad en sociedades tan diversas le ha permitido aprender de sus amigas y, a la vez, comunicarles la alegría de ser cristiana.

Mariely Toro trabaja en un colegio en Shanghai, pero por ahora no puede regresar a China porque sus fronteras están cerradas para algunos países. Hace unos meses vino a Chile a ver a su familia y debido a la pandemia ha tenido que quedarse en el país, haciendo clases on line. Espera poder regresar pronto a Shanghai, pues allá ya empezaron las clases presenciales y teme que podría perder su trabajo. En esta entrevista cuenta de su vida en China, donde dice que le “encanta la idea de agregar mi granito de arena” en la evangelización de esas tierras de oriente por las que tanto rezó san Josemaría.

Mariely con unas amigas en Tailandia

"Tras varios años como supernumeraria me fui dando cuenta que Dios me quería en el Opus Dei como agregada. Fue un proceso vocacional muy enriquecedor y del cual estoy muy agradecida”

Mariely conoció el Opus Dei a los 26 años mientras estudiaba su último año de Licenciatura en Letras en la Universidad Católica de Chile. Fue un “encuentro inesperado” según sus propias palabras. Una amiga le habló de unos trabajos de verano a los que asistiría y le pidió ayuda para preparar los materiales que quería llevar; luego fue con ella a conocer un centro del Opus Dei y comenzó a recibir formación y a prepararse para la Confirmación. Hasta entonces iba algunas veces a misa y le interesaban los cursos de teología de la universidad, pero no sabía que podría continuar formándose. “Nunca había oído del Opus Dei, pero lo conocí y a los seis meses de confirmarme (27) pedí la admisión como supernumeraria. Al poco tiempo me fui a estudiar un Master a Londres. Tras varios años como supernumeraria me fui dando cuenta que Dios me quería en el Opus Dei como agregada. La pregunta que me hice fue: ¿quién es el ser a quien más vale la pena entregarle la vida? Para mí, sólo había una respuesta verdadera. Fue un proceso vocacional muy enriquecedor y del cual estoy muy agradecida”.

¿Qué piensa tu familia de tu vocación y tus andanzas por el mundo?

Mis padres siempre me han dado libertad para hacer cosas y tomar mis decisiones. Aunque no son de la Obra le han tomado cariño y mi papá, refiriéndose a la Obra, dice que es un tesoro que yo tenga una familia de gente muy buena en Chile, Inglaterra y China. A los dos les encanta que tenga buenas amigas en tantos países; ellos las conocen y me preguntan siempre por cada una.

Mariely y sus compañeras de trabajo en un colegio de Tailandia.

¿Escogiste ir a trabajar a China por motivos apostólicos?

No, yo no tenía como pre-pensado ir a China, ni tampoco a Tailandia. Las cosas se dieron, y me lancé porque sabía que podría tener contacto con la Obra en Hong Kong y en Macao. Sí me emocionaba el panorama apostólico, la historia de la evangelización de oriente y lo que había dicho el Papa Francisco en su homilía en Bangkok. Yo tenía la experiencia de amistad con varias mujeres de China y otros países asiáticos: amigas que conocí en Londres, que después volvieron a sus países y con quienes pude reconectar luego en Tailandia. Eso me dio ánimo y confianza. También me animaba todo lo que había rezado san Josemaría por Oriente: sentía que ya había un gran trabajo hecho, el más importante, y me encantaba la idea de agregar mi granito de arena a algo que ya estaba empezado.

Si no fuera por todo lo que ya estaba hecho, creo que me lo habría pensado mucho más y probablemente habría seguido buscando trabajo en otro país, pues las misas y acceso a centros del Opus Dei en China es difícil.

Por tu trabajo te ha tocado vivir en varias ciudades y en culturas diferentes: ¿Es posible cultivar amistades duraderas?

El apostolado de la Obra es tan realizable en cualquier lugar del mundo, porque se hace con la materia normal de la vida común y corriente: con la amistad y el trabajo profesional de cada día.

En los últimos 3 años he vivido en Asia. Primero en Bangkok, Tailandia y ahora en Shanghai, China. Trabajar en un colegio internacional permite formar amistades duraderas ya que aunque cambie de trabajo, es posible mantenerse en contacto con las colegas amigas y con las mamás de niños a los que enseñé anteriormente.

El apostolado de la Obra es tan realizable en cualquier lugar del mundo, porque se hace con la materia normal de la vida común y corriente: con la amistad y el trabajo profesional de cada día.

Actualmente vives en China. ¿Cómo te has adaptado a costumbres tan diferentes a la nuestra?

