Rosi Escobar: alegría, amistad y buen humor

Fue la primera mujer colombiana del Opus Dei. Mujer culta, de muy buen humor, serena, de trato sencillo y un grandísimo sentido de la amistad, que le valió para acercar a Dios a un incontable número de personas de toda edad y condición

En Colombia
Opus Dei - Rosi Escobar: alegría, amistad y buen humor Rosi, con varias niñas del Club juvenil promovido desde Arrecife

Por: Aurora Pachano.

Rosi Escobar Henríquez, falleció en Barranquilla el pasado 6 de Mayo. Nacida en Santa Marta en 1935, fue la primera mujer colombiana del Opus Dei. Conoció la Obra en 1955 en Roma, ciudad en la que vivía, siendo su padre embajador de Colombia ante el Gobierno italiano. El 20 de septiembre de ese año pidió la Admisión como Numeraria, mientras participaba en un curso de verano en Irlanda.

En 1957, ya de regreso en Colombia, colaboró en los comienzos de la residencia universitaria Citará, primer centro de mujeres en Medellín. Después de un periodo de formación en Roma, donde conoció personalmente a San Josemaría, fortaleció su amor a Jesucristo y a la Iglesia, se trasladó a vivir en Inglaterra, donde permaneció durante 16 años colaborando en el desarrollo apostólico del Opus Dei en ese país.

El 1976 regresó definitivamente a Colombia, donde se desempeñó profesionalmente en varias ciudades como Secretaria bilingüe, de una compañía cafetera; y como Profesora de inglés, en varias instituciones educativas. En Enero de 1982, con otras dos mujeres, se fue a vivir a Barranquilla para comenzar la labor estable de la Obra en esta ciudad, desde el centro cultural Arrecife.

Mujer culta, de muy buen humor, serena, de trato sencillo y un grandísimo sentido de la amistad, que le valió para acercar a Dios a un incontable número de personas de toda edad y condición. Muchas de ellas descubrieron, con su ejemplo y oración, la vocación a la Obra.

En 2002, tras superar, con ayuda médica y la intercesión de San Josemaría, una grave enfermedad, Dios le concedió aún un largo periodo de vida, en el que no se doblegó su ánimo, ni su celo apostólico. A pesar de que su estado físico quedó disminuido y poco a poco su corazón se fue apagando, permaneció con espíritu joven y buen ánimo, hasta el 6 de mayo cuando falleció serenamente en Barranquilla, rodeada de la oración y el agradecimiento de tantísimas personas a quienes conquistó con su amor a Dios.