Evangelio del miércoles: la necesidad de la fe en Dios

Comentario del miércoles de la 4° semana de Pascua. “El que me ve a mí, ve al que me ha enviado”. Jesús es el rostro del Padre. Quien conoce a Jesús conoce al Padre. Jesús nos revela a Dios como un Padre misericordioso que espera nuestra correspondencia y se adelanta con su gracia para que seamos capaces de corresponder.

Opus Dei - Evangelio del miércoles: la necesidad de la fe en Dios

Evangelio (Jn 12, 44-50)

Jesús clamó y dijo: —El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquél que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por mí mismo, sino que el Padre que me envió, Él me ha ordenado lo que tengo que decir y hablar. Y sé que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo.


Comentario

“El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquél que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado”. Estas palabras de Jesús son un resumen de muchas de sus enseñanzas a lo largo de toda su vida pública.

Jesús manifiesta la necesidad de la fe en Él para recibir la vida nueva que nos ha traído. Creer en Él es creer en quien le ha enviado, en el Padre. Muchas veces reprocha a sus discípulos por la falta de fe, como a Pedro cuando le dice en medio del lago: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?” (Mt 14, 31). Otras veces alaba a quienes se encuentran con Él por su fe, como a la mujer sirofenicia a quien le dice: “¡Mujer, qué grande es tu fe!” (Mt 15, 28). Otros le piden, cuando se encuentran con Él, que les aumente la fe como los Apóstoles: “le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe” (Lc 17. 31).

Creer en Jesús es creer en el Padre. Y vivir en la luz de Dios: “Yo soy la luz que ha venido al mundo”. Vivir en esta luz es vivir lejos de las tinieblas. Es vivir en el pleno sentido de la existencia y encontrar lo que verdaderamente anhela la persona: una existencia anclada en el Amor. En el Amor de verdad que es el Amor de Dios por cada uno de nosotros. La luz para encontrar ese Amor auténtico es Jesús.

Jesús ofrece a todos este Amor auténtico que cada uno puede encontrar en lo más profundo de su ser y que estamos llamados a descubrir. En esta búsqueda tiene lugar la sinceridad de nuestra vida y seremos juzgados por ello. Por cómo nos hayamos abierto al Amor o por cómo nos hayamos resistido al Amor que nos busca constantemente.

Y, una vez más, Jesús remite a la vida eterna: “y sé que su mandato es vida eterna”. Esta vida eterna es la que ha traído nuestro Señor Jesucristo con su muerte y su resurrección y es la que vamos buscando cuando nos abrimos al Amor.

Estos días de Pascua son un tiempo maravilloso para ver la vida con perspectiva de eternidad. Desligarnos de los lazos caducos de tiempo y de espacio y pensar en lo que nos espera si vivimos fieles a Jesucristo, fieles al Amor de Dios que se nos da en Jesucristo. En definitiva, luchando por vivir como Cristo que vive identificado con la voluntad de su Padre. Así, con su ejemplo, nos enseña a vivir en sintonía con el Padre.