Me atraía la historia de China, de su evangelización y su tierra llena de mártires. Sin embargo, no tenía idea de lo que me esperaba culturalmente: en China todo es diferente. Una amiga me advirtió de la necesidad de bajar una aplicación que permite acceder a WhatsApp, Google, Gmail, YouTube, etc.; sin eso, se está totalmente desconectado del resto del mundo. En Shanghai muy poca gente habla inglés y todo se hace y se controla a través de la tecnología. Por ejemplo, un taxi no te para si no haces la reserva y le pagas el trayecto mediante la aplicación.

Como todo es tan distinto, abundan detalles de la vida ordinaria para ofrecer por las muchas vocaciones que se necesitan. Las grandes o pequeñas dificultades son materia de ofrecimiento a Dios, quien cuenta con esas contrariedades para que se realice su obra en el lejano oriente.

Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, señala en su Carta sobre la Amistad que estar cerca de Dios permite tener buenas relaciones de amistad. ¿Cómo vives en tu día a día esta enseñanza?

En China puede tomar quizás más tiempo ganarse la confianza de alguien, pero si pones oración, tiempo y cariño siempre se puede llegar a más altos grados de amistad. Porque está latente el deseo de sentirse querido incondicionalmente, entendido, en sintonía con un buen amigo. No poder hablar con la gente china al salir de la misa, por ejemplo, no es un problema ya que se puede sonreír y saludar con un gesto. Rezar y recibir la Eucaristía ya es apostolado: de ahí viene la fuerza, la fe, la esperanza y la caridad para ir sembrando.

La formación en la Obra es un tesoro con mayúscula que jamás se termina de agradecer. El apoyo, cariño humano y sobrenatural es algo de lo que quizá no nos alcanzamos a dar cuenta suficientemente.

La amistad también se afianza en el trabajo, al ayudar y acompañar a colegas en la preparación de sus tareas. Vivo en un piso espacioso al que invito a amigas de Shanghai a cantar, bailar y ver películas y también a clases de formación espiritual; a cenar, celebrar cumpleaños o a tener un "high tea" juntas. Allí también recibo a amigas de Singapur, Tailanda y Hong Kong que van de visita.

Trabajar en un colegio internacional ofrece un campo inmenso para cultivar amistades, con su variedad cultural y las múltiples aficiones que brindan instancias para compartir, conversar y conocerse más. Para mí la amistad y el espontáneo acompañamiento al que conlleva es un bello apostolado.

Mariely con una anciana en una visita educativa a la zona rural de Shangai.

También tienes amigas entre quienes van a medios de formación del Opus Dei en Shanghai.

Es emocionante ver cómo la gente joven recién convertida, bautizada o confirmada está ávida de formación. Dar círculos y clases es estimulante porque en las mujeres jóvenes y no tan jóvenes se palpa su inquietud ante la llamada a la santidad personal en la vida ordinaria. Se percibe el hambre de doctrina y de filosofía y se siente su deseo de poder explicar a otros lo que ellas creen y van conociendo. Los círculos o clases terminan siendo más largos de lo normal, y se vive claramente lo que san Josemaría decía de la Obra, que “es una gran catequesis”.

La pandemia ha cambiado la forma de relacionarse con las amigas. ¿Cómo estás viviendo esta época?

Tengo la suerte de haber podido venir a Chile a ver a mi familia, pero no podré volver hasta que no abran las fronteras en China. Sin embargo, la relación con mis amigas se ha intensificado aún más gracias a los mensajes y llamadas. Estamos más cerca que nunca y eso se lo puedo agradecer a la crisis que estamos viviendo.

Algo que nunca imaginé cuando pedí la admisión a la Obra, es que siendo profesora de Literatura y Lengua Inglesa -actividad mas bien tradicional- podría, por motivos de estudio y de trabajo, conocer diferentes culturas, lugares y a tanta gente de quien he aprendido mucho.

El último tiempo estuvimos muy conectadas a través de la música. La gente en oriente admira la música coral, los famosos oratorios y la música orquestal. Participé en el Concierto de Navidad del colegio en el que trabajo y pude darme cuenta de que Dios está atrayendo a sí a las almas del lejano oriente y conquistando su intelecto y corazones a través de la música y su bello rol en la liturgia de la Iglesia. Han surgido coros y orquestas virtuales que mantienen unida a la gente en un afán artístico, lo que brinda nuevas oportunidades para cultivar la amistad.

Por último, el confinamiento es una circunstancia que podemos aprovechar para escuchar, conocer, acompañar y ayudar a las amigas en la medida de lo posible. Todo esto hace que la amistad crezca con naturalidad, se haga más sólida y verdadera